Lo que el champán Louis Roederer esconde

Michel Janneau y Charles Fournier degustan el último lanzamaiento de...

Michel Janneau y Charles Fournier degustan el último lanzamaiento de la firma, el Louis Roederer Brut Nature by Philippe Starck.

POR ROSARIO FERNÁNDEZ MADRID

Es una rara avis dentro del sector del champán.

Mientras la gran mayoría de las firmas están en manos de grupos multinacionales, la maison Louis Roederer, fundada en 1776 y actualmente en séptima generación, sigue conservando su carácter familiar. Como asegura Michel Janneau, su director general adjunto, “varias generaciones de la misma familia han estado manejando el negocio con una filosofía muy precisa del vino que querían producir. Y esa política es la de tener un volumen razonable donde la calidad prime sobre la cantidad. Sentimos pasión por nuestros viñedos, de los que obtenemos vinos elegantes, bellos y estructurados. Vinos que son capaces de madurar extremadamente bien”.

La clave no es otra que el propio viñedo. De las 240 hectáreas propiedad de Louis Roederer, compuestas exclusivamente por viñedos Premiers y Grands Crus de la región del Marne, consigue el 70% de su producción. “Esto es una gran fortaleza, porque te da acceso a una gran calidad”, matiza Janneau. El 30% restante lo obtiene “de proveedores que son antiguos amigos y tienen una gran relación con nosotros ya que han estado haciendo este trabajo durante generaciones. Esto asegura que el control de calidad es perfecto, es como si fuera nuestro”.

Así, en total, la firma comercializó 3,8 millones de botellas de champán Louis Roederer en más de 100 países, a los que se suman vinos como Domaines Ott, Château de Pez-Saint Estèphe, Château Haut-Beauséjour-Saint Estèphe, Château Pichon Longueville Comtesse de Lalande-Pauillac y Ramos Pinto, propiedad del grupo. “Francia es el mercado clave para nosotros, ya que representa un 30% de nuestro negocio. Es nuestra prioridad. Si queremos estar en otros países, tenemos que ser fuertes en el nuestro”, afirma Charles Fournier, director de Exportación. EEUU, Rusia o Japón son otros mercados prioritarios y “el español es cada vez más importante, está en el top ten”, añade.

Un icono

Pero sin duda, la gran fortaleza de la maison son su Roederer Cristal y el Cristal Rosé. “Nadie tiene Cristal. Es un icono en el mundo del champán y la mejor prueba de nuestra confianza en nuestro método, a la constante de la calidad. Es una obra de arte”, resume Janneau, quien añade que “la producción de este champán nunca está al nivel de la demanda”.

Desde el lanzamiento del icono Cristal Vintage Rosé en 1976, la casa ha tardado 39 años en presentar un nuevo champán. Se trata del Louis Roederer Brut Nature by Philippe Stark. “Es la primera vez que en la marca contactamos con un diseñador. Starck estaba muy sorprendido cuando nos reunimos con él, pero no muy entusiasmado con diseñar una etiqueta, ya que nunca lo había hecho para ninguna casa de champán. Quiso participar no sólo en su diseño exterior, sino interior, y pidió realizar ese champán en la forma de un Brut Nature -sin azúcar añadido-, natural y desnudo”, explica Janneau.

El resultado es un champán que sale de una finca en Cumières, de tan solo 10 hectáreas que “es la expresión verdadera del terroir. La naturaleza y el vino hablan por sí mismos”. Las dos partes decidieron que no querían algo muy sofisticado, porque lo más importante estaba dentro de la botella, por lo que Starck se decantó por una etiqueta y un packaging puro y minimalista. Una pequeña joya de la que sólo saldrán al mercado 100.000 unidades.

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