La familia que engalana los caballos de los reyes y de Hollywood

De pie, de izquierda a derecha, Francisco Zambrano Leal del Ojo,...

De pie, de izquierda a derecha, Francisco Zambrano Leal del Ojo, Marcos Muñoz Dorantes, Manuela Dorantes Caro, José Antonio Sánchez Caro y Francisco Dorantes Caro, el fundador. Sentadas, María del Castillo García Romer, Antonia Dorantes Caro y Ana Dorantes Caro. Ale Megale

Juan Carlos Rodríguez

Esta familia de Lebrija (Sevilla) elabora y restaura algunas de las mejores guarniciones para caballos del mundo. Reciben encargos de Palacio Real, Hollywood y firmas de lujo. Acaban de ganar el Premio Nacional de Artesanía.

“Buenos días, soy el Jefe de Caballerizas Reales de Palacio Real de Madrid. Le llamo porque hemos visto algunos trabajos suyos. ¿Podría hacerle un encargo para Patrimonio Nacional?”. Aquella inesperada llamada causó una pequeña conmoción en el apacible y laborioso Taller de Guarniciones Dorantes. Fue en 2005, peroFrancisco Dorantes Caro, el dueño de esta prestigiosa guarnicionería de Lebrija (Sevilla), la recuerda como si fuera hoy. “Estuve a punto de colgar el teléfono, pensando que a continuación vendría la broma. Para mi sorpresa, el encargo iba en serio”, explica el propietario de este taller fundado en 1994, uno de los mejores de Europa en el arte de trabajar el cuero para guarniciones de caballería. Los accesorios ecuestres que aquí se conservan y restauran a mano -desde collerones a baticolas pasando por sobreagujas, tiros o manoplillos- son pequeñas joyas de piel que transmiten el exquisito gusto del artesano.

La familia que engalana los caballos de los Reyes y de Hollywood

Hasta el reinado de Alfonso XIII, todas las monarquías españolas tenían sus propias guarniciones personalizadas. Sin embargo, el entonces rey Juan Carlos carecía de ellas, por lo que Patrimonio decidió encargárselas a un profesional de renombre. Y lo encontró en Lebrija, cuna de carroceros. A juzgar por los elogios la elección fue un acierto: “Guarnicionería Dorantes ha demostrado en todos sus trabajos de restauración y conservación un alto nivel de perfección y dedicación, que junto a su rigor histórico y las mejores técnicas artesanales les han llevado a crear nuestras guarniciones y a conservar y restaurar las históricas del siglo XIX”, comenta la institución. Hasta el momento la firma lebrijana ha realizado una guarnición de 8 caballos y otra de 4 y vestido 13 carruajes de la comitiva real, utilizados en los actos de presentación de las cartas credenciales de los nuevos embajadores.

Tal es la maestría de esta familia de guarnicioneros que el pasado abril recibieron elPremio Nacional de Artesanía. Especializado en la restauración y conservación de guarniciones históricas, su último trabajo Dorantes ha sido una réplica de la guarnicionería que realizó José Rodríguez Zurdo en el s. XIX para los caballos deIsabel II. “Para mí ha sido un auténtico sueño, porque este antiguo guarnicionero de la Casa Real es una gran fuente de inspiración”, afirma Francisco Dorantes (Lebrija, 1976), un tipo humilde, sensible y obsesionado con la excelencia que se describe como “un lunático de este oficio”.

Arte minucioso

En la nutrida biblioteca de su taller (unos 400 ejemplares) guarda como oro en paño el Manual del sillero y el guarnicionero de Rodríguez Zurdo, publicado en 1861, en plena edad de oro del carruaje español. “Mis mejores maestros han sido los libros. Éste me costó unos 1.500 euros, pero los pagué con gusto”, afirma. Escrito con un lenguaje primoroso, el manual es una especie de biblia donde se explican los secretos del oficio; “un arte que, aunque mecánico en sus elementos, se enlaza con las artes de lujo en sus principales artefactos”, señala el autor, por lo que “requiere algunos conocimientos previos, constante laboriosidad y cierto gusto inventivo para poder ocuparse con éxito de sus artilugios, en cuya mayor parte entra por complemento una esmerada elegancia”. Dos siglos después, estas premisas siguen vigentes en Dorantes, cuyas filigranas para Carruajes de Enganche de Tradición no tienen nada que envidiar en calidad, belleza, sutileza y acabado a otras casas europeas de alta costura como Moirano (Italia), Van der Wiel (Bélgica) o Freedman (Canadá), con mucha más solera.

La restauración es uno de los valores de Dorantes y vestir al caballo, una de sus especialidades. Entre sus trabajos, este arnés en piel de cerdo con hebillaje en plata y collerón de mimbre propiedad de Jacinto Planas Ros, abogado de Girona, que se exhibe en una estructura de metal con forma de caballo.

El discreto taller (techos altos, amplios ventanales, suelos de coloridos mosaicos) ocupa una antigua casona de 500 metros cuadrados que perteneció a los abuelos del propietario. Está dividido en cinco estancias principales: taller de restauración, corte y patronaje, almacén, biblioteca y sala de exposición. Desde la puerta de entrada se percibe un intenso olor a cuero, aunque debido al contacto diario con las pieles, los 7 empleados de esta pujante empresa apenas lo distinguen. Todos son de la familia, a excepción de Juan Francisco Zambrano, a quien llaman cariñosamente “el adoptado”. Viéndoles trabajar en silencio con sus herramientas -chaveta, media luna, lezna, bolo, compás-, ya sea cortando, alisando o lustrando el cuero, se comprende que el trabajo a mano es el verdadero lujo. Los precios, por debajo del mercado internacional, oscilan entre los 250 de un frontal hasta los 60.000 de una guarnición para Patrimonio Real, aunque las hay en torno a los 8.200.

Según Francisco Dorantes, lo que distingue a esta casa es “la calidad extrema de los materiales y el gusto por el detalle. Compramos en Lyon los mejores cueros procedentes de novillo irlandés, aunque también usamos pieles de Villarramiel del Campo (Palencia). Pedimos que el curtido vegetal, porque absorbe las manchas y envejece mejor, y que la piel tenga una cilindrada determinada para que la presión sobre el cuero sea la adecuada. Nuestro enlace con los fabricantes es muy bueno”, explica mientras su primo, José Dorantes, cose unas correas a medida que previamente ha cortado con un cuchillo de media luna. Más allá, junto al collerón (el molde de la cabeza del caballo), Juan Francisco nutre una sobreaguja con un adobo de aceite de cedro, lanolina y disolvente que compran en el Museo Británico de Conservación. “Nos cuesta 100 el kilo, pero es el mejor aislante, porque la lanolina suelta pelo de oveja”.

Si en el obrador de restauración trabajan los hombres, en el de corte y confección lo hacen las mujeres. Ambas salas están separadas por un altillo. “Nosotras estamos en Villa Arriba y ellos en Villa Abajo”, bromean Casti, Ana y Manuela (la mujer y dos de las hermanas del propietario), afanadas en lustrar hebillas de plata, armar pasadores o pintar las cucardas que adornan las sienes del caballo. De la administración y facturación se encarga la hermana mayor, Antonia; mientras que Marcos, sobrino y socio, lo mismo monta un collarón que atiende pedidos extranjeros o sube una foto a Facebook. “Estudié lo que me gustaba, ingeniería de montes, y trabajo en lo que me apasiona”, resume el joven y despierto discípulo.

