El vino ecológico que elabora el copresidente de la relojera Chopard

Scheufele, 59 años, posa junto a las barricas donde reposan sus vinos ecológicos, en Chateau Monestier La Tour, Francia.

 

El copresidente de Chopard Karl-Fiedrich Scheufele ha culminado su pasión por el vino con la compra de unos viñedos en la región francesa de Bergerac. Su producción se rige por innovadores parámetros biométricos.

Formar parte del equipo de comunicación de Chopard tiene que ser uno de los trabajos más estresantes de la industria relojera. A la cantidad de novedades que la firma ginebrina suma a su catálogo cada año hay que añadir la incansable actividad de su copresidente Karl-Friedrich Scheufele. Perseverante como pocos, Scheufele tiene la virtud de concretar cada una de sus pasiones en un proyecto real, y ahí está su esforzado equipo para apoyar la actitud estajanovista de su jefe. Su amor por los coches clásicos ha llevado a Chopard a convertirse en el principal patrocinador de la carrera Mille Miglia. La afición por los relojes históricos se concretó más tarde en LUCEUM, un pequeño aunque sorprendente museo ubicado en la manufactura de la firma en Fleurier.

Karl-Friedrich Scheufele se ha interesado desde jovenn por los vinos. El Borgoña es su preferido, por lo que los cultiva en su terreno Chateau Monestier La Tour

Después llegó el interés por Ferdinand Berthoud, que ha acabado en forma de premiada firma que lleva el nombre del famoso relojero suizo del siglo XVIII. Y ahora es el turno del vino. A Karl-Friedrich Scheufele le encanta. Es uno de sus grandes amores. Podría haberse limitado a acaparar botellas de su favorito, el Domaine Romanée-Conti Richebourg, en su casa de Ginebra e ir dándoles salida cada noche acompañado de su familia y amigos. En su lugar, ha comprado una bodega en la región francesa de Bergerac. Al menos el equipo de comunicación de Chopard tiene el consuelo de que su jefe no sea aficionado a la física nuclear: seguro que les hubiera propuesto levantar su propio acelerador de partículas.

“No, mi pasión por el vino no es algo que haya surgido de repente”, nos aclara él mismo. “A los miembros de mi familia siempre nos ha gustado mucho comer y beber bien. Siempre hemos tenido mucha cultura de la mesa. Mi abuelo me enseñó a amar el vino en mi adolescencia, cuando me daba a probar sus botellas preferidas. Él era una enamorado de los vinos de Borgoña y supo transmitirme su pasión. Hace más de veinte años abrí La Galerie des Arts du Vin en Ginebra, especializada en vinos de Burdeos”. Años más tarde llegó La Caveau de Bacchus, con establecimientos en Ginebra, Gstaad y Gland, las tres ciudades de Suiza. “Llegar a tener bodega propia ha sido para mí un paso natural. Cerrar un círculo abierto hace muchos años”. La decisión la tomó en 2012 junto a su mujer Christine y el lugar elegido fue Chateau Monestier La Tour. “¿Conoce la sensación de entrar por primera vez en un sitio y sentirte como en casa? Esto fue lo que nos pasó cuando descubrimos el château”.

El Chateau Monestier La Tour ha tenido diferentes dueños hasta que llegó a los Scheufele.

Los orígenes del château retroceden nada menos que al siglo XIII. Durante siglos fue el hogar de las familias nobles de Bergerac hasta que a finales del siglo XIX el conjunto fue restaurado respetando la tradición arquitectónica de la zona. Elegante y situada en un ambiente de ensueño, el Chateau Monestier La Tour ha conocido diferentes dueños (la lista incluye la famosa soprano neozelandesa Kiri Te Kanawa) hasta la adquisición por parte del matrimonio Scheufele. “Bergerac no es precisamente la región más prestigiosa de Francia en cuestión de vinos, pero me encantan esta propiedad, sus viñedos, el edificio y todo lo que le rodea. Es un reto que afrontamos entusiasmados”.

Visita al herbolario

Chateau Monestier La Tour es un dominio modesto en extensión. La superficie cultivada hoy en día alcanza las 26 hectáreas, catorce de ellas dedicadas al vino tinto con un reparto de los viñedos de 70% merlot, 20% cabernet franc y un 10% malbec. El área de cultivo para el vino blanco comprende un 35% de sauvignon, 50% de sémillon y 15% de moscatel. Los nuevos propietarios han mantenido el trabajo de modernización realizado por el anterior dueño, el empresario holandés Philip de Haseth-Möller, combinándolo con una política de mejora a cargo del nuevo equipo. Entre las innovaciones aportadas destaca la intención de conseguir una producción regida por parámetros ecológicos. El equipo ha reducido al mínimo la presencia de agentes químicos en el cuidado de los viñedos para sustituirlos por un sistema biométrico. “Aquí en Monestier La Tour cultivamos las plantas medicinales con las que tratamos las cepas”, nos comenta Christophe JP Berthelot, director comercial de Chateau Monestier La Tour.

Patio del Chanteau Monestier La Tour (Francia), donde se cultiva uva desde 1792. La torre es su elemento más característico.

