La Nouvelle Vague de Cartier

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Por Nuala Phillips

La firma presenta su última colección inspirada en el espíritu bohemio de las calles de la capital francesa. Cúpulas, palacios y hasta el río Sena se transforman en sortijas, brazaletes y collares extremadamente lujosos.

Fueron los directores François Truffaut, Jean-Luc Godard o Jacques Rivette, entre otros, los que en la Francia de 1950 se autodefinieron como defensores de la libertad técnica y artística. Rupturistas y sublevados contra las normas preestablecidas por del cine de la época. Rebeldes e inconformistas. Con ellos daba comienzo una nueva era artística en la gran pantalla, pero también se iniciaba una corriente que redefiniría los estándares estéticos y sociales. Hablamos de la mismísima Nouvelle Vague.

Más de 60 años han tenido que pasar para que, con este mismo afán renovador y de reivindicación del estilo propio, Cartier presentase su colección de joyas homónima al movimiento francés. En clave urbanita y con la ciudad de la luz como telón de fondo, la firma lanzaba recientemente Cartier Nouvelle Vague, la que sin duda es una de las apuestas más ambiciosas de la casa hasta la fecha. Apuesta así por nuevos aires que, si bien mantienen la esencia del lujo que caracteriza sus creaciones, se alejan del clasicismo para adentrarse en un universo plenamente contemporáneo, en el que las formas, los volúmenes y los colores inventan un nuevo concepto de sofisticación. Joven, efectista y muy exclusiva.

También fue así la presentación en la que se dio a conocer esta línea. A través de una instalación artística, espejos y proyecciones, la firma creó una atmósfera dinámica y surrealista, en la que, junto a las joyas, el cortometraje promocional rodado en las calles más emblemáticas de París acaparó todas las miradas. Pero volvamos a las auténticas protagonistas, para las que la ciudad se convierte en el argumento perfecto de una cuidada selección de piezas que, por su parte, se nutren sin reparos de su espíritu bohemio y chic.

Sortija. Oro rosa de 18 quilates, engastada con una morganita, 36 espinelas y 24 perlas cultivadas de agua dulce. Precio: 23.000 euros.

Dotando a las piedras y metales preciosos de una nueva interpretación, surgen maxianillos inspirados en las bóvedas del Sacre Coeur, como los diferentes modelos de la sortija Exquisite Delights; brazaletes que recuerdan las estructuras del Grand Palais, como es el caso del Winding City Stroll en oro rosa; colgantes distendidos recrean el desenfado de las noches parisinas (Paris at Night), o incluso dibujos en jade que homenajean el movimiento de las aguas del río Sena.

Igual que hiciera Madamme Jeanne Toussaintcomo gran diseñadora de Cartier en los años 30, los relieves y fantasías desafían normas preestablecidas. Así, junto a los bocetos de aquellos primeros collares Panthère que todavía hoy adornan las paredes de la boutique museo de Cartier en Rue de la Paix, lucen ya las piezas de esta nueva onda, definiendo con ellas un nuevo hito en la historia de Cartier y en la de la alta joyería. Las formas orgánicas se sustituyen ahora por siluetas que emulan estructuras arquitectónicas y conceptos abstractos, más urbanos y jóvenes, pero en definