Desdes Galicia: A Veiga, más cerca del cielo por Alberto Traversa

Debía haber escrito este post hace ya días pero cuando uno tiene la oportunidad (gracias a la invitación de Xosé Merelles) de compartir unas vivencias únicas, con una “troupe” de viajeros empedernidos (que eso son los bloggers de viajes), descubriendo a unas personas que viven por lo que creen y en un rincón del mundo donde el cielo está casi al alcance de la mano, se hace difícil transmitir cada pasaje de esta vivencia singular. Y esto es así porque cada uno de los que viven en el municipio de A Veiga (Ourense) se han mimetizado, en cierto modo, con unos paisajes y un entorno natural tan extraordinarios como la misma historia del lugar.

La propuesta era conocer de primera mano lo que ofrece el geodestino Trevinca-A Veiga, una Zona de Especial Conservación donde la tierra y las estrellas integran un escenario tan espectacular que nos hacen sentir la verdadera -y pequeña- dimensión de los seres humanos.

Todo comenzó con una estancia en el establecimiento O Trisquel, más que una casa de turismo rural, un cálido refugio para los amantes de la montaña que encuentran en esta comarca la quintaesencia de su pasión. Allí conocimos al que sería uno de nuestros anfitriones del viaje, Cholo (Antonio Fernández), de profesión montañero y que a sus vitalísimos 72 años representa la historia viva de Pena Trevinca y no sólo por sus inmensos conocimientos de la orografía de la zona, sino por esas huellas que marcan un rostro satisfecho por la recompensa de su amante eterna: la montaña.

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Macizo de Peña Trevinca

Trevinca -que significa tres vínculos- es la cima de Galicia y une en las alturas a tres picos que sobrepasan los dos mil metros: Pena Trevinca (2.127 m.), Pena Negra (2.121 m) y Pena Surbia (2.116 m), tres titanes que apuntan al cielo entre otra gran cantidad de picos colindantes que constituyen el denominado Macizo de Trevinca.

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El grupo en Peña Trevinca

Allí, desde las tierras altas de Galicia, el grupo de viajeros escucha a Cholo: “En Galicia falta que se reconozca la singularidad del turismo de naturaleza de montaña”, dice con cierto tono de resignación. Es el momento de las fotos, de sensaciones de pequeñez ante tal exuberancia paisajística. Alguno visualiza (binoculares en mano) el vuelo de una de las cuatro parejas de águilas reales que habitan estas alturas y que semejan vigías que custodian los cielos gallegos. Mientras, Cholo narra pequeñas historias de estas tierras, donde los “maquis” se hicieron fuertes contra el régimen franquista. Nos cuenta de minas abandonadas que fueron refugios de los clandestinos y de la presencia de los nazis en procura del preciado wolframio (tungsteno) que utilizaban para sus tanques y proyectiles, durante la Segunda Guerra Mundial.

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Lagoa do Serpe

De regreso, en los vehículos 4×4 (únicos que pueden escalar las inclemencias de estos territorios) visitamos las Lagoas da Serpe, de Ocelo y de Carrizais, ahora cristalinas y de plácidas aguas pero que en invierno y con la llegada de los fríos (desde finales de diciembre a finales de marzo) se transforman en glaciares, los únicos que existen en la actualidad en Galicia y segundos de España tras los Pirineos. En ellos bebe la riquísima fauna del lugar: lobos, gamos, gatos monteses, zorros, ciervos, muflones o corzos; un auténtico zoológico en libertad, que constituye otro de los innegables atractivos del lugar. También aquí el relato es tan original como el croma del paisaje, pero en este caso mítico, ya que dice la leyenda que en la Lagoa da Serpe vive una joven y bella princesa transformada en dragón y que solo en la noche de San Xoán vuelve a su forma original…, pero esa es otra historia.

Mientras nos vamos mimetizando con el entorno, Cholo nos explica que durante la glaciación de la Tierra, hay huellas que delatan que estas lagunas crecieron, heladas, más de 250 metros del altitud. Nos resulta imposible imaginarnos esa foto cuando observamos tanta belleza en calma. “Algunos aún peleamos por hacer que este territorio sea declarado Parque Natural, pero otros intereses impiden que así sea”, enfatiza el montañero. Más tarde e indagando entre otras gentes del lugar, le ponemos nombre a ese frenazo en el intento de ser catalogado como Parque Natural. Se llama caza y la explicación es fácil. Habida cuenta de la singularidad de la fauna que existe en la comarca, para los cazadores esta región es un auténtico paraíso y no están dispuestos a perderlo.

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Locomóvil, próximo a  las minas de Vilanova

Algo de senderismo mediante y con un sol que parece no tener clemencia, nos acercamos a lo que Cholo denomina “locomóvil”, que no es otra cosa que una máquina generadora de electricidad que abastecía la labor en el interior de las minas de wolframio. Es de origen británico, data de 1940 y es una de las escasísimas piezas de este tipo que existe en Europa. Básica y rudimentaria, su función era quemar madera transformándola en vapor con lo que generaba la energía indispensable. Varios miembros del grupo comentamos lo mismo: qué pena que esta pieza histórica no encuentre un sitio adecuado en un escenario abierto al público. Se me ocurre intuir que esto también forma parte de la idiosincrasia del lugar, porque en esta región, turísticamente apenas explotada, lo maravilloso es preservar la naturaleza y no contaminarla con la masificación humana que a la larga todo corroe, convirtiendo en parques de atracciones la majestuosidad de lo puramente natural.

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Bosque de abedules

Pero si rica es la fauna de la comarca no lo es menos la flora, donde los bosques de robles y abedules circundan por doquier y bien podrían convertirse en escenarios naturales de una nueva versión real del filme “Avatar”. Remansos de sombras que nos protegen de un sol inclemente y que nos permiten descubrir el famoso “rayo verde”, que los más incautos buscan con ahínco en cada  puesta de sol en el horizonte. Pero aún quedaba el “leiv motiv” de nuestro viaje: las estrellas. Y allí nos fuimos, pasada la medianoche, a la Tablilla das Lagoas. Aquí está el mejor observatorio natural de Galicia donde se puede ver el infinito (con permiso del Parque Natural das Illas Atlánticas). A Veiga y más precisamente Trevinca acaba de ser homologado mundialmente como Destino Turístico Starlight.

La Vía Láctea rozándonos los dedos, el Camino de las Estrellas, las Perseidas, Júpiter y hasta unas titilantes luces lejanas (que aún así se pueden visualizar a simple vista y que nos explican son parte de otra galaxia a 2,2 millones de años/luz de la Tierra) integran un cuadro espectacular, sobrecogedor, luminoso. No se trata de una noche estrellada, es el brillo de un cielo único, en un lugar único, donde el mejor relato cinematográfico de ciencia ficción semeja un cuento de hadas a la vista de este paisaje astronómico.

En este Destino Starlight, en septiembre y coincidiendo con la luna llena, se lleva a cabo la marcha nocturna denominada “Entre lobos y estrellas”. En octubre también son cita ineludible para los profesionales y aficionados las jornadas de AstroTrevinca, en tanto que desde el propio Ayuntamiento de A Veiga se busca formar a monitores con ciertos conocimientos en astronomía para servir de guías y capitalizar así este maravilloso recurso turístico, que solo es posible aquí gracias a la altura y a la casi total ausencia de contaminación lumínica.

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Embalse de Prada

Al día siguiente aún nos quedaba recorrer en catamarán (inmenso Manuel, nuestro patrón) el Embalse de Prada, que a lo largo de sus 11 km. de extensión total (y más de 20 m. de profundidad) cuenta con áreas recreativas y playas -“Os Franceses” y “Coiñedo”- donde además de realizar esta actividad se puede practicar piragüismo, surfboard u otros deportes náuticos. En verano es la zona “del agua” de A Veiga, muy concurrida por vascos y madrileños, aunque aún -y afortunadamente- bastante desconocida hasta para los propios gallegos. Además, en todo el entorno del embalse existe una Ruta Verde: 33 km. para realizar senderismo o cicloturismo.

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O Coiñedo

Hasta aquí el viaje a A Veiga, un contenido con una potencialidad turística impresionante pero donde lo natural no se negocia. Pero como en todo, si el contenido es extraordinario, el continente (la parte humana) también lo es. Por ello, valoramos la frase del alcalde de A Veiga, Juan Anta, que -inversamente a este relato- fue quien nos dio la bienvenida: “Los novecientos cuarenta habitantes de este concello estamos por la labor de reinterpretar el rural, que es la única forma de preservar y consolidar la vigencia de estos pueblos”. También apunta un dato curioso: A Veiga, a pesar de ser el único ayuntamiento ourensano por el cual no pasa el Camino de Santiago, es el segundo de Galicia (después de Sanxenxo) que más crece en turismo durante el verano, con una población de más de 5.000 personas.  Este incremento del 340% de su población se aloja en las 150 plazas turísticas con que cuenta A Veiga, en la gran cantidad de viviendas de verano que hay en el municipio y en la oferta de servicios de las proximidades (O Bolo, A Rúa, etc.).

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Aira da Petada, la singularidad de un establecimiento de piedra

Pero además de los proyectos para dinamizar el municipio que tiene entre manos el alcalde (algunos podrían ser pioneros en España), es de agradecer la paciencia, predisposición y permanente sonrisa de Mar Giraldo, la guía de turismo del Ayuntamiento, quien no cejó en su empeño de hacernos sentir como en casa en todo momento. De igual forma, y aunque no mencionemos a uno por uno, sí merecen los mejores piropos nuestros anfitriones hosteleros de O Trisquel, Eido das Estrelas, Aira da Petada y Árbores de Lenda; establecimientos acogedores donde la gastronomía marida en calidad y servicio con la singularidad del destino. Por cierto, en cada uno de estos establecimientos se encuentra a disposición de los clientes y visitantes un gran cañón, que no es otra cosa que un telescopio, desde el cual puede verse tan grande como un cromo a Marte o Júpiter. Así lo comprobamos.

El mejor epílogo de este viaje es otra frase del inefable Cholo: “Todos los recursos turísticos que tenemos en A Veiga son como una maravillosa sinfonía donde cada instrumento (recurso) debe integrarse para que suene más brillante y completa en su totalidad”.

A Veiga, más cerca del cielo

Texto y fotos Alberto Traversa

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