CÓMO REPERCUTE LA ALIMENTACIÓN EN LA BÚSQUEDA DEL EMBARAZO

 

Cada vez se habla más acerca del impacto que el estilo de vida y la alimentación pueden tener sobre la fertilidad. Aunque los niveles de influencia dependerán del contexto orgánico general, antecedentes y condiciones específicas, lo cierto es que está científicamente probado que mantener hábitos saludables es muy importante, tanto para la búsqueda del embarazo como para su desarrollo de manera saludable.En el marco del Día del Nutricionista, que se conmemora el 11 de agosto, IVI Buenos Aires, centro especializado íntegramente en reproducción humana, destaca cuáles son los principales factores, entre ellos la alimentación, a tener en cuenta desde el punto de vista de la alimentación a la hora de planificar la búsqueda de un embarazo, ya sea de forma natural así como asistida.

 

En primer lugar, hay que conocer que, si no se consumen los nutrientes necesarios, así como si se sufre algún trastorno alimenticio, ya sea sobrepeso o delgadez extrema, la concreción del embarazo y su evolución serán menos probables. La Dra. Bárbara Lotti, especialista en reproducción asistida de IVI Buenos Aires, resalta que, más allá del seguimiento médico de ciertas patologías puntuales, en todos los casos se recomienda llevar una alimentación en base a recetas caseras, con ingredientes variados y ricos en vitaminas, grasas saludables, flavonoides (elemento que se encuentra en frutas como el arándano o verduras como la espinaca) y fibras.

 

Para verificar el estado saludable, un elemento útil es el índice de masa corporal (IMC): un valor que asocia el peso y la talla de una persona para identificar si el peso es el adecuado. Y que, según la OMS, que determina cuatro clasificaciones: si el IMC da un número menor a 18.5, el peso corporal es reducido; si da un resultado de entre 18.5 y 24.8, el peso es normal; entre 25 y 29.9 será sobrepeso; y, más de 30, obesidad.

En cuanto al peso, ninguno de los dos extremos – delgadez y obesidad – son compatibles con un embarazo sano y es por eso que es importante, para la mujer que busca el embarazo, así como para la pareja que acompaña, saber cuáles son los riesgos y efectos adversos de cada cuadro:

 

CUANDO EL PESO ES DEMASIADO REDUCIDO

 

Un bajo peso en las mujeres que están en la búsqueda de un hijo, podría generar amenorrea, es decir, tres o más períodos menstruales ausentes. Esta patología puede ser resultado de una disminución extrema del porcentaje de grasa corporal. Ya sea debido a un aumento del ejercicio intenso, por estrés, o por trastornos de alimentación como la bulimia o la anorexia, esta situación debe intentar evitarse ya que puede generar disfunción ovulatoria y alteraciones hormonales, influyendo sobre la fertilidad.

“Dado el inadecuado balance energético que presentan estas pacientes, existe mayor riesgo de complicaciones en la gestación, originando mayores tasas de aborto espontáneo y mayor riesgo de parto prematuro”, se detalla en el libro de Roberto Matorras y José Remohí, Casos clínicos de Reproducción Asistida e Infertilidad, 2015. En este sentido, la Dra. Lotti, subraya que en estos casos el abordaje debe ser multidisciplinario, siendo necesarias indicaciones precisas no solo desde la medicina reproductiva, sino desde el campo de la nutrición.

 

EN CASOS DE SOBREPESO

 

En el caso de las mujeres con obesidad, ésta puede aumentar el tiempo de búsqueda hasta conseguir un embarazo espontáneo, en especial si se presenta un trastorno en la ovulación o bien el Síndrome de Ovario Poliquístico, que son situaciones clínicas frecuentemente asociadas al sobrepeso.

 

“La calidad ovocitaria se ve deteriorada, al igual que la receptividad endometrial, y hay una menor respuesta a la medicación empleada en la estimulación ovárica, necesaria en los casos que se recurre a tratamientos de Fertilización In Vitro (FIV)”, explica Lotti.

