Tecnología

Crianza digital en vacaciones: cómo acompañar sin demonizar la tecnología

*Cuando las rutinas escolares se detienen, las pantallas ganan protagonismo y revelan la necesidad de vínculos más conscientes. En este sentido, Laura Krochik, especialista en crianza y vínculos, comparte sus reflexiones y recomendaciones para las familias.

Buenos Aires, enero 2026 – En Argentina, las vacaciones de verano traen consigo un cambio de rutinas y una pregunta que se repite en muchas familias: ¿qué hacemos con las pantallas ahora que no hay escuela? Para Laura Krochik, especialista en crianza y vínculos, el debate no pasa por prohibir o habilitar sin límites, sino por acompañar procesos:“Las pantallas no son buenas ni malas en sí mismas. Lo que importa es cómo, cuándo y para qué se usan, y qué lugar ocupan dentro del vínculo entre adultos y niños”.

Con el cambio de rutinas, los tiempos se flexibilizan y la tecnología suele ganar más presencia en la vida cotidiana. Frente a esto, aparecen posiciones extremas: prohibir por completo o habilitar sin límites. Sin embargo, desde una mirada vincular, la crianza digital no se trata de controlar dispositivos, sino de acompañar procesos.

Las pantallas no son buenas ni malas en sí mismas. Lo que realmente importa es cómo, cuándo y para qué se usan, y qué lugar ocupan dentro del vínculo entre adultos y niños. Durante el año, muchas reglas están sostenidas por la estructura escolar. En vacaciones, ese marco se diluye y quedan al descubierto las dinámicas familiares reales. Lejos de ser un problema, esto puede convertirse en una oportunidad para revisar acuerdos y repensar hábitos.

La crianza digital implica acompañar activamente a niños y niñas en el uso de la tecnología, promoviendo el diálogo, la confianza y el desarrollo del pensamiento crítico, más que la prohibición absoluta. No se trata solo del tiempo frente a la pantalla, sino del contenido, el contexto y la presencia adulta.

Acompañar no es vigilar”, determina Krochik y agrega: “Muchas veces los adultos confundimos acompañar con vigilar. Revisar sin avisar, controlar en silencio o imponer reglas sin diálogo suele generar distancia, uso oculto o conflictos innecesarios”.

Sin embargo, los chicos desarrollan hábitos digitales más saludables cuando existen conversaciones abiertas y frecuentes con los adultos, y cuando sienten que pueden pedir ayuda si algo los incomoda en el entorno digital.

Acompañar implica interesarse genuinamente: preguntar qué miran, qué juegan, con quién interactúan y qué emociones aparecen en ese intercambio.

En la crianza digital, el ejemplo pesa tanto o más que cualquier acuerdo. Los niños no solo escuchan lo que decimos sobre las pantallas: observan cómo las usamos nosotros. Si pedimos presencia mientras respondemos mensajes, si hablamos de límites pero vivimos apurados y disponibles para todos menos para ellos, el mensaje se vuelve confuso.

Las vacaciones pueden ser un espejo incómodo, pero honesto. Nos muestran cuánto lugar ocupa la tecnología en nuestra propia regulación emocional: cuando estamos cansados, aburridos o sobrepasados. No para culparnos, sino para hacernos cargo. Porque criar también es revisar nuestras prácticas, no solo las de nuestros hijos.

Acompañar en el mundo digital es animarnos a estar presentes, incluso cuando no es cómodo. Es tolerar el aburrimiento, el pedido insistente, la frustración que aparece cuando apagamos una pantalla sin ofrecer reemplazos vacíos, sino un vínculo real”, explica Laura y reflexiona: “No se trata de ser perfectos, sino de ser coherentes: entre lo que sentimos, lo que decimos y lo que hacemos”.

Cuando los adultos demonizan las pantallas, el mensaje que llega no es “quiero cuidarte”, sino “lo que te interesa está mal”. Esto suele generar culpa o desconexión.

UNICEF advierte que la falta de diálogo sobre el mundo digital puede aumentar los riesgos, ya que niños y adolescentes tienen menos herramientas para pedir ayuda o identificar situaciones problemáticas si sienten que ese mundo no es validado por los adultos. La tecnología también es un espacio de socialización, juego, aprendizaje y expresión. Negarlo nos aleja de la posibilidad de acompañar de verdad.

No se trata de eliminar la tecnología, sino de integrarla en un equilibrio saludable con otras experiencias fundamentales: juego libre, movimiento, descanso y vínculo.

La Organización Mundial de la Salud señala la importancia de equilibrar el tiempo de pantalla con actividad física y sueño adecuado para cuidar la salud integral de niños y niñas, especialmente en períodos sin rutinas escolares. El problema no es la pantalla cuando convive con otras propuestas, sino cuando se convierte en la única respuesta al aburrimiento, al cansancio o a la falta de disponibilidad adulta.

La crianza digital no es un tema tecnológico: es profundamente emocional. Tiene que ver con límites amorosos, coherencia y presencia. Con mostrar que el mundo digital no está separado del mundo real, sino que forma parte de él.

En vacaciones, más que controlar el tiempo de pantalla, podemos preguntarnos:
-¿Estamos disponibles para compartir tiempo con ellos?

-¿Ofrecemos alternativas reales o solo quitamos?

-¿Hablamos de lo que consumen sin juzgar?

“La tecnología llegó para quedarse. El desafío no es resistirla, sino humanizar su uso. Y eso no se logra solo con controles parentales, sino con adultos disponibles, conscientes y dispuestos a vincularse, también —y sobre todo— cuando no hay escuela que ordene desde afuera”, finaliza la especialista.

Periodista.Editora marcelafittipaldi.com.ar. Ex-editora Revista Claudia, Revista Telva España, Diario La Nación, Diario Perfil y revistas femeninas de la editorial

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