Turismo

El más exquisito club de golf inglés

Histórico. Fachada posterior de la casa club. 
Wentworth no tiene precio. Sin embargo, es posible que su actual dueño, el millonario Richard Caring, lo haya fijado: se dice que 144 millones de libras (unos 174 millones de euros).
Cuando, en 2005, el magnate inglés Richard Caring compró por 130 millones de libras (157 millones de euros) el opulento club de golf de Wentworth, en Surrey, a una hora en coche de Londres, le solían preguntar si lo iba a convertir en un casino. «O en un circuito, o en un complejo residencial», recordaba el multimillonario propietario de algunos de los mejores restaurantes de la capital británica en una entrevista en Vanity Fair en 2008. «Y yo siempre contestaba lo mismo: ‘Aunque hay que ponerlo al día, lo único que quiero es mantener la imagen y el carácter del lugar'». Ya lo había sentenciado en alguna ocasión antes: «Wentworth no tiene precio, solo hay uno en el mundo; es al golf lo que Wimbledon al tenis o el Manchester United al fútbol, la joya de la corona».
Wentworth no tiene precio. Y sin embargo, es posible que el empresario haya dedicado los últimos meses a ponerle uno. Según los medios británicos, ha recibido ofertas por el legendario club y le tienta la venta. El Daily Telegraph llegó a dar una cifra: 144 millones de libras (unos 174 millones de euros).
Entusiasta jugador de golf, Caring, de 65 años, reconocible por su mata de cabello bamboleante, comenzó vendiendo ropa made in Hong Kong en Carnaby Street y en cadenas de tiendas de Reino Unido. De la moda pasó a restaurantes y clubes de alto copete. The Ivy, Le Caprice y Scott’s, los tres nombres más selectos de la gastronomía de Londres, le pertenecen, así como el club Annabel. Del Soho House, un club para gente del cine, la comunicación y las artes, está haciendo una marca que expande por todo el mundo.
Con él llegaron a Wentworth la buena cocina y el catering de lujo, que trasladó desde sus restaurantes. El histórico edificio, que fue residencia del célebre general carlista Ramón Cabrera y escenario en el que se tramó su aceptación de la subida al trono de Alfonso XII, dispone hoy de seis salones. Desde el Ballroom, con un techo de casi 10 metros de alto cubierto de madera oscura, paredes repletas de pinturas y capacidad para 270 comensales, muy apreciado para celebrar bodas, al más íntimo Ryder Cup, predilecto de los golfistas. También tiene una docena de habitaciones cuyos precios por noche oscilan entre los 150 euros y los 480 de la Garden Suite, con pétalos de rosa flotando en la espuma de la bañera.
Los miembros del club son de dos tipos: los de golf y los de tenis y fitness, con tarifas similares que rondan los 18.000 euros de admisión y una cuota anual de 9.600 euros. Ello permite utilizar los campos de golf o la docena de pistas de tenis, el gimnasio, la escuela de danza, el spa, las piscinas interior y exterior, el jacuzzi, la sauna o el servicio de guardería y acceder a los salones de ocio, en los que se obliga a silenciar los teléfonos móviles y se prohíbe estar con deportivas, camiseta o chándal.
Pero, por encima de lujos y atenciones, Wentworth es golf. En el club tiene su sede el PGA European Tour, la organización que engloba los tres circuitos profesionales de Europa, y sus más de 200 hectáreas abarcan tres campos de 18 hoyos (Este, Oeste y Edimburgo) y uno de nueve. En sus inmaculados pastizales se celebran torneos profesionales de la mayor reputación o una tarde de golf entre amigos. «Quien ha jugado alguna vez en Wentworth aprecia la calidad de sus campos», ha dicho sobre su césped Felipe de Edimburgo, marido de la reina Isabel II.
Exclusivo. El club Wentworth cuenta con piscina cubierta, además de exterior.

