Fallece Elio Fiorucci, el modisto de la extravagancia

Con sus atrevidos vestidos creció toda una generación de jóvenes pacifistas

El estilista Elio Fiorucci, en 2007. / LUCA BRUNO (AP)

El estilista Elio Fiorucci, padre de la extravagancia y del Made in Italy y famoso por revolucionar la moda en los años setenta, murió el pasado lunes a los 80 años en su casa de Milán. Fueron los familiares los que, preocupados porque Fiorucci no respondía a las llamadas telefónicas, alertaron a la policía, que encontró el cuerpo sin vida del modisto milanés. Multifacético, rebelde, directo y con una visión agresiva y transgresora de la moda, apostó por los colores flúor y se inspiró en diseños pop que encantaron al mismísimo Andy Warhol y a estrellas como Cher o Elizabeth Taylor.

Su particular revolución de la moda comenzó en Milán en 1976, cuando abrió su primera tienda de ropa, un local decorado en colores estridentes, con una iluminación como la de un estudio de fotografía y un sistema de música similar al que tenían las mejores discotecas del momento. El establecimiento milanés se convirtió en el principal punto de encuentro de los jóvenes de los setenta. Y es que Fiorucci cambió la historia de la moda italiana. Con sus atrevidos vestidos creció toda una generación de jóvenes pacifistas que preferían el amor a la guerra. Jóvenes que, para el modisto, “revolucionaron el estilo y mejoraron nuestro modo de vida”, porque demostraron que existe “la posibilidad de elegir y de combinar las cosas como se quiera”.

Un verdadero escándalo en la capital de la moda que pronto traspasó fronteras. La expansión internacional llegó pocos años después con su prenda estrella, los pantalones vaqueros femeninos, ajustados y de talle alto para marcar la silueta, que aterrizaron en Londres y Nueva York y desde ahí se dieron a conocer al mundo entero. Su símbolo, dos angelitos, uno rubio y uno moreno, llegaron pronto a América Latina y Japón.

A pesar del éxito internacional, Fiorucci quiso democratizar la moda con sudaderas, camisetas y pantalones vaqueros, con estampados pop en los que llegaron a colarse personajes Disney.

El creador milanés también diseñó alta costura, pero prefirió dedicarse a los diseños más urbanos y decía mirar la calle como fuente de inspiración, para observar lo que ocurre y transformarlo en camisetas, vestidos o zapatos.

Para este diseñador, al que algunos llamaban el Dalí de la contracultura, la calle era una metáfora de la vida. “La moda debe nacer espontánea”, sostenía Fiorucci, defensor de que “la moda no puede separarse de la vida”. Reciclar era una de sus palabras favoritas, aunque no recomendaba copiar estilos, sino buscar el mensaje de un maestro y “crear un estilo propio”. Algo que él mismo aplicó en su carrera tomando inspiración de otros diseñadores, como Jean Paul Gaultier, al que admiraba pero a quien “jamás copiaría una colección”.

Milán, cuna de las creaciones de Fiorucci, despidió a “uno de los embajadores” de la capital lombarda, al que también dio un último adiós el escritor Paulo Coelho, quien en Twitter agradeció su amistad y comentó que ahora serán los ángeles quienes disfruten de su compañía.

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