Periodistas malvestiti por Mariano Wullich

Óleo sobre tela pintado por Pedro Subercaseaux Errázuriz para el primer centenario por encargo e instrucciones de Adolfo Carranza quien suministró el tintero que usó Moreno y que figura sobre la mesa de trabajo

 

Cuando intentan vestirse, escriben la nota del mal gusto.

Son muchos los periodistas que, como no aprendieron a vestirse en casa, copiaron afuera lo que jamás debieron. Es en todos los rubros de la profesión, aunque en la televisión llega al paroxismo. Pero para qué ampliar, si se concentraron en la casa de Cornelio Saavedra, Juan José Paso y Mariano Moreno. Todo un vernissage.

Hoy, en decenas de fotos, se muestran en la pasarela de Infobae y tienen el tupé de salir a los balcones del Cabildo mostrando las “sedas” como lo hacía la señora de Los Toldos desde la casa de enfrente y vestida por Paco Jamandreu.

Dicen que “el hábito no hace al monje”, pero qué bien le queda al monje el hábito. Las corbatas no engalanan ideas, pero qué bien quedan las ideas engalanadas. ¡Uf!… y el Macrismo ayudó, aunque dudo que el Presidente no se ajuste el cuello dentro de diez días.

¿Vamos con los grupos del mal gusto? Sin nombres ¿eh?.

1)      Los de traje y camisa sin corbata, auténticos vendedores de biblias.

2)      Los de “chupines” (se decía botamangas “bombilla”) ¡con un acordeón abajo!.

3)      Los de zapatos puntudos que se pasan del 43 y deben servir para patear aquellos penales.

4)      Los combinados… ¡uy!

5)      Los de saco corto y jeans bombillas. ¿No se dieron cuenta de que era un cocktail, no un suave far west?

Te acordás hermano cuando al Luna o al hipódromo se iba de pilcha. ¿Qué opinaría el maestro de los sastres, Spinelli (Rodhers)? O los camiseros de Paco Brú; los cortadores de Spinetto; los vendedores de The Brighton, el Príncipe de Gales y los que importaban alpaca, seda, hilado peruano y voile suizo.

Hace rato, la Argentina que tanto anhelamos perdió el buen gusto y yo voy a mejorarlo. Esta tarde me pongo unas zapatillas tractor, unas bermudas de plástico maradonianas, una gorra de rapero, dos tatuajes y le digo a mi mujer que con calzas, ojotas con margarita plástica y riñonera vayamos al casino de Montecarlo. ¿Entraremos?

Mariano Wullich

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