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Ver nacer un Rolls-Royce

Montaje. La cadena de producción está dividida en 22 áreas donde trabajan 74 personas. En la imagen, el ensamblaje del modelo Phantom.
Chichester, un pequeño pueblo situado en la costa sur de Inglaterra, guarda el secreto de la escudería Rolls-Royce. Allí, a una hora y media de Londres, se encuentra Goodwood, la única factoría del mundo donde se produce el que para muchos es el coche más exclusivo de todos los tiempos.
En la incipiente industria del automóvil de comienzos del siglo XX, el ingeniero Frederick Henry Royce y el aristócrata, piloto y propietario de un concesionario Charles Stuart Rolls, se propusieron crear el mejor vehículo del mundo. En 1904 llegaron a un acuerdo por el que Rolls tendría la exclusividad para vender en su concesionario los coches fabricados por Royce. Así, en el Salón de París de ese año, la marca Rolls-Royce presentó sus primeros vehículos de 10, 15 y 20 caballos, que se distinguían del resto por su característica parrilla del radiador. Ciento diez años después, cuentan con tres modelos: el Phantom, el Ghost y el deportivo Wraith.
La máxima de Royce, Take the best that exists and make it better (Coge lo mejor que existe y mejóralo) preside la entrada a Goodwood. Fuera de Serie ha visitado este complejo, abierto en 2003 y en el que trabajan más de 500 personas, que destaca por su servicio bespoke(hecho a medida), único en el mundo e insignia de la marca. «Rolls-Royce es bespoke«, explica James Crichton, director regional de Europa de Rolls-Royce Motors Cars. Y añade: «Casi el 95% de vehículos que salen de Goodwood incorporan elementos a medida». La personalización alcanza desde el color a los acabados, como bordados especiales en la tapicería de los asientos, y complementos de todo tipo: neveras, humidores, equipo audiovisual… Solo de la pintura exterior se puede elegir entre 45.000 tonos diferentes. «El límite está en la imaginación de nuestros clientes», dice Crichton.
En el interior, las instalaciones tienen más aspecto de quirófano que de fábrica de coches. Todo está inmaculadamente limpio; los trabajadores visten con el mismo uniforme, de distintos colores según la categoría, y llevan el pelo retirado de la cara, que no tiene una gota de maquillaje, colonia u otro producto que pueda afectar al resultado final. Además, a pesar de ser una fábrica del siglo XXI, la fabricación es completamente artesanal. «No hay sustituto para la intervención del hombre: solo los ojos y las mejores manos pueden garantizar la producción de coches únicos», apuntan desde Goodwood.
El último. Ghost Series II, el más reciente lanzamiento de Rolls-Royce, presentado en el Salón de Ginebra 2014.

El último. Ghost Series II, el más reciente lanzamiento de Rolls-Royce, presentado en el Salón de Ginebra 2014.
El proceso comienza en el área de chapa y pintura. Cada vehículo lleva tres capas de pintura de 40 litros. Entre medias, dos manos de lija en un procedimiento que dura seis días. El resultado es como el de un esmalte de uñas. Cada cliente puede escoger entre una selección de 18 colores a partir de los que generar hasta 45.000 variedades. «El blanco es el color favorito del cliente occidental, mientras que el negro para el exterior y el rojo para el interior son los preferidos del comprador chino, pues son los dos tonos sinónimo de buena suerte en el país asiático», señalan. Una clienta pidió que su Rolls fuera del rosa de su barra de labios de Chanel. También es posible pintar la carrocería de color oro. Su precio: casi 30.000 euros en el caso del Phantom.
A continuación, la zona de montaje. Dividida en 22 áreas, en ella trabajan 74 personas que, de forma individual o en equipo, llevan a cabo más de 2.000 operaciones diferentes para dar forma a la carrocería, chasis, suspensión, motor… Ingeniería alemana (en 2003, la división de Rolls-Royce Motors fue comprada por BMW). De ahí los vehículos pasan al departamento de tapizado, donde 60 empleados seleccionan las piezas de la más alta calidad. Unas 11 vacas son necesarias para el interior de un Phantom, ocho en el caso del Ghost y el Wraith. Se tarda 17 días en guarnecer cada coche. Hay 13 colores estándar, pero cada cliente puede teñir los asientos a su gusto y combinar el cuero con seda, tweed, cachemir… También es posible bordar en ellos las iniciales o el escudo de armas familiar.
Caoba, roble, olmo, arce y nogal son las maderas disponibles para revestir el interior, todas procedentes de árboles de plantaciones sostenibles. Las posibilidades de personalización también llegan a este punto. «En una ocasión, un comprador pidió recubrir el salpicadero de su Rolls con la madera de un árbol de su jardín que habían tenido que talar», detallan en Chichester.
Precisión. Un trabajador coloca la célebre insignia de la marca, el Espíritu del éxtasis.

Precisión. Un trabajador coloca la célebre insignia de la marca, el Espíritu del éxtasis.
Un bespoke tan exclusivo hace imposible determinar el tiempo exacto que tarda en producirse un Rolls-Royce, pero se puede prolongar hasta los seis meses. Desde la compañía tampoco dan cifras sobre el precio de cada vehículo ni de facturación, pero afirman que «a pesar de lo complejo del proceso, resulta muy rentable». En 2013 entregaron 3.630 coches (la cifra más alta en su historia), situándose como líder mundial en el segmento de automóviles de lujo, los que están por encima de los 200.000 euros. China y EEUU lideran las ventas de la marca.
Acabado el montaje, los coches van a una zona de pruebas. Si absolutamente todo no está perfecto, se revisa y corrige el problema las veces que sea necesario. «Un Rolls-Royce es una inversión de futuro, como lo son las joyas o el arte», concluye Crichton. Por último, cada vehículo se pule y limpia durante cuatro horas antes de la entrega. Entonces sí, el Rolls ya está listo para rodar.
Más información: 

Periodista.Editora marcelafittipaldi.com.ar. Ex-editora Revista Claudia, Revista Telva España, Diario La Nación, Diario Perfil y revistas femeninas de la editorial

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