Una tendencia que crece

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Salir a comer a un  restaurante a puertas cerradas o en casas particulares

 

Cada vez son más los que se animan a vivir una experiencia distinta en la tradicional propuesta de “ir a comer afuera”. Conocer gente, disfrutar del momento sin apuro y la atención personalizada están entre las principales razones de una tendencia que crece en todo el mundo, y que ya tiene sus referentes también en  la Argentina.

Ir a la casa del cocinero –amateur o profesional- conociendo de antemano el menú, predisponièndose a compartir la mesa con  desconocidos… ¿suena interesante? Para millones de comensales en todo el mundo evidentemente sí; y en muchos países como la Argentina ya es habitual que parejas, grupos de amigos, solos y solas, compañeros de trabajo y hasta familias elijan reservar sus lugares a través de la web para asì vivir una experiencia culinaria distinta.

Muchos datan que el surgimiento de este fenómeno se inició a principios de este siglo en Estados Unidos,  extendiéndose luego alrededor del mundo. Se conoce como mealsurfing, inspirada en el coachsurfing, esa generosa costumbre de recibir viajeros en casa a cambio de nada más que educación, higiene y amabilidad. Se hizo muy popular entre viajeros de todo el mundo, que cuando lo hacìan conocían la comida autóctona “sin filtros”. El término tomó su nombre inspirado en el couchsurfing, que es similar pero incluye alojamiento en casas particulares. Internet, con las redes sociales, las webs y las aplicaciones especializadas, hicieron de estas movidas algo global.

El mealsurfing fue adquiriendo distintos matices y opciones como los “restaurantes a puertas cerradas”, que se destacan por su ambiente íntimo y a los que se acceden solo con reserva previa. Por otra parte, para quienes quieren un servicio personalizado y exclusivo, existen cocineros que abren las puertas de sus casas ofreciendo un menú especial que se publica en la web. Se puede reservar toda la mesa para un grupo determinado –trabajo, familia, amigos- o bien ir solo o en pareja para  conocer gente, sociabilizar y compartir la mesa con otros.

Una tendencia federal

Julio Lunghi, fundador y cocinero de A Fuego Fuerte, es uno de los pioneros de la tendencia. Hace cuatro años que recibe en su departamento de Recoleta hasta a ocho invitados por noche. El menú y el valor se publican en su perfil en  redes sociales y en su web, www.afuegofuerte.com.ar Los interesados hacen la reserva esperando un llamado de confirmación en el que se les brinda la dirección exacta del lugar.

La experiencia comienza desde que tocan el timbre”, explica Lunghi. Al llegar, los invitados son recibidos por su hija.  Luego de unos tragos con recetas “secretas” y de unas exquisitas entradas se pasa a la mesa.  El living está tenuemente iluminado con velas generando una atmósfera relajada, agradable. Dependiendo la ocasión y, generalmente a pedido de los propios invitados, Julio  comparte el café con alguna delicia, pero sin dejar de atender a todos y a cada uno de los comensales hasta en los más mínimos detalles.

Más allá de las recetas –que jamás son reveladas, como hacen los magos con sus trucos- el gran secreto del éxito de A Fuego Fuerte está no solo en el alto nivel de la gastronomía sino también en la forma de manejar los tiempos y la devoción por lo que hace el cocinero: “Yo recibo a mis invitados como recibo a mis amigos: poniendo lo mejor en cada encuentro para que disfruten de mi casa y de mi comida, sin limitar cantidades ni escatimar en la calidad de lo que ofrezco”, indica Lunghi.

En Rosario, un caso emblemático es el de Cuadra Bistró, un sitio rústico y de época que en el año 2011 pasó de ser una panadería a un restaurant exclusivo a puertas cerradas. Fue tal el éxito del emprendimiento que actualmente tienen empleados y solo toman reservas por la web con lista de espera todos los fines de semana.

En Mar del Plata también logró un éxito rotundo siendo una de las referentes Roxana Oszust, quien en una única mesa recibe, en su casa, un máximo de diez invitados con un menú fijo que publica de antemano. Su emprendimiento se llama El Rox, y desde que empezó a hacerlo profesionalmente, a principios de 2015, la demanda fue creciendo a pasos agigantados.

Por su parte, Río Negro tiene uno de los emprendimientos gastronómicos a puertas cerradas más conocido y exitoso: Del Sur Espacio. Situado en Cipoletti, al igual que sus colegas el chef Carlo Puricelli recibe un número reducido de invitados –no más que veinte- y por supuesto con rigurosa reserva previa. Como en la gran mayoría de emprendimientos similares, los comensales disfrutan de la comida sin apuro ni tiempos, ya que no hay recambio y la mesa es para toda la noche.

Una tendencia en crecimiento

En definitiva, estos son solo algunos ejemplos de emprendedores que se animaron a abrir sus casas para recibir invitados a comer a en sus mesas. Desperdigados a lo largo y a lo ancho del país hay decenas de casos, la mayoría en Capital Federal  y Gran Buenos Aires, pero también es fuerte la movida en ciudades más alejadas y en provincias como Mendoza, Córdoba, Salta entre otras.

Como en todos los rubros, en esto de “comer a puertas cerradas” hay verdaderos expertos de la cocina que además son anfitriones de lujo, como también oportunistas y buscavidas sin demasiado talento. En tal sentido, siempre es recomendable leer los comentarios y las calificaciones que se les dan en la web para evitar un mal momento cuando uno decide comer “en casa de otro”.

10 razones para comprender el éxito de esta tendencia

 

* No hay que esperar una mesa para sentarse (todos funcionan con reserva previa).

* Los invitados pueden dejar sus pertenencias sin tantos recaudos.

* Se puede ver la cocina, la comida y conocer al cocinero.

* Dependiendo la modalidad, no hay horario para retirarse.

* Posibilidad de vivir la experiencia de comer con gente desconocida.

* Al ser sitios con pocas mesas, suele haber menos ruidos molestos y más privacidad.

* Se pueden organizar festejos íntimos, ya sea de trabajo, familiares u otros.

* Dependiendo de la modalidad el valor pactado es final, sin importar la cantidad de bebidas que se consuman.

* Tanto en la previa como después de haber comido, se puede disfrutar de la charla en sillones y espacios típicos de una casa.

* La comida es la excusa para vivir una experiencia distinta, relajada, comiendo comida casera pero sin tener que lavar platos ni levantar nada de la mesa al final de la noche.

 

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