La viuda alegre: noche de brindis y despedida


El Ballet del Teatro Colón que dirige Paloma Herrera, acaba de estrenar La viuda alegre, basado en la conocida opereta de mismo nombre. Estrenado en 1974 en Melbourne por el Australian Ballet, como un encargo hecho por la dirección de esa compañía al coreógrafo inglés Ronald Hynd.

Hynd viajó a Buenos Aires para el montaje y ensayos de la obra y la noche del jueves, día del estreno, saludó junto con los bailarines con sus 87 años.

El libreto de La viuda alegre resulta no fácil de sintetizar. Sin embargo, en la danza no lo es: la joven y acaudalada viuda Hanna acepta formar parte de una intriga para proteger la reputación de la coqueta Valencienne no es fácil de comprender si no se leen antes las notas del programa. Que el embajador de Pontevedro en París quiera casar a Hanna con el conde Danilo para salvar de la bancarrota al ducado ficticio al que representa, tampoco puede deducirse fácilmente a partir de lo que ocurre en escena.

Con ese complejo material narrativo, el coreógrafo Hynd creó la composición del baile en el París de la Belle Époque, desarrollándose en la embajada de Pontevedro, el jardín de la mansión de Hanna y el restaurante Maxim’s. En La viuda alegre ocupa un gran lugar el vals,  símbolo hasta hoy de esa Viena tan amada por el compositor Lehár.

También se bailan las danzas “pontevedrinas” (incluyendo bailes folclóricos kolo, oriundos de Serbia). También hay polcas, galop, el cancán y, en especial, los valses. Lograr la atmósfera del ambiente decadente imperio austro-húngaro en la primera preguerra es uno de los aciertos de esta versión. Como ese champán que los personajes beben a lo largo de la obra en cantidades prodigiosas, el cuerpo de baile tiene un buen desempeño no obstante algunas imprecisiones. Tal vez los sentimientos que generó la despedida de Karina Olmedo jugó a favor de la emoción y en contra de la técnica. Cabe destacar que El coreógrafo Hynd generó personajes muy simpáticos con toques de ironía.

La escenografía y el vestuario son deslumbrantes.

Una mención aparte merece El teatro, que ha sufrido tantas crisis como la Argentina, pero que hoy vive un gran momento de esplendor teniendo por primera vez en su historia a una mujer al frente: María Victoria Alcaraz, con larga experiencia en gestión de instituciones culturales. De muy bajo perfil, es una funcionaria incansable a la hora de continuar dando brillo al Colón tanto en su aspecto como así también en su contenido cultural.

Cuando vayan les sugiero que se sienten cómodamente y dejen que tanto la música como el lugar los atraviese. Seguro será una experiencia inolvidable

Marcela Fittipaldi

 

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