Estrés y alcohol

Por la Dra. Virginia Busnelli (MN 110351), Médica especialista en Nutrición. Directora Médica de CRENYF

 

Estamos empezando un nuevo año, podemos tomarlo como una gran oportunidad para informarnos, tomar conciencia y elegir mejor cuando de nuestra salud se trata.

Hay una realidad que no es ajena a ninguno de nosotros y que tiene que ver con que, muchas veces, en encuentros, reuniones y fiestas de fin de año (como las que seguramente todos hemos tenido hace sólo días atrás) solemos asociar la celebración a los excesos tanto en la comida como en la bebida calórica (ya sea con o sin alcohol).

Quien más quien menos, la época actual conlleva ciertas dosis de estrés de las que nos es difícil mantenernos ajenos, más aún hacia el cierre de año cuando repasamos lo vivido, lo hecho, lo sin hacer y nos enfrentamos a abordar nuevos desafíos. Es en este contexto de estrés en el que, muchas veces, consumimos bebidas alcohólicas a reiteración… un brindis, dos, un tercero, otra reunión…un nuevo brindis…

Si bien es cierto que las bebidas con alcohol producen relajación y desinhibición, sensaciones que algunas personas buscan para bajar los niveles de estrés y así pasar un momento de calma sobre diferentes situaciones, esto es tanto sólo una sensación pasajera. Los excesos no harán que los problemas desaparezcan, y al paso de su efecto, el estrés seguirá allí esperándonos. Incluso, por el contrario, podemos generar más inconvenientes debido a que el juicio y el control de impulsos estarán afectados por la depresión del sistema nervioso central.

Si al preguntarnos ¿para qué estoy consumiendo alcohol? la respuesta se relaciona con frases como “para sentirme mejor” o “para dejar de sentir” puede ser que esté haciendo un uso nocivo del alcohol y quizás sea el momento de buscar ayuda profesional.

Hacer un uso nocivo del alcohol abarca distintos factores:

  1. Consumo excesivo.Hace referencia a exceder el consumo recomendado por día, por ejemplo, más de dos copas de vino en el caso de mujeres y más de tres en el caso de los hombres, siendo ambos adultos sanos.
  2. Consumo explosivo.Suele darse en adolescentes los fines de semana. Se refiere a una ingesta abundante de alcohol en períodos cortos de tiempo usualmente asociada a competencias o desafíos. Este consumo, no da el tiempo necesario para que el hígado pueda metabolizar el etanol presente en la sangre, lo que genera un rápido aumento de su concentración en el cerebro produciendo intoxicación alcohólica, pudiéndose producir incluso un coma alcohólico con riesgo de vida.

Del mismo modo que es posible manejar el estrés sin necesidad de comer en exceso y sin asociar las crisis nerviosas a la comida excesiva que, en ocasiones, lleva al atracón; es posible manejar el estrés sin alcohol.

Es muy importante comprender que una cosa es disfrutar de un brindis, beber un copa por gusto sin más excusa que disfrutarla y otra, muy distinta, es excusarse en el brindis para tomar sin control y enajenarse o abstraerse de la realidad.

 

¿Cómo manejar el estrés sin alcohol?

Identificar la causa de estrés en el momento: Cuando se comience a sentir un “vacío” en el estómago o que el corazón se acelera, llevar la atención a las sensaciones y revisar qué pensamientos están pasando por la mente en ese momento para determinar si está en tus manos resolverlo o no. Evitar el impulso de excederte en el consumo de alcohol para “hacerle frente” al problema.

Permitir que la emoción termine su curso: Al experimentar cualquier emoción, tratar de registrarla. Unos segundos de reconocimiento le dan lugar a la emoción, es decir, validar su presencia dentro de nosotros.

Descansar y relajarse: Usar tu tiempo libre en actividades que aporten a tu desarrollo es siempre una buena opción. Practicar actividades artísticas, hacer ejercicio, aprender a respirar correctamente, leer, asistir a eventos culturales o seguir alguna disciplina espiritual siempre es de utilidad pues nos ayuda a relajar el cuerpo y ver las situaciones desde distintas perspectivas.

La actitud lo es todo: Recordar que el estrés existe para protegernos y alertarnos, experimentarlo no siempre es negativo; la diferencia está en la frecuencia y la intensidad con la que se experimenta. Buscar apoyo profesional para acompañar un proceso estresante si es necesario, para evitar padecimientos más complejos trabajando las  emociones y pensamientos.

Por último, es importante saber que no existe una cantidad mínima de alcohol no perjudicial. Pero sí existe una recomendación de consumo brindada por la OMS (Organización Mundial de la Salud), 30g de alcohol en hombres y 20g en mujeres adultos sanos, equivalente a 3 copas de vino en el hombre y 2 en mujeres que marca la diferencia entre uso y abuso del alcohol, y que si se supera puede tener consecuencias muy peligrosas para la salud.

Planteamos para este 2017 que está empezando el desafío de cuidarnos sin dejar de disfrutar, aprendiendo sobre hábitos saludables y la importancia de evitar los excesos.

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