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Irizar por Mariano Wullich

Hoy, en la tapa del diario La Nación, se ve una foto del querido rompehielos Almirante Irizar (ARA Q-4) en su primera campaña antártica después de su reparación. Luego de diez años, el emblemático barco que permaneció en galpones a los que llaman astilleros, volvió a navegar.

El destructor de todos los tiempos, ese que jamás le temió al hielo y ni si quiera se arrodilló ante el fuego, está en el agua, como aquél día de abril en que solo las llamas lo iluminaban. Ayer, volvió a “saltar” sobre la nieve para extender su bandera y evocar en una imagen a los 44 marineros del San Juan. Creo, que solo faltó la lente de Jorge Quiroga para poner en fino la inmensa situación.

Por supuesto que ante la imagen del inevitable verdugo del frío, me acordé de la Corbeta Uruguay (convertida en un pequeño rompehielos a caldera y a cargo del comandante Iriza –está bien escrito sin la “R”- que sacó de la isla Paulet a los sobrevivientes del Antartic entre los hielos de Larsen.

Y, nuestro imponente rompehielos: el que rescató al buque alemán Magdalena Oldendorff. El mismo que asiste a nuestras bases de invierno y verano (son 13). El que sea trompea con las olas del Dracke y le pega al hielo.

Sí, el mismo que sufrió el negocio del desasosiego de la política kirchnerista; al que desatendieron unos cobardes almirantes por quedar bien con Nilda Garré; el que conoció mejor que nadie el ilustre Capitán Federici; el que aguantó sin miedo y con rigor ante el incendio salvando a toda la tripulación (240), su Capitán, Guillermo Nelson Tarapow.

El que en tierra robaron los contratistas. El que entre el agua y el fuego jineteó este cronista. El Rompehielos, para mí el más grande, el del puño de acero naranja, el Almirante Irizar.

Periodista.Editora marcelafittipaldi.com.ar. Ex-editora Revista Claudia, Revista Telva España, Diario La Nación, Diario Perfil y revistas femeninas de la editorial

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