“El objetivo era evaluar los resultados del bioestimulante en la defensa natural de los viñedos de Mendoza, ya que las condiciones climáticas son una variable altamente influyente en los resultados. El mismo producto se probó en otras regiones vitivinícolas del mundo, con la idea de comparar las diferentes experiencias, especialmente en la incidencia de oídio y peronóspora —plagas fúngicas que afectan a la vid—”, detalló María del Valle Bertolo, especialista de la sede del INTI en Mendoza, además de integrante del Departamento de Servicios Analíticos del Instituto en la región de Cuyo, y responsable, internamente, de la coordinación de Tracewindu.
En ese viñedo, se construyó una vendimia y se obtuvo un vino prototipo. La conclusión que las pruebas arrojaron es que no existen diferencias entre la utilización del producto bioestimulante y la defensa natural que, de acuerdo con las características del lugar y sus condiciones climáticas, se genera en el viñedo. Desde el equipo de trabajo del INTI en Mendoza señalan que la segunda cosecha arrojará más conclusiones, pero, mientras tanto, está claro que, en Mendoza, así como en otras zonas de su geografía, la Argentina confirma su lugar de relevancia en el mundo dentro del mapa de la vitivinicultura.
En la misma línea, aunque como parte de una segunda etapa, el equipo se concentrará en la trazabilidad desde el terroir o terruño. En parte, el desafío de profundizar el conocimiento al punto de que cada vino sea trazable hasta corroborar fehacientemente que ha sido producido con uva de esa porción de terreno muy chica y exclusiva: en definitiva, saber específicamente, con exactitud, dónde comenzó el camino de cada botella.
«Evaluamos distintas alternativas analíticas, a fin de encontrar una herramienta, un parámetro que sea trazable desde ese suelo hasta el vino. Se encontró un método analítico para ello», agrega Bertolo.
Además, el equipo del instituto avanza en la caracterización de vinos de distintas regiones vitivinícolas de la Argentina, para, así, poder generar un mapa de relaciones isotópicas: ¿qué implica esto? «Implica generar algo así como una huella dactilar del vino, relacionada al lugar de vino. Conocer esa matriz permitirá contar con una herramienta frente a fraude orígenes sobre denominación de origen o indicaciones geográficas. En este aspecto, la clave pasará por la posibilidad de identificar si se trata realmente de un vino producido en determinado lugar, o no», subraya la coordinadora de Tracewindu en el INTI.
Otra de las etapas que se divisan en el horizonte es la que incluye la digitalización de la información y la generación de big data, dado que todos los datos de la cadena de valor se trasladarán a las etiquetas inteligentes de vinos que incorporan los avances de este proyecto. Actualmente, ya hay un prototipo de esa etiqueta que tendrá toda la información desde el inicio hasta el final, distintos tipos de acceso según quién sea el lector de ese código QR.
Los datos serán publicados oportunamente y las precisiones referidas a la huella isotópica correspondiente a Mendoza se darán a conocer cuando se haya procesado toda la información. A su vez, se espera que el proyecto concluya en febrero de 2026.
Hay de concretar transferencias al sector productivo local, con la idea de vincular toda la información relativa a la producción y que llegue a la instancia de consumo.
Tracewindu involucra a distintas zonas vitivinícolas del mundo. De hecho, el consorcio está compuesto por 11 socios: además del INTI y del INTA, participa la Fundación Parc Tecnologic Del Vi, de España; las pymes Innolabs y Fattoria Uccelliera, y la Universidad de Pisa, de Italia; la Universidad de Pau et Des Pays de L’adour y la pyme Advanced Isotopic Analysis, de Francia; la firma DNET Labs, de Serbia; y la Universidad de Dunja Gorica y la empresa Plantaže, ambas de Montenegro.