Apto físico: protege a los gimnasios o a los deportistas

Por Fundación Cardiológica Argentina (FCA), con el asesoramiento del Dr. Jorge Tartaglione, médico cardiólogo (MN 67.502), presidente de la FCA

En los últimos años se ha visto la proliferación de centros que ofrecen aptos físicos “en el día” o en “solo media hora”, e incluso a través páginas de compra y venta de productos y servicios. Algunos de estos centros son reconocidas instituciones médicas mientras que otros no lo son tanto. Por eso, es necesario prestar atención al lugar donde uno acude, pues el apto físico es algo más que un trámite o un papel firmado por un médico, que uno puede comprar.

Sucede que la ley N° 139/98 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, conocida como “Ley de Gimnasios”, obliga a los gimnasios a solicitar un certificado de aptitud física a las personas que realicen actividad física en sus instalaciones. El apto físico debe comprender: interrogatorio, examen físico y electrocardiograma de reposo expedido por un especialista y actualizado anualmente.

La importancia de este documento radica en que no sólo permite conocer el estado de salud de las personas -si están sanas o no-, sino también debe evaluar qué nivel de esfuerzo están en condiciones de hacer. Y esto es clave para que al momento de comenzar una actividad física o deporte no se “sobre exija” al organismo, poniéndolo en riesgo.

Para evitar las afecciones cardiovasculares, primera causa de enfermedad y muerte en los adultos, se recomienda dejar el sedentarismo y mantener una actividad física adecuada. Ahora bien, a pesar de los beneficios que aporta a la salud, la actividad física no es inocua ni está exenta de riesgos.

 

La consulta con el médico de cabecera resulta clave para detectar situaciones que pueden resultar riesgosas al hacer ejercicio y, así, el apto físico es la posibilidad de tener un control de la salud y de poner en práctica la medicina preventiva.

 

CONTROVERSIA

 

En nuestro país la enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte, una triste estadística que se replica en todo el mundo occidental. Asimismo, la muerte súbita en los gimnasios es poco frecuente, pero existe. Este tipo de casos ha dado lugar a preguntarse si es suficiente un electrocardiograma para definir la aptitud física.

Si bien la Ley así lo establece, esto no alcanza. Esta práctica por sí sola no tiene la precisión necesaria para diagnosticar una enfermedad cardíaca.

Realizar un electrocardiograma brinda información sobre la conducción eléctrica del corazón, permite observar si una persona presenta bloqueos o arritmias y detectar secuelas de antiguas lesiones coronarias, pero no sirve para descubrir algunas afecciones que requieren cuidados específicos.

  • Por ejemplo, los antecedentes de mareos o pérdidas de conocimiento -durante el ejercicio o en cualquier otro momento- son signos de alerta a considerar antes de proseguir con una determinada práctica.
  • Los fumadores tienen mayor riesgo de padecer una afección no detectada en las arterias coronarias. Para ellos, el esfuerzo que implica el ejercicio puede precipitar un acontecimiento vascular, como el infarto.
  • Las mujeres que llegaron a la menopausia o tienen sobrepeso son más propensas a desarrollar enfermedades vasculares que las más jóvenes o delgadas.
  • También, es importante prestar atención a la ocurrencia o aparición de dolor de cabeza cuando se hacen ejercicios o esfuerzos, dado que puede asociarse a causas vasculares cerebrales.
  • Las personas con antecedentes de familiares que murieron jóvenes debido a problemas cardíacos deben realizarse exámenes exhaustivos para descartar alguna enfermedad hereditaria en la estructura del corazón que pueda favorecer las arritmias y la muerte súbita.

Todo esto demuestra la importancia del apto médico y la responsabilidad que cada uno tiene de no tomarlo como un trámite burocrático para evitar comprometer la salud.

De ahí la importancia de no pedírselo a  un “médico amigo”, para que realice el certificado sin hacer las revisiones pertinentes, ni “comprarlo” en cualquier lado.

Es fundamental recurrir al médico de cabecera o al centro de salud más cercano para que el profesional nos interrogue, conozca nuestra historia familiar y, en función de ello, indique los estudios necesarios para evaluar nuestra aptitud física de manera seria e integral.

El apto físico es un acto médico que debe proteger a las personas, no a los gimnasios.

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