Crítica EL BRAMIDO DE DÜSSELDORF

Con el apoyo de la Embajada de Uruguay en Argentina se presentó la obra El bramido de Düsseldorf del dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco en el Complejo Teatral de Buenos Aires del jueves 16 al 19 de agosto a las 20:30 hs, en la Sala Casacuberta (Av. Corrientes 1530. El elenco uruguayo estuvo integrado por Gustavo Saffores, Walter Rey y Soledad Frugone. El video arte fue de Miguel Grompone, la escenografía, vestuario y luces de Laura Leifert y Sebastián Marrero, el diseño de sonido de Fernando Tato Castro, la preparación vocal de Sara Sabah y la preparación de bajo de Nicolás Román.

 

Siguiendo la línea de autoficción en la que el dramaturgo y director teatral franco-uruguayo Sergio Blanco viene incursionando desde hace algunos años, su último texto teatral, El bramido de Düsseldorf, es una pieza que relata la agonía y la muerte del padre de un autor teatral en una clínica de Düsseldorf, ciudad a la cual este dramaturgo ha viajado para llevar adelante un proyecto incierto. A medida que la pieza avanza, se irán entrecruzando en un vertiginoso juego teatral las tres posibles hipótesis por las que el dramaturgo se encuentra en Düsseldorf: su asistencia a la inauguración de una exposición sobre Peter Kürten –el célebre asesino en serie alemán de principios del siglo XX conocido con el apodo de El vampiro de Düsseldorf– para la cual el autor ha escrito el catálogo, la firma de contrato como guionista de películas pornográficas con una de las productoras cinematográficas más importantes de la industria porno europea o la conversión al judaísmo por medio de su circuncisión en la famosa Sinagoga de Düsseldorf. Blanco es una suerte de prestidigitador que hace malabarismos con las ideas, las manipula, fabula, insinúa verdades o las esconde en un juego en el que es difícil separar lo vivido de lo imaginado. Un texto auto referencial en el que vuelve a desnudar algunas de sus inquietudes: el arte, el sexo como compulsión, la búsqueda de la verdad o de Dios.
Escrita en 2016 para ser representada por dos actores y una actriz, El bramido de Düsseldorf reunió a un equipo artístico de gran nivel integrado por Gustavo Saffores quien interpreta al hijo, Walter Rey que protagoniza al padre y al rabino de la sinagoga de Düsseldorf, cambiando en una transformación asombrosa tanto de su voz como de su actitud corporal y Soledad Frugone que recrea una variedad de mujeres con gran solvencia profesional. Tres actores que logran en una caja blanca como escenografía atrapar al espectador guiándolo, sin querer queriendo, por un viaje a los sentimientos. Una muestra de cuando excelentes actuaciones logran llegar o impactar en el alma del otro.

Marcela Fittipaldi

Walter Rey, y Soledad Frugone, Gustavo Saffores y el dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco

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