Piezas preciosas

En una vitrina blanca se van guardando las piezas terminadas, desde unos tirantes a una cuarta (guarnición completa para cuatro caballos). Es el caso de un arnés de tronco de 1880 que perteneció al Marqués de Negrón y que su actual propietario, Santiago Domecq Bohórquez, llevó a restaurar. “Tras hacer un estudio histórico de la pieza comprobamos que procedía de Hermès, fundada como guarnicionería en 1837, por lo que ahora vale diez veces más”, señala el maestro Dorantes, que optó por cambiar los frágiles latiguillos y respetar las partes más sólidas. En la restauración participaron cinco operarios durante 1.500 horas. Con la entrega de cada obra, el cliente recibe un librito con el estudio técnico de materiales, el estado de conservación, el proceso de restauración y las fotos del antes y el después. El ganadero jerezano, cliente fiel, se muestra muy satisfecho con su renovado arnés, un regalo que le hizo a su madre por su 80 cumpleaños. “Dorantes es el número 1 de España. Tiene la sensibilidad de respetar lo antiguo y su manufactura es maravillosa. Por suerte para quienes tenemos enganches, él ha cogido el testigo de Duarte y lo ha superado”, explica refiriéndose a un famoso guarnicionero de Jerez ya fallecido.

Bridón perteneciente a un arnés de tronco de Hermès propiedad de Santiago Domecq Bohórquez.

Nacido en el seno de una familia de agricultores, Francisco Dorantes se crió en una granja a 12 km de Lebrija. “Desde niño me gustaban los caballos, y a los diez años mi padre me regaló una silla de montar. Supongo que de ahí viene mi afición”, cuenta Francisco, a quien siempre le fascinó “crear algo de la nada; dar vida y utilidad a una simple tira de piel”. Sus primeras manualidades fueron collares para perros y protectores para caballos. De vez en cuando Federico de Vicente, un artista bohemio que era amigo de su padre, le dejaba algún retal de cuero. “Me contaba historias inventadas y eso me hacía soñar: ‘No has visto a Curro Romero? ¡Acaba de salir del taller!, me decía. Era algo muy envolvente”. Ya tenía clara su vocación cuando, a los16 años empezó sus estudios de guarnicionero en El Cortijo del Cuarto (Sevilla), donde contactó con maestros como Paco López, conocido por sus zapatos a medida. Hasta que dos años después, en 1994, montó su primer taller en una pequeña habitación. Nunca le faltó tajo. Por entonces, la Junta de Andalucía impartía unos cursos de guarnicionería en Lebrija, a los que él suministraba artículos para restaurar. “Fue así como empecé a cubrir las necesidades de los carruajes”. Paralelamente, empezó a trabajar para el ganadero Gregorio Aranda, propietario de la colección de carruajes de época más importante de Europa, unos 150 vehículos. “Allí hice muchas piezas: desde una simple estribera a una capota o unos aletines”. Montar y desmontar los accesorios de aquellas fastuosas berlinas formó parte de su aprendizaje.

Con una curiosidad infinita por investigar, su trayectoria ha sido “una búsqueda incansable, una inquietud que no te deja vivir”. A sus conocimientos de zapatería se unieron sus estudios de carpintería y orfebrería, lo que ahora le permite conjugar cuero y herrajes. Así resume la evolución del taller a lo largo de estos 20 años: “Empezamos haciendo monturas, después calzado a medida (aunque al estar en un pueblo no había mucha demanda) y más tarde, con la compra de arneses, pasamos a la fabricación y la restauración. Hasta que, poco a poco, fuimos entrando en el mundo del lujo y el coleccionismo a través de nuestros clientes más selectos”. Entre medias coquetearon con el cine. Hicieron las botas que llevó Antonio Banderas en El Zorro; vistieron con adornos de latón una de las cuadrigas de Gladiator y arreglaron las monturas para El Quijote.

Las exhibiciones de enganches de Sevilla, Ronda y Jerez, promovidas por el Real Club de Enganches de Andalucía (fundado hace 30 años) son la Fórmula 1 de la guarnicionería nacional. Y rara es la ocasión en que el carruaje premiado no está adornado por Dorantes. El cirujano y coleccionista jerezano Antonio Gutiérrez, de 58 años, ha sido el gran triunfador de este año en Ronda (Málaga) y en Cuts (Francia), el principal certamen internacional. El trabajo de Dorantes consistió en modificar la guarnicionería americana existente por otra a la d’aumont, un tipo de enganche caracterizado por la ausencia de asiento del cochero. El resultado “es una obra de arte que se refleja en todos los detalles”, según el agradecido dueño, que escribió una carta de recomendación a la Casa Real Británica para que considerasen el buen hacer del taller de Lebrija.