Durante el embarazo, los riesgos no disminuyen y las complicaciones en la gestación incluyen hipertensión, diabetes gestacional, preeclampsia, infecciones del tracto urinario y amenaza de parto prematuro. Por su parte, recientemente, la obesidad en el varón ha sido relacionada con una disminución de la calidad seminal y con mayor riesgo de infertilidad.

 

Teniendo en cuenta las consecuencias, ya sea en la concepción espontánea o asistida, es imprescindible lograr una reducción en el peso: con una disminución inicial del 5%, ya se podría observar una mejoría en las tasas de ovulación y embarazo.

“El estado nutricional, tanto en la mujer como en el hombre, tiene un rol muy importante en reproducción. Un estilo de vida saludable y la incorporación de hábitos nutricionales adecuados, mejoran las chances reproductivas y disminuyen los riesgos obstétricos”, asegura la Dra. Bárbara Lotti, especialista en reproducción asistida de IVI Buenos Aires.

 

Para poder lograr el objetivo de una alimentación equilibrada, es necesario tener en cuenta la propiedad de cada alimento. Por ejemplo, un aporte adecuado de vitaminas es fundamental para la fertilidad:

 

Vitamina A: su deficiencia genera degeneración y caída de la calidad de semen. La podemos encontrar en grasas lácteas y en la leche entera. Su precursor, el betacaroteno, se encuentra en zanahoria, tomate, calabaza y en las verduras de hoja verde

Vitamina D: se forma como consecuencia de la exposición solar controlada, mejora la secreción y la acción de insulina, la ovulación y ayuda a aumentar la probabilidad de embarazo después de la FIV (fertilización in vitro).

Vitaminas C y E: son muy importantes para el sistema reproductivo debido a su función antioxidante, contrarrestando los efectos que el estrés puede generar sobre los óvulos y los espermatozoides. La vitamina C, que mejora la inmunidad, la calidad del esperma e influye en la salud ovárica, está presente en cítricos, tomates y pimientos. Mientras que la vitamina E se encuentra en el germen de trigo, aceite de oliva y los frutos secos.

 

Además de las vitaminas, hay que tener en cuenta ciertos minerales y macronutrientes que pueden beneficiar la alimentación en estos períodos:

Omega 3: un componente propio de mariscos, salmón, sardinas y atún, que puede incidir positivamente sobre los procesos reproductivos

Ácido fólico: Presente en las verduras de hoja verde, en los cereales integrales, las legumbres, la banana y los huevos, el ácido fólico “previene defectos del tubo neural, así como también podría asociarse con mecanismos ovulatorios y con la calidad seminal”, detalla la Dra. Lotti.

Zinc: este mineral tiene un papel esencial en la fertilidad, ya que protege al óvulo y al espermatozoide del daño oxidativo e interviene en los procesos de desarrollo embrionario. En el caso de los hombres, este elemento juega un papel esencial en la movilidad del espermatozoide para su llegada al óvulo. Puede hallarse en carnes magras, pescados, mariscos y huevo, y en menor proporción, legumbres y frutos secos

Selenio: Presente en huevos, carnes, pescados y frutos secos, el selenio tiene función antioxidante y también participa en el desarrollo embrionario.

 

Es importante mantener una alimentación balanceada, cuya base sea una dieta rica en hidratos de carbono complejos, fibras, grasas monoinsaturadas, proteínas de origen vegetal, al tiempo que se disminuye el consumo de grasas saturadas, grasas trans y proteínas de origen animal. También se debe tener en cuenta la suplementación con vitaminas y minerales de acuerdo a las necesidades de cada cuerpo.

 

Tanto antes como durante el embarazo, tener un estilo de vida saludable, así como consultar con médicos especializados para el seguimiento ginecológico/reproductivo, obstétrico y nutricional, aumentará las posibilidades de un embarazo sano.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.