Ni gorda ni ‘curvy’ ni ‘plus size’: mujeres sin etiquetas

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SARA MONTERO

El físico Isaac Newton no se preocupó nunca por la moda, pero su tercera ley del movimiento describe a la perfección el funcionamiento de algunas tendencias ‘fashion’: ‘A toda acción le corresponde siempre una reacción igual y contraria’. Es lo que ha pasado con la explosión del fenómeno ‘curvy’. Un grupo nutrido de mujeres se ha rebelado contra esta etiqueta. Incluso, la tienda ModCloth ha decidido eliminar la sección ‘plus size’ de su web.

Esta firma se caracteriza precisamente por ofrecer una amplia gama de diseños para mujeres que pasan de la 42. La eliminación de la pestaña ‘Plus size’ de su tienda ‘online’ no significa que desaparezcan los tallajes más amplios sino que estos pasan a integrarse con el resto de prendas. Por ejemplo, en la categoría ‘vestidos’, la pestaña ‘extended sizes’ se coloca junto a ‘party’, ‘casual’, ‘fit & flat’ o ‘maxi’. “Las categorías de compra deben estar definidas por el tipo de ropa, no por tipo de cuerpo”, aseguraba Susan Gregg Koger, fundadora de la firma, en un comunicado.

La firma detectó que, pese al éxito de sus creaciones, muchas de sus clientas no se veían identificadas con el término ‘talla grande’ e, incluso, algunas rechazaban esa denominación. Gregg reconoce que las compras son una “experiencia social” (¿quién no ha quedado con amigos para ‘irse de tiendas’?) y, por tanto, no tiene sentido que sus consumidores tengan que separarse según sus tallas a la hora de mirar y escoger ropa. “Creo que todavía hay una noción obsoleta en la industria respecto a que la ‘plus’ debe estar separada porque se cree que es menos aspiracional, o que esa consumidora está menos a la vanguardia de la moda, o menos dispuesta a gastar en sí misma”, matiza la empresaria.

ModCloth ha recogido el testigo de una nueva corriente que cree que etiquetas como “curvy” o ‘plus size’ no suponen una integración de las mujeres con más peso en la industria de la moda, que hasta hace pocos años las marginaba en todas las fases del ciclo, desde el diseño y la fabricación hasta los anuncios publicitarios donde nunca aparecían ‘maniquís’ con curvas. La aparición de modelos profesionales que lucen cuerpos muy alejados del ’90-60-90′ y el hecho de que tiendas como ‘Violeta by Mango‘ hayan abierto el mercado a las tallas grandes es un avance innegable. Pero que tanto modelos como consumidoras tengan que ser clasificadas y separadas de las tallas S, M o L en una categoría especial solo por su peso podría ser poco integrador.

‘Curvy’: ¿un término útil o un eufemismo?

Esta nueva reivindicación coincide con un ‘boom’ de las modelos ‘curvies’, que han roto el canon de belleza tradicional y han acabado con la uniformidad de las ‘maniquís’ excesivamente delgadas sobre la pasarela. Lejos de ser una excepción, los ejemplos son muchos. Candice Huffine, con 90 kilos, ha posado para el mítico calendario ‘Pirelli’ y se ha convertido en una de las mujeres más ‘sexies’ de 2015, firmas como Mango han lanzado una línea especial para tallas grandes y modelos nacionales como Marisa Jara han reconducido su carrera también en este sentido. Incluso, se especuló con que el cielo de Victoria’s Secret se pudiera abrir a querubines más voluminosos en una nueva línea de lencería.

Pero una vez consolidado este nuevo modelo de mujer, viene la batalla lingüistica que suele producirse en las reivindicaciones de todos los colectivos. Generalmente, las marcas que han empezado a fabricar más allá de la 42, han clasificado estas prendas bajo etiquetas como ‘plus size’, indicando que se trata de un tallaje especial. ModCloth ha apostado por una denominación más amplia ‘extended size’ . Gregg ha explicado por qué han decidido renunciar a la palabra ‘plus size’: “Es un término global que podría contener en el futuro también tallas XXS, pequeñas, altas y otros tamaños más allá de la gama estándar”.

Marcas de productos de belleza e higiene como Dove prefiere usar en sus campañas la expresión ‘mujeres reales,que hace alusión a cuerpos con algún kilo de más y que pretende aumentar la autoestima de sus consumidoras, animándolas a que amen su figura. Basta con teclear estas palabras en las redes sociales para descubrir que no todo el mundo está de acuerdo con esta denominación, ya que puede excluir ‘de la realidad’ a las mujeres más delgadas.

Sin embargo, otras mujeres prefieren que tanto las tallas como las modelos se deshagan de las etiquetas que siempre las acompañan. De hecho, la columnista de Yo Dona, Carme Chaparro hablaba con ironía de esta distinción entre las modelos ‘curvies’ y las convencionales, que no llevan ningún calificativo a cuestas: “No se me vayan a confundir, ‘ladies Curvies’, y se me mezclen con las modelos de verdad, las de la talla 34. Que ellas sí que saben lucir la ropa de un diseñador. Ustedes solo han venido aquí a que lo parezca. Porque somos políticamente correctos”.

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