Exclusivo. El club Wentworth cuenta con piscina cubierta, además de exterior.
Severiano Ballesteros ligó su leyenda a estos campos. «Wentworth es una de las razones de mi éxito en Gran Bretaña», afirmaba en Wentworth A Host Of Happy Memories (Wentworth. Un puñado de recuerdos felices), un libro que recoge la historia del club. «La gente me apoya incluso cuando juego contra un jugador británico, y eso me hace sentir como en casa». Allí se ganó el apelativo de Our Seve(nuestro Seve).
Michael Britten, socio que ha presenciado numerosos torneos en el club, aún recuerda «el glorioso año de 1981, en el que Seve nos dejó a todos boquiabiertos con un triunfo arrasador. Es raro que la armonía entre un jugador y un entorno se prolongue demasiado. Y sin embargo, él la consiguió en Wentworth. Sus siete victorias aquí lo convirtieron en el jugador favorito de Reino Unido en la década de 1980. Le gustaba este campo, podía demostrar su talento».
El club de golf, no obstante, apenas ocupa un tercio de las 700 hectáreas que abarca la histórica hacienda de Wentworth Estate. Los dos tercios restantes están conformados por una urbanización de viviendas exclusivas, con un precio medio de unos tres millones de euros por casa y jardín de entre media y una hectárea. Ubicado en un valle del Támesis, entre Windsor y los hipódromos de Ascot, en este exlatifundio viven hoy el cantante Cliff Richard, el presentador de televisión sir Bruce Forsyth, el príncipe Andrés, miembros de la realeza de los emiratos o el dueño de la firma automovilística McLaren, Ron Dennis, cuya vivienda costó 35 millones de euros.
Pamela Higgs, elegante octogenaria aficionada al tenis y residente en la zona que no es socia del club, lamenta tanto elitismo. En 30 años, cuenta, la zona ha cambiado mucho: «Antes era un vecindario amable con las puertas abiertas, niños que jugaban por las calles y residentes que tomaban el té juntos. Ahora todo son millonarios que compran la casa y el jardín y lo fortifican con gustos estéticos estrafalarios. En verano nos dejaban llevar a los niños a bañarse a la piscina del club gratis. Hoy no podemos ni acercarnos allí».
Era antes de que personajes como el oligarca ruso Boris Berezovski, fallecido hace un año, se mudara a la urbanización. Elton John alterna Wentworth con Los Ángeles. Y el jugador de golf sudafricano Ernie Els también se ha instalado allí.
Atenciones. En el interior de los salones el protocolo es estricto: se obliga a silenciar los móviles y se prohíbe entrar con calzado o ropa deportivos.