Es un proceso similar al que seguimos las personas cuando, por ejemplo, hervimos unas hojas de eucaliptus cuando estamos congestionados. “Preparamos unas infusiones gigantes con las que después rociamos las cepas. Usamos plantas como la valeriana, la cola de caballo, el hinojo o la ortiga. Cada una tiene un cometido, ya sea para reducir la humedad de la tierra, proteger a la viña del calor o del frío. La biometría se ha empleada por generaciones de agricultores, aunque ahora seguimos un método más preciso para saber cuándo tratar las vides y con qué cantidad de infusión”. Según sus responsables, este método de cuidado consigue que las cepas sean más fuertes y resistentes a los agentes externos. Este tipo de tratamiento natural no altera el bouquet del vino, aunque todavía es pronto para saberlo al haberse incorporado hace apenas un año. “Puede que diez años de tratamiento biométrico llegue a tener su influencia en el sabor. Será parte del encanto de nuestros vinos”. El proceso sostenible del cultivo y recogida la uva es uno de los proyectos más importantes de Karl-Friedrich Scheufele para Chateau Monestier La Tour. “Intentamos hacer lo mismo con nuestros relojes, como el emplear oro de comercio justo”, nos apunta el copresidente de Chopard. “Al fin y al cabo, el reloj mecánico es uno de los objetos más sostenibles que ha dado la industria. No necesita batería o combustible externo.

Funciona gracias al movimiento que haces al desplazarte”. No es la única analogía que Scheufele ha encontrado entre el elaborar vino y la fabricación de relojes. “Los dos necesitan el trabajo artesanal y mucha dedicación para obtener un buen resultado. Tienes que cuidar cada detalle y también saber esperar. Ahora estamos recogiendo la uva y hasta dentro de dos años no obtendremos el vino. La fabricación de un mecanismo relojero puede llevarnos entre tres y cinco años. En ambos casos hay que saber esperar”. Aunque también encuentra diferencias. “En relojería, si haces bien tu trabajo y sigues los pasos correctos, siempre darás con el producto que has imaginado. En el vino ya puedes tener todo controlado que la naturaleza ya se encargará de jugar su papel. Te encuentras indefenso ante su voluntad, aunque esta incertidumbre es parte del encanto de ser vinatero”.

Datos sobre el Chateau Monestier La Tour

– La torre es el elemento más característico del château. Fue recontruida en el siglo XIX por el famoso arquitecto Viollet-le-Duc a partir elementos de la arquitectura medieval. El reloj de sol que decora una de sus paredes (cadran en francés) da nombre a sus dos vinos más populares.

– Las primeras menciones al cultivo de la uva en el Chateau Monestier La Tour datan de 1792, aunque no fue hasta 1824cuando aparecen reflejados en sus registros la producción de vino en al menos 29 hectáreas de la propiedad. No fue hasta 1971 cuando el dominio fue reconocido oficial como bodega.

– El Chateau Monestier La Tour de 2012 ha ganado este año la medalla de oro en la denominación Côtes de Bergerac en la 21ª edición del concurso de vinos del Sudoeste de Francia.

Un vino joven

La producción actual de Chateau Monestier La Tour ronda las 140.000 botellas. Tres clases de vino comprenden el grueso de la producción. El más abundante (70.000 botellas) es el tinto Bergerac Cadran, elaborado con Merlot, Cabernet Franc y Malbec. El precio de la botella de la añada 2014 es de 9,50 euros. También tinto es el Côte de Bergerac de 2012 (10.000 botellas), el preferido del propio Scheufele y con un precio de venta al público de 14.50 euros. También producen blanco (50.000 botellas) y rosa (5.000 botellas) con el sello Cadran, a un precio de 8 euros la botella. Una muy pequeña parte de la producción se dedica al vino de licor Saussignac propio de la región. Son apenas 1.300 botellas con un precio de 17 euros.

“Como puede comprobar, no son vinos caros” señala Karl-Friedrich. “Están en la media de la producción de la región de Bergerac. “Es probable que, con el paso del tiempo y la progresiva introducción de la biometría y los nuevos equipos suban su precio igual que su calidad y prestigio. Pero no hemos hecho nada más que empezar. Apenas llevamos aquí desde 2012 y es ahora cuando comenzamos a recoger los primeros frutos de nuestro trabajo. El tiempo dirá si lo hemos hecho bien o no, aunque tengo una ilusión enorme por situar a Chateau Monestier La Tour en el nivel que tanto esfuerzo merece”.

Relojes

Este es la versión reciente de la colección LUC en acero. Cuesta 7.790 euros.

La visita realizada a Chateau Monestier La Tour, la primera en su historia dedicada en exclusiva a la prensa, sirvió para conocer en proyecto vitivinícola de Karl-Friedrich Scheufele, aunque también sirvió para presentar varios nuevos modelos de la colección LUC, la línea de relojes con movimientos propios procedentes de su manufactura de Fleurier. Representa la oferta más exclusiva de Chopard: sólo 3.000 de los 60.000 relojes que la firma fabrica cada año están equipados con calibre LUC.

Entre las novedades estaba la nueva generación del ultraplano LUC XPS, del cual ya vimos algunas de las referencias en la pasada edición de Baselworld. Las versiones más recientes están disponibles en acero, oro rosa, oro blanco y platino. Todas tienen el común el limpio diseño de una esfera acoplada a una caja de 40 milímetros de diámetro por un grosor de 7,2mm. Los movimientos son todos automáticos con una reserva de marcha que oscila entre las 58 y 65 horas, según versión.

Este es el LUC Heritage Grand Cru que conserva misma forma tonneau de la caja. Su precio es de 21.970 euros.

También fue presentado el LUC Heritage Grand Cru, un modelo de caja tonneau que perpetúa la tradición seguida dentro de la colección desde que en 2001 fue lanzada la primera de las referencias con este formato de caja. La gran originalidad de este reloj consiste en la elección de un movimiento, creado en exclusiva para este modelo, que conserva misma forma tonneau de la caja, algo muy difícil de encontrar en la actualidad. El diámetro de la caja ronda los 39 milímetros, con un grosor de 7,75mm. El movimiento es igualmente automático con reserva de marcha de 65 horas y certificación COSC de cronometría al igual que todos los modelos LUC equipados con segundero. Disponible únicamente en oro rosa, su precio es de 21.970 euros.

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