Crítica “La vida a palos”

El teatro Maipo propone “La vida a palos’’, la obra que produjo la vuelta de Imanol Arias a los escenarios del mundo tras casi un cuarto de siglo ausente de ellos. Su última representación fue Calígula, de Albert Camus, en Buenos Aires en 1994.

En “La vida a Palos” se conjugan el drama y el flamenco en una historia que se centra en la figura de un cantaor, El Alcayata, cuya vida es relatada por su supuesto albacea y amigo, Manuel Casado –protagonizado por Imanol Arias- quien revela los altibajos en la vida de su padre a un hijo -interpretado por Aitor Luna- del que el artista se desentendió muy pronto para continuar con su carrera. Casado cuenta la atormentada vida de El Alcayata -penurias, cárcel, viajes (Latinoamérica, el Madrid de La movida, Tánger, Cádiz, Almería…)-, alcohol, drogas, amoríos. Y ese encuentro íntimo, personal, de un hijo con su padre, a través del legado documental que este deja a su amigo…

Un diseño escénico minimalista: 6 paneles rectangulares contiguos que forman un muro sobre el que se proyectan imágenes, uno de los cuales cae estruendosamente varias veces como si fuese una puerta que se abre hacia el recuerdo y la nostalgia, unas ramas y una mesa repleta de bebidas, de Mónica Boromello. La luz poética y sugerente es de David Picazo; las imágenes (que ilustran el pasado de El Alcayata) son de Jaime Dezcallar y tienen gran fuerza expresiva, como sucede también con el espacio sonoro de Sandra Vicente.

La propuesta muestra que el teatro no puede retomarse con éxito asegurado después de no haberse subido al escenario por tanto tiempo como el caso de Imanol Arias. No se sabe muy bien si es un drama acompañado de arte flamenco o un recital flamenco con un drama humano. Es conocido su habitual discurso cautivador pero su pasividad corporal y el texto no aflora como debiera. La mezcla de drama, música y vídeo logran un espectáculo deshilachado que hace aguas. Mientras que Aitor Luna en la piel del hijo es de gran inconsistencia. No se sabe si se está ante un poeta, un cineasta underground o un joven sin rumbo.

Marcela Fittipaldi

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