MISHKA COLECCIÓN AW16 por Matías Tortello

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Por Matías Tortello

Aquel que conoce al director creativo de Mishka, Marcelo Cantón, sabe acerca de su afición al cine. De ahí que sus creaciones invoquen escenas que marcaron hitos de sus épocas. Esta temporada, la generación imperante es la de los 60 y 70. Una travesía espacio-temporal hacia una Inglaterra inmortalizada por cintas como Blow Up, retrato de la vida de David Bailey, cuyas fotografías captaron el brío de la liberación juvenil. Las barreras entre lo masculino y lo femenino se desdibujan en la piel de musas que fueran sutiles en sus modos, pero radicales en sus intenciones. Actrices de la talla de Vanessa Redgrave, Catherine Deneuve y Diane Keaton inspiran un vestuario digno de una ‘gentlewoman’ moderna. Y acción.

Ratificando su savoir-faire zapatero, la marca recurre a códigos varoniles para cimentar su colección. Mocasines, declinaciones del clásico smoking, zapatillas Louis XV y abotinados en altura, se engalanan a fuerza de pompones, flecos y picados. Eso sí, preservando un purismo propio del legado japonés, vislumbrado en líneas orgánicas y bases de madera. Tampoco falta el aporte lúdico de cordones rayados, alusivos a días en que Mary Quant reuniera ingenuidad y sex appeal en sus campañas publicitarias.

Imparcial sería un retrato de Londres sin su movida musical. Profusos en hebillas, amarres y plataformas angulares, trascienden pares dignos de David Bowie y sus excéntricos personajes. Así como bandas a lo New Order o The Smiths dejaran huella sobre el escenario, las botas tobilleras de Mishka se disponen a marcar la calle. Lo hacen armadas de materialidades preciosistas –cabretilla, charol, gamuza, reptil– y monocromatismos. Su paleta admite tonos esmeralda, malva, ciruela, uva, azulino, mostaza y bordó, a la par de gris, beige, blanco y negro.

De rigor arquitectónico presume la obra de Cantón y su socio, Diego Trivelloni. Su formación en esa disciplina la evidencian guiños a la línea internacional, caracterizada por sus trazos geométricos y materiales nobles. Están presentes en botas altas tipo gogo, reversionadas con delicadeza.

Hasta la línea de carteras se extiende una vibra sixties y seventies. Reminiscentes a los clásicos talabarteros de aquellos años, priman baulitos con asa corta y sobres bandoleros. Los hay en intensos tonos y texturas dispares, cohabitando en armonía. Tampoco faltan emblemas de la casa como maxibolsos rectangulares, mochilas y “cajitas” acharoladas.      

El pilar de la línea Couture lo componen abrigos, confeccionados con paños y lanas italianas sobre una base cromática neutra. Un sacón de pelo con recortes irregulares, en tonos crudos, convive con un tapado sartorial de color níveo y corte preciso. Se les suma un batín de querencia oriental con cuello extralarge más sizas rectangulares; guiño al furor nipón que acometió París en los 70, y que supone un eje clave del imaginario Mishka.

La interpretación que la etiqueta hace del lujo, sublima la pureza de géneros –mohair, vicuña, gasa, seda natural- y la simpleza constructiva. Dan cuenta de ello sus suéteres, vestidos y ruanas tejidos, que erigen ampulosos volúmenes y costuras visibles en ornamentos por sí mismos. Maridan a la perfección con leggings de bengalina y pañuelos estampados.

En tren con la naturaleza discreta de la firma, su serie de jeans reivindica clásicos del rubro. Destacan calces pitillo, recto, bootcut, Oxford, en tiros medios y altos. A falta de estridencias, su distinción la marcan géneros turcos y botones bañados en oro.

Al caer la noche, atavíos refulgentes ganan lugar valiéndose de paillettes. En oda a Liza Minelli, quien cautivara sobre la pista de Studio 54, la mujer Mishka adopta un derivado del kimono, en terciopelo más lentejuelas con pantalones cropped. También hace lo suyo el brocato, presente en sacos Spencer y palazzos.

El otoño-invierno 2016 se alza como toda una fiesta. Lo demuestra la rusa Maria Senko protagonista de la campaña, retratada por Pato Battellini con estilismo de Simona Martínez. Y sin ánimos de que el festejo termine, Cantón asevera: “Lo nuestro es un continuo ‘work in progress’. El estilo de Mishka desconoce temporadas y evoluciona permanentemente”.

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