Salud

Paternidad después de los 40: entre el deseo y la realidad biológica

Por el Dr. Marcos Dalvit, MN 180.838, Andrólogo y Urólogo en Halitus Instituto Médico

Se acerca el Día del padre y debemos destacar el aumento de consultas de hombres que buscan cuidar su salud reproductiva refleja un cambio de época. Los riesgos reales, el peso del estilo de vida y la importancia de decidir con información y una mirada integral.

Durante muchos años la fertilidad fue considerada casi exclusivamente un tema femenino. Hoy sabemos que el factor masculino participa en aproximadamente el 50% de los casos de infertilidad de pareja y que la edad del hombre también tiene un impacto directo sobre la reproducción. Afortunadamente, en el consultorio estamos viendo un cambio cultural muy positivo: cada vez más varones consultan por iniciativa propia antes de comenzar la búsqueda de un hijo, entienden que la salud reproductiva también depende de ellos y se realizan estudios previos.

A partir de los 40 años comenzamos a observar cambios progresivos en la calidad seminal. El estudio básico es el espermograma —que funciona como una «foto» del momento actual de los espermatozoides—, donde se suele detectar una disminución de la motilidad y un aumento de la fragmentación del ADN espermático. Explicado de forma sencilla: mediante diferentes técnicas se evalúa qué tan «roto» está ese material genético. Esta rotura, que se incrementa simplemente por el paso del tiempo a partir de los 40, puede traducirse en una menor probabilidad de embarazo natural, un mayor tiempo para lograrlo e, incluso, en abortos espontáneos durante el primer trimestre o embriones de mala morfología en tratamientos de reproducción asistida. De hecho, algunos estudios muestran que los hombres mayores de 40 años tienen hasta un 30% menos de probabilidades de lograr un embarazo en un año en comparación con los menores de 30.

Sin embargo, el reloj biológico no es lo único que pesa; el estilo de vida juega un rol fundamental. El estrés, la dieta, el sedentarismo, el sobrepeso y hábitos tóxicos como el tabaquismo influyen directamente en la calidad del semen. También impactan patologías físicas como el varicocele (la dilatación de las venas del escroto), que es la principal causa de infertilidad masculina y puede producir un daño irreversible si no se opera en etapas tempranas. Además, en ciertos casos donde se detectan alteraciones en el eje hormonal, se suele solicitar análisis de testosterona y FSH para evaluar si se necesitan estímulos médicos específicos que reactiven la producción del testículo.

Por otra parte, existe evidencia de un aumento del riesgo de ciertas enfermedades en la descendencia asociado a la edad paterna avanzada. Estudios poblacionales encontraron que los hijos de padres mayores de 45 años presentan aproximadamente 3 veces más riesgo de desarrollar autismo, 2 veces más riesgo de trastornos psicóticos y hasta 13 veces más riesgo de TDAH en comparación con hijos de padres de entre 20 y 24 años.

Sin embargo, es fundamental interpretar estos datos correctamente. Estamos hablando de aumentos del riesgo relativo. La prevalencia absoluta (la probabilidad real en la población general) de muchas de estas enfermedades sigue siendo baja, por lo que la enorme mayoría de los hijos de hombres de edad avanzada nacen sanos. El mensaje no es generar alarma ni poner un freno al deseo de paternar, sino brindar información para que las parejas puedan tomar decisiones conscientes.

Ante este panorama, surge una pregunta frecuente: ¿Deberían los hombres congelar semen por razones sociales para postergar la paternidad, tal como hacen las mujeres con sus óvulos? En la medicina, la criopreservación de esperma tiene indicaciones muy claras y urgentes, como los tratamientos oncológicos (quimioterapia o radioterapia), cirugías que comprometan la eyaculación, tratamientos de afirmación de género o cirugías de recuperación espermática, entre otros. Si bien la preservación por «razones sociales» o elección personal es perfectamente viable, cabe destacar que el deterioro del semen en el varón no es tan abrupto ni drástico como la caída de la reserva ovárica en la mujer a partir de los 35 años.

La edad paterna avanzada no debe vivirse como una contraindicación para ser padre, sino como un factor más a tener en cuenta dentro de una evaluación integral de la pareja. En tiempos donde la ciencia avanza a la par de las transformaciones sociales, la andrología busca acompañar. Planificar, modificar hábitos a tiempo y entender que la fertilidad es un camino de a dos es, en definitiva, el primer acto de amor y cuidado hacia ese hijo que vendrá.

Imagen: Magnific.com

Periodista.Editora marcelafittipaldi.com.ar. Ex-editora Revista Claudia, Revista Telva España, Diario La Nación, Diario Perfil y revistas femeninas de la editorial

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