La casa oculta en el bosque

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Por Elena Candorcio

Concebida por Eduardo Arroyo, Casa Levene ha recibido el premio Brit Museum y el International Aluminair. En medio del Monte Abantos, en San Lorenzo de El Escorial, se levanta este icono de la arquitectura moderna, la vivienda española más galardonada de los últimos tiempos.

Una auténtica obra de arte, joya e icono de la arquitectura moderna. Así es Casa Levene, todo un referente internacional y una de las contrucciones españolas más galardonadas de los últimos años (recibió el premio Brit Museum en 2008 y el primer premio para International Aluminair en 2007). Richard Levene, arquitecto y fundador de El Croquis, una de las publicaciones de arquitectura con más reconocimiento mundial, es el propietario de esta vivienda experiencial, a la venta por 1.800.000 euros. “Buscaba un lugar cerca de la sede de la revista en San Lorenzo de El Escorial. El Monte Abantos me cautivó y cuando encontré la parcela donde está situada Casa Levene, lo tuve claro. Era el lugar perfecto, un monte centenario con el que cohabitar”, explica.

Sorprende por su innovadora manera de relacionarse y vivir dentro de la naturaleza. “Había que respetar un espacio con forma propia que ya existía y era el hogar de un frondoso bosque”, continúa. Para el dueño, la arquitectura tiene que estar al servicio de los espacios, fundirse con ellos y formar un todo en perfecta armonía: “Era un gran reto construir Casa Levene y decidí no hacerme cargo del proyecto, siempre he pensado que un arquitecto no debe proyectar su propia casa. Por eso, decidí contactar con Eduardo Arroyo, uno de los mejores del mundo”.

Después de 30 años dedicado al mundo de la arquitectura, de haber trabajado con los mejores y de fotografiar junto con el japonés Hisao Suzuki las mejores maquetas del mundo, la trayectoria y visión de Arroyo era lo que Levene necesitaba: “Había trabajado con Rem Koolhaas, y por nuestra proximidad generacional y su forma de entender la vida era lo que buscaba. Además, sus espléndidos proyectos de la Plaza del Desierto (Barakaldo, Vizcaya), la Guardería de Sondika (Sondika, Vizcaya) y el Estadio de Lasesarre (Barakaldo, Vizcaya) me dieron la clave”.

Icono

Arroyo sorprende por su proceso creativo invisible en cada una de sus obras. “La primera cita profesional con él fue en un café en San Lorenzo de El Escorial. Se desarrolló a modo de un psicoanálisis sencillo donde Eduardo consiguió extraer mis deseos reales de lo que yo quería que fuera mi nueva casa”, asegura. El proyecto duró dos años. Fue un proceso complicado, ya que en el Monte Abantos no se puede talar ningún árbol y la normativa urbanística es muy estricta. Necesitaban algo realmente innovador. “Le pedí que liberara su visión más artística de la arquitectura y consiguió crear un auténtico icono de la arquitectura moderna contemporánea que expuso en el MOMA de Nueva York”, defiende Levene.

Así nació el Antibosque, nombre con el que su creador, Eduardo Arroyo, la define. “Nos pusimos al servicio del bosque, de sus árboles y de su estructura, un compromiso personal de respeto a la naturaleza, y empezamos a construir en los claros que los árboles nos dejaban”. El espíritu de su arquitecto presente y los deseos de su propietario fueron definitivos para conseguir esta obra sublime. Un reflejo de la arquitectura de autor, en la que el Arroyo cree firmemente. Un proyecto con vida propia al que solo se tiene que escuchar: “Nació del bosque, yo iba detrás de él traduciendo lo que me contaba. Fue un momento creativo inolvidable, mi inspiración fue la de cualquier valiente de la historia por intentar conseguir una idea imposible hasta el final, como el filósofo y matemático Giordano Bruno por ejemplo”, asevera.

Una inspiración donde cada detalle tiene algo que contar. “Para no dañar las raíces de los árboles ni a los acuíferos que las alimentan, los cimientos están hechos con micropilotes hincados en el terreno del grosor de un brazo; la estructura metálica ligera de acero se construyó in situ; la construcción es toda en seco, sin hormigón y ni un solo ladrillo…”, prosigue el creador de Casa Levene.

Sus 490 metros cuadrados fueron construidos en una pendiente ascendente en sentido sur-norte, lo que proporciona unas increíbles vistas del valle. “Al ser una construcción aislada tiene una orientación de 360º. La distribución está pensada para que las habitaciones principales estén soleadas durante todo el año. Entre los pinos, la piscina se convierte en una terraza desde la que se vislumbra la majestuosa vista del Monasterio de El Escorial”, apunta Arroyo. Su cubierta de basalto pulido negro de Mongolia y sus grandes ventanales se eligieron por su especial brillo y su forma de reflejar los árboles, consiguiendo que la vivienda se funda con el paisaje. “Representa la arquitectura en la que creo firmemente: la ausencia de ese estilo grupal de lo correcto, el descubrimiento valiente de lo que todavía no sabemos hacer y la credibilidad sin concesiones en los arquitectos creadores”, continúa.

La superficie edificable tiene una forma geométrica no cartesiana y sus plantas parecen brazos salientes, siguiendo los huecos del bosque y el terreno. Consta de tres plantas conectadas por escaleras interiores; el sótano; la planta baja con una superficie de 193 m2, distribuidos en cocina con office, dos dormitorios con baños en suite, vestidor, sauna y piscina cubierta; y la planta principal de 188 m2, tiene salón, bar, comedor dos baños en suite y aseo de cortesía. En el interior tanto en las paredes como en la resina epoxi del suelo destaca también la elección de los colores. “Las resinas continuas le dan un carácter de cáscara ahuecada protectora al interior con dos colores de la teoría de Goethe: azul en zonas para relajarse y naranja en zonas de juerga vital; los colores cálidos estimulan la mente, alegran, mientras que los colores fríos aquietan el ánimo”, concluye Arroyo.

Más información. www.thesibarist.com

Fuente: “/arquitectura/index.html“>

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