Moda,  Turismo

Carlos Casares, La moda sale a la calle – 1ra. Entrega

28815068 28815074[1] 28815077

Una rotonda de entrada a Carlos Casares en proceso de ser aggiornada  preanuncia un camino por transitar colmado de sorpresas. Concesionarias de autos, casas nuevas, un hotel, cabañas para alquilar, me dieron tímidamente la bienvenida en este primer trayecto. Dentro mío, cierta ansiedad quería apurar la llegada para poder reencontrarme con la tan recordada plaza. En el trayecto, María José Franco –integrante de la comisión organizadora de la Fiesta del Girasol- no para con los wats preguntándome si estoy viajando bien, cómo me siento, si llegué. Al contestar en forma afirmativa pide que me lleve José –quien me vino a buscar a Buenos Aires- al hotel Carlos Casares. De inmediato cruzamos miradas cómplices preguntándonos: ¿lo habrán reciclado?…

Esquina de Monseñor D’Andrea… y la plaza está allí. Serena, segura, como si el tiempo no hubiera pasado, invitando a disfrutarla, mostrando orgullosa una pincelada de juventud en sus nuevos juegos infantiles. La iglesia, sólida, fuerte, convocando a entrar para renovar los principios espirituales que se fundaron en este pueblo: solidaridad, humildad, esfuerzo, amor por lo que se hace, compartir lo que se tiene… En frente, la mirada fuerte del edificio de La Municipalidad parece cuidar a los casarenses.

Majo y Vero Laffont en la puerta del Hotel me dan la bienvenida. Primer asombro –y no los cuento más porque fueron innumerables y no quiero cansar- ya que sentí que estaba siendo recibida por dos amigas de toda la vida. “Hola Marce, ¿viajaste bien?”, “Dejá Marce que yo llevo los bolsos”, “No cargues nada”, “Andá subiendo que te dan las llaves de la habitación”, “¿Estás cansada?”.

Un conserje me da la bienvenida. El lobby sigue siendo el mismo pero llama mi atención el restaurante, a un costado, muy bien ambientado con la calidez de un living en un rincón.  Subimos todos al primer piso, la habitación 108 hasta el momento era una incógnita por develar. Un largo pasillo no muy iluminado nos recibió y empezamos a recorrerlo hasta el final donde se vislumbraron los tres números que serán “mi hogar” durante 3 días. Afuera un calor importante me recibió pero había dejado en la Capital otra ola cargada de humedad.

La llave gira y se devela el misterio: un pasillo pequeño se abre a un ambiente sùper moderno, con todo el confort me aseguran una estadía que dará que hablar.

“Descansá, ¿te pasamos a buscar a las 21.30 hs? Tenemos la comida de bienvenida que te dá la comisión. ¿Estás bien, pedite lo que quieras a la confitería? Te pasamos a buscar con mamá”, me dice Majo. Otro Watts suena en mi telefonito. Esta vez es Marcela Bidini quien me dice “Marce aquí estoy, contá conmigo para lo que necesites”. A 320 km de mi casa y muchos años sin venir a Casares, las sensaciones se acrecentaban.

A la hora pactada pasó Majo junto con su madre, Alicia Santos. A partir de ese momento, una amiga nueva entraba en mi vida, compartiría momentos de inmensa emoción y me acompañaría en forma incondicional.

La comida estuvo signada por la calidez, la simpatía y una deliciosa pamplona preparada por Pajarito. Siempre pensé que un plato de comida era algo más que eso, era la forma de trasmitir lo vital y lo cotidiano, nuestras emociones y sentimientos. Bocados para ser compartidos con la familia y los amigos que hablen de nosotros. Con los días me demostraría el afecto sincero que siente tanto por Casares como su gente. ¿Cómo lo haría? Por la preocupación, tiempo, trabajo y disposición que demostró.

De vuelta al hotel. El sueño vence. Pronto llega el amanecer…

Marcela Fittipaldi

Periodista.Editora marcelafittipaldi.com.ar. Ex-editora Revista Claudia, Revista Telva España, Diario La Nación, Diario Perfil y revistas femeninas de la editorial

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.