El nuevo lujo gastronómico ya no busca impresionar: busca emocionar
En St. Regis Restaurant, ubicado en el piso 2 de Park Tower, a Luxury Collection Hotel, Buenos Aires, la sofisticación aparece cada vez más cerca del producto, la memoria y una cocina argentina contemporánea que encuentra identidad en la sutileza.
Durante años, la alta gastronomía entendió el lujo como sinónimo de ingredientes exóticos, técnicas vistosas y construcciones visuales pensadas más para asombrar que para perdurar. Pero algo fue cambiando, casi sin que nadie lo anunciara. En las mesas más sofisticadas del mundo, la conversación empezó a moverse hacia otro lugar: el producto, la temporalidad, la trazabilidad y una forma de refinamiento más íntima, más silenciosa.
La nueva carta de estación de St. Regis Restaurant parece entender perfectamente ese cambio de época. Lejos de una cocina que busca impresionar, la propuesta otoño-invierno del restaurante trabaja sobre una idea mucho más compleja: lograr sofisticación a partir de sabores reconocibles, productos argentinos y una ejecución precisa, donde cada técnica aparece al servicio del ingrediente.
“La nueva carta otoño-invierno nace del cruce entre producto argentino y una mirada contemporánea, con guiños a la cocina mediterránea y latinoamericana”, explica Marcos Gómez, executive sous chef de Park Tower, a Luxury Collection Hotel, Buenos Aires. “La intención es clara: platos reconocibles, pero trabajados con técnica y sensibilidad”.
Esa filosofía atraviesa toda la experiencia. La provoleta de búfala con membrillos caseros, semillas de zapallo y tomates impregnados evita caer en el gesto fácil de la reinterpretación forzada y, en cambio, encuentra sofisticación en el equilibrio entre dulzor, acidez y textura. Lo mismo sucede con el pastel de chivito acompañado por puré de boniato y tortilla crocante de maíz: un plato profundamente regional que aparece refinado sin perder identidad ni calidez.
Hay algo particularmente contemporáneo en esa decisión de volver a sabores familiares. La alta cocina actual parece haber abandonado la necesidad de “desafiar” al comensal para concentrarse en algo mucho más difícil: emocionarlo.
“El equilibrio aparece en la combinación entre identidad y cercanía”, sostiene Gómez. “La idea es generar una sensación de familiaridad en el plato, algo que resulte cercano y reconfortante, pero con un diferencial en técnica, presentación y calidad”.
La carta también dialoga con una de las transformaciones más visibles de la gastronomía global reciente: el protagonismo vegetal. Pero aquí el enfoque evita cualquier gesto militante o discursivo. No se trata de reemplazar proteínas ni de construir un menú “healthy”, sino de darle al vegetal densidad culinaria real.
El hongo relleno con quinoa tricolor, crema de espinaca especiada y emulsión de queso Ligne Noir probablemente sea uno de los platos que mejor resume esa búsqueda. También la berenjena tonkatsu con arroz frito, daikon y salsa agridulce, donde la influencia asiática aparece integrada con naturalidad, sin necesidad de declararse fusión.
“Sin buscar volumen, la propuesta plant-based gana lugar desde la precisión”, dice Gómez. “Ambos platos ponen al vegetal en el centro de la escena, con técnica, profundidad de sabor y equilibrio”.
En paralelo, la carta trabaja sobre otro fenómeno central de la gastronomía contemporánea: la cocina de estación entendida como práctica real y no como recurso estético. El invierno porteño aparece narrado a través de maíces, coles, hongos, cítricos y cocciones largas que construyen profundidad sin perder ligereza.
“La premisa es intervenir lo justo: respetar el producto, potenciar su sabor y lograr platos más profundos, pero siempre equilibrados”, resume el executive sous chef.
Ese vínculo con el producto también aparece constantemente en la mirada de Matías Lorenzo, chef ejecutivo de Sheraton Buenos Aires Hotel & Convention Center y Park Tower, a Luxury Collection Hotel, Buenos Aires, quien entiende la cocina contemporánea desde la trazabilidad y la precisión antes que desde el artificio.
“Lo primero que hacemos es darle mucho hincapié al producto, a la materia prima”, explica. “No me gusta intervenir tanto el alimento. La cocina tiene que ser sabrosa, consistente y estar muy atenta al detalle”.
La definición parece sencilla, aunque detrás de ella se esconde una de las obsesiones más complejas de la gastronomía de lujo actual: hacer que todo parezca natural.
En esta nueva carta, incluso los platos más técnicos conservan cierto sabor de espontaneidad. El salmón blanco de anzuelo con chipá guazú y bisque de langostinos encuentra tensión entre delicadeza y profundidad marina; mientras que la costilla del medio braseada con humita cremosa, girgolas crocantes y pickle de repollo colorado trabaja sobre el universo del comfort food elevado que hoy domina muchas de las mejores mesas internacionales.
También hay un uso hábil de influencias asiáticas -mirin, soja, perfiles agridulces, fermentos suaves- que aparecen integradas al lenguaje argentino contemporáneo sin desplazarlo. La cocina ya no necesita demostrar cosmopolitismo; simplemente lo incorpora.
Quizás eso sea, hoy, la sofisticación más auténtica: una cocina capaz de hablar varios lenguajes sin perder identidad.
Porque el nuevo lujo gastronómico ya no parece obsesionado con impresionar. Prefiere algo mucho más difícil de conseguir: generar una experiencia íntima, precisa y profundamente memorable.
Para información y reservas escribir a [email protected] o +54 9 11 3011-3212.
Marcela Fittipaldi
Periodista.Editora marcelafittipaldi.com.ar. Ex-editora Revista Claudia, Revista Telva España, Diario La Nación, Diario Perfil y revistas femeninas de la editorial
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