Moda,  Turismo

Carlos Casares, La moda sale a la calle – 2da. Entrega

Previa desfile Carlos Casares
Marcela Castro, Marcela Fittipaldi, Alicia Santos y Vero Laffont

Sábado 25  de octubre, 8 AM, suena el teléfono de la habitación –pedí que me despertaran-.Bajo a desayunar. Este momento del día es fundamental, me gusta darle su tiempo. A través de la ventana se percibe el despertar de un pueblo. Autos que van y vienen pero siempre paran frente a la panadería.

Trato de organizar mentalmente una agenda: hacer prueba de vestidos que Jorge de la Cruz me prestó –amistad que lleva varias décadas con este diseñador de la Alta Costura argentina- para hacer varias pasadas, prueba de proyector en La Muni  -por la forma de expresarme ya me siento “en casa”- debido a que daré una charla “dime cómo te vistes y te diré quién eres”… De pronto: “Marce, ¿ya tomaste el desayuno?” Alicia Santos no se perdonaba que lo hubiera hecho sola. A partir de ese momento un torbellino de sensaciones y sentimientos comenzaban a cobrar vida.

El pen drive hizo perfecta alianza con la notebook y ésta, a su vez, con el proyector. Estaba asegurada la proyección del power point y, con ella, la llave que abriría la puerta de mi tranquilidad hasta las 19 horas: mi encuentro con las mujeres casarenses.

“Te quiero llevar a un lugar que nos están esperando”. Hablar con Alicia se volvía cada vez más agradable. Parece que hubiésemos crecido juntas. Llegamos al museo de Casares donde una chica joven, muy linda, nos da la bienvenida. Comienza el recorrido: vestidos de época, botas, botellas, latas de galletitas, utensilios, elementos de la primera imprenta del pueblo… “Dónde están los instrumentos del abuelo de Marcela?”. Pasamos a una sala contigua y ahí estaban, quietos, orgullosos, como esperándome: un trombón, una trompa, una tuba, un birrete, fotos y carteles que acreditaban que son los instrumentos–de origen Italia y Austria- de la banda de Carlos Casares cuyo director era Cayetano Daniel Fittipaldi.  Dos fotos muestran a mi abuelo orgulloso rodeado de los integrantes de la misma. La voz de quien nos recibió me rescata del torbellino de sensaciones que me producen: “¿Su abuelo era  el director no?, mi papá me dijo que mi abuelo tocaba en el grupo”. Le respondí: entonces démonos un beso porque somos familia. Me pide que deje en el libro de visitas mi firma. Lo hago tratando de escribir alguna frase que demuestre lo conmovida que estoy. Pero, una vez más, tomo conciencia que las palabras saben a pocas cuando de expresar lo que se siente se trata.

De allí el auto nos llevó a dos destinos que sellaron el sentido de pertenencia de la familia Fittipaldi con Carlos Casares: la casa de mis abuelos cuando recién se casaron y la que nació papá. Siempre la recordaba ya que siendo muy chico se escapaba de madrugada para ver el amanecer en el campo. Casualidad o no, Marcela Bidini y su marido la conocieron muy bien ya que había un jardín de infantes al  que asistieron. Los recuerdos más lindos de la infancia de la familia se acunaron allí y después, otros chicos, sin saberlo, crearon en su imaginación los sueños más increíbles que los acompañarán por siempre. Hoy la fachada se mantiene con solidez, con la fortaleza de los afectos, pero ya no hay techo ni paredes. Sí, una frondosa vegetación que crece como nueva esperanza.

Hora del almuerzo y charla con mi amiga Alicia. Risas, anécdotas del pueblo que se entrecruzan con nuestras propias historias.

Próximo destino por conocer: la Muni por dentro. Allí la comisión continúa trabajando –lo viene haciendo desde la mañana: contando sillas, preparando el salón para mi charla, banners que van y vienen…-. Majo, Vero, Marcela Castro a quien coroné la reina del Girasol –linda por fuera y por dentro-, Kari –quien se convertiría en mi asistente incondicional- y Noee –silenciosa, trabajadora, siempre presente- van y vienen como un ballet clásico perfectamente sincronizado. Comienzo la visita que termina con mi salida al ansiado balcón. Desde allí se divisa parte del pueblo mientras que la mirada se pierde en un cielo infinito. Abajo, en la calle, un saludo familiar: “Hola chicas!”. Era Walter “Pajarito”. Le respondo: Chicas no, somos las reinas de Carlos Casares y aquí está la reina del Girasol. Desenfunda su telefonito y comienza una graciosa sesión de fotos con las reinas en el balcón. Momento de complicidad entre amigos.

A continuar el paseo. Alicia estaba empeñada en mostrarme la sinagoga que estaba cerrada. Pasamos por el cuartel de bomberos y nos invitaron a recorrerlo. Un integrante orgulloso  hace las veces de guía contándome todo sobre las instalaciones, el vestuario, las unidades. Una vez más la vida me demuestra lo bueno de querer lo que uno hace. Este señor se sentía honrado de pertenecer a la institución y se notaba. Cuarta pasada por la puerta del templo, rejas abiertas!!!! Mi abuelo tocaba tanto en la Iglesia como aquí por lo que era muy querido por la colectividad mientras que papá hacía amigos aprendiendo ídish. Una vez más la emoción se hace presente.

Próximo destino el hotel, a cambiarme, a dar la charla. Vestida para la ocasión voy recibiendo a las mujeres casarenses. Me reencuentro con Ana Laffont, alguien que me impactó la noche de mi llegada, en la comida de bienvenida. Una imagen fuerte, arrolladora, pero en el fondo una tierna que solo quiere ver al otro feliz. Me da la bienvenida y doy comienzo a la charla. Me llama la atención dos chicos que se suman a último momento. Escuchan en silencio.  Fin de la charla, fotos, fotos, besos, más fotos. Salimos del salón con Marcela Bidini, me acompaña al hotel a dejar algunas cosas y vamos caminando hacia su casa. En el trayecto, volvemos a pasar por la puerta de la Muni, aquellos dos chicos están sentados en las escalinatas, a medida que me voy acercando a ellos escucho: “ahí viene la doña”. Cuando paso frente a ellos el otro me dice “Señora, felicitaciones por su discurso”. Palabras que me generan ternura, toma de conciencia de lo que uno puede generar en el otro sin pensarlo, profunda emoción.

Seguimos camino con mi amiga hacia su casa. La noche está muy agradable. Parece preanunciar un domingo con buen tiempo.

Mañana es el gran día…

Marcela Fittipaldi

Periodista.Editora marcelafittipaldi.com.ar. Ex-editora Revista Claudia, Revista Telva España, Diario La Nación, Diario Perfil y revistas femeninas de la editorial

Un comentario

  • Daniel Atilio Fittipaldi

    Hola Marcela. Acabo de leer tu nota. Por lo que puedo apreciar, debemos ser parientes ya que mi abuelo (Cayetano Daniel, trompetista y uno de los autores del himno a Villegas y papa de Daniel Orlando, pianista y locutor y mi papa), es de quien estas hablando. Ahora si también fue tu abuelo, por lo menos debemos ser primos o algo así. Me gustaría que te pongas en contacto conmigo. Saludos.

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