Atenciones. En el interior de los salones el protocolo es estricto: se obliga a silenciar los móviles y se prohíbe entrar con calzado o ropa deportivos.
Aunque la lista de moradores célebres de Wentworth hunde sus raíces más de dos siglos. Y tiene un capítulo español. Tras ser derrotado en la segunda guerra carlista, en 1849, el célebre general Ramón Cabrera, el Tigre del Maestrazgo, terminó exiliándose en Londres, y allí se enamoró de él una rica heredera 14 años más joven, Marianne Catherine Richards. Se casaron en 1850. La mujer adquirió en 1854 el edificio de dos plantas con torres entrelazadas y puertas arqueadas que hoy alberga el club de golf (y que fue ampliado en 1992 respetando la línea arquitectónica original, pues está clasificado como Patrimonio Cultural Nacional) y 120 hectáreas. La pareja fijó allí su residencia permanente en la década de 1860. De viuda (Cabrera murió en 1877; ella en 1915), Richards fue ampliando el latifundio hasta poseer casi todas las 700 hectáreas actuales.
En 1874 el futuro rey Alfonso XII era alumno de la cercana Academia Militar de Sandhurst. Le acompañaba el tutor Juan de Velasco y Fernández de la Cuesta, quien un día, en plena tercera guerra carlista (1872-1876), llamó a la puerta de Wentworth para buscar el apoyo de Cabrera a la restauración monárquica liberal. Eduardo Velasco Cano lo relató así en su biografía de Juan de Velasco de 1910: «Un día se llegó Velasco hasta la magnífica posesión del viejo general carlista, con la curiosidad de verle y hablarle si podía. Fue recibido por D. Ramón y su señora de la manera más cordial y afectuosa. Le acompañaron a recorrer el inmenso parque sembrado de bosques poblados de faisanes; lagos, praderas, invernáculos, estufas, etc., le enseñaron las magníficas caballerizas en las que se encerraba escogida colección de hermosos caballos y otras varias dependencias de aquella suntuosa morada en la que el lujo y la etiqueta y la magnificencia contrastaba con los sencillos hábitos y rudas costumbres del dueño de la casa. En su conversación con éste, pudo apreciar Velasco cuánto la prolongada estancia en Inglaterra había influido sobre el modo de pensar del antiguo guerrillero español, y las diferencias que le separaban del pretendiente D. Carlos por esta época. […] Hubo de suscitarse animada conversación sobre los hechos de España. Muy bien informado en ellos estaba el antiguo general de D. Carlos, y muy interesantes noticias comunicó a su interlocutor sobre materias que a todos los españoles interesaban».
Urdido así el reconocimiento de Alfonso XII por parte de Cabrera, la escisión cabrerista debilitó al bando carlista y aminoró la guerra española. El rey, por su parte, reconoció al general los grados militares y los títulos de conde de Morella y marqués del Ter, que su esposa ostentó más tiempo de viuda que de casada.
El matrimonio Cabrera-Richards tuvo cinco hijos. Dos murieron sin descendencia antes que su madre y un hijo y una hija que sí tuvieron descendientes fueron rechazados por ella. Toda la fortuna de la viuda recayó en la pequeña, Ada Beatrice (1862-1934), quien se deshizo de Wentworth a través de ventas y donaciones benéficas tras la I Guerra Mundial. Un constructor pionero de la burbuja inmobiliaria parceló la enorme finca dando paso a la urbanización y club de golf actuales. Pero el enclave siguió siendo escenario de hechos históricos. En la II Guerra Mundial fue cuartel aliado. Y en una de las viviendas de la zona estuvo recluido el dictador chileno Augusto Pinochet durante su detención en Reino Unido entre 1998 y 2000.
Militar. Retrato de Ramón Cabrera, el Tigre del Maestrazgo.

Militar. Retrato de Ramón Cabrera, el Tigre del Maestrazgo.

Vestigios carlistas

Un paseo por Wentworth aún brinda huellas de la historia de amor de la heredera inglesa por el general español. La condesa de Morella bautizó caminos y casas con nombres que inmortalizaban la historia de su marido. En el cementerio de la iglesia de Virginia Water la tumba de los condes ocupa lugar privilegiado. No en vano, ella fue la mayor benefactora de la zona. Calles como Cabrera Avenue o Morella Close son fáciles de encontrar. Apelativos de casas como Ebro Cottage o Tortosa Cottage esculpidos en piedra quedan algo más recónditos. En Cantavieja Cottage –en alusión al pueblo de Teruel en que Cabrera fijó la comandancia del Maestrazgo– mantienen la lápida con el nombre aragonés, aunque su actual dueño la ha rebautizado como Victoria House. «Resultaba imposible deletrear la palabra española cuando dábamos la dirección», masculla. En el propio club de golf, donde estuvo la residencia del matrimonio, rastros del carlismo quedan, en cambio, pocos: las fotos de Cabrera y su esposa en el rincón de un salón o el pedrusco de cuatro escalones que usaba ella para subir al caballo y que hoy está a la intemperie, junto a un jardincillo. Dos enormes espejos que pertenecieron a los Cabrera cuelgan ahora en la Ballroom.
El 23 de enero de 2013 un retrato de Ramón Cabrera, pintado por John Prescott Knight en la década de 1860, fue adquirido en la casa de subastas Bonhams de Londres por 8.300 euros. El vendedor era Simon Hornyold, bisnieto del retratado. Lo que no se sabe es quién fue el comprador, aunque ha trascendido que se trata de un ciudadano español. Es probable, pues, que Cabrera regresara a España el año pasado en forma de óleo sobre lienzo, con fajín rojo sobre su pecho, guantes blancos en las manos y la mirada expectante.

Más información. www.wentworthclub.com

Periodista.Editora marcelafittipaldi.com.ar. Ex-editora Revista Claudia, Revista Telva España, Diario La Nación, Diario Perfil y revistas femeninas de la editorial

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