“Dorantes es el número 1 del mundo. Ni Moirano, ni Van der Wiel, ni Freedman. Y reto a comparar trabajos a quien me contradiga”, afirma con rotundidad Naham Andic, fundador y exvicepresidente del gigante textil Mango. Propietario de una cuadra de 60 caballos repartidos entre sus fincas de Barcelona y El Rocío, este año obtuvo el primer premio en cuarta y el de mejor guarnicionería en la Exhibición de Enganches de Sevilla. Su afición a los carruajes se remonta a su niñez, cuando veraneaba en la isla Príncipe de su Turquía natal. “Allí la gente se desplaza en coche de caballos”. Hace unos años, admirado por la perfección de sus piezas, dio con Francisco Dorantes y le propuso vestir unos carruajes para la boda de su hija. El encargo, a contrarreloj, fue ejecutado con maestría y brillantez. Desde entonces la relación profesional se convirtió en una gran amistad. Hasta el momento, Andic les ha encargado unas 40 guarniciones que forman una de las mejores colecciones de Europa. Eso, sin contar baúles, zahones de piel de gato o asientos para los toros. En opinión del empresario textil, “la innovación ligada a la tradición, el gusto y la sensibilidad” son las principales virtudes de este artista del cuero. “Puedes ser un diseñador fantástico pero si no diseñas una prenda bonita, no vendes”, concluye.

El taller ocupa una antigua casona de 500 metros cuadrados que perteneció a los abuelos del propietario.

Nuestra visita acaba en la sala de exposiciones. Elegante y acogedora, es el lugar perfecto para admirar las piezas acabadas. Allí, un perchero en forma de caballo recibe al visitante con sus aparejos. Entre las obras, una guarnición de tronco de laCasa de Medinaceli, una sobreaguja de la guarnicionería de Isabel II o un bridón de mediados del siglo XIX que perteneció a Dina Vierny, una marchante, coleccionista y musa de artistas francesa. “Esta es una de mis favoritas. Fuimos a buscarla a unchateau francés, y ya solo eso te seduce”. Su vena coleccionista le lleva a recorrer subastas internacionales en busca de nuevos tesoros: desde un maletín de picnic a un cubre ruedas de mimbre pasando por paragüeros, tiradores o sombrereras. Pequeñas joyas de las que luego le cuesta desprenderse.

Si a Francisco le ilusiona diversificar la producción, a su sobrino Marcos no le hace demasiada gracia. “No me veo haciendo carteras”. El joven aprendiz prefiere centrarse en la guarnicionería, salir en prestigiosas revistas del sector como The Carriage Journal (perteneciente a la Asociación Americana del Carruaje) y darse a conocer en el extranjero a través de ferias internacionales. “Acabamos de estar en Windsor con motivo de los concursos hípicos y enganches que se han celebrado allí coincidiendo con el 90 cumpleaños de la reina Isabel II. Una vez nos saludó al pasar por nuestro stand. Fue un momentazo“. En compañía de colegas como Louis Vuitton o Hermés se sintieron parte de la élite.

Lo son. No solo porque Patrimonio Nacional cuente con ellos para restaurar las guarniciones que cederá al Museo de Colecciones Reales, sino porque Hermès, emblema del lujo clásico, también ha llamado a su puerta. “Quieren restaurar su museo completo de guarniciones y nos han tanteado. Es un proceso muy largo, pero sería la bomba. De momento vino a vernos el notario y ya le hemos hecho algunos trabajos para su colección privada”, sonríe el fundador. ¿Su mayor satisfacción? “Haberme criado en el campo, llegar donde he llegado y sentirme orgulloso ante mis padres. Eso es lo más grande”. Aún guarda el cuadro que Federico Vicente, el viejo bohemio que sin saberlo le inculcó la pasión de dar vida al cuero, le dedicó cuando era un niño: “Para Francisco Dorantes, el mejor guarnicionero del mundo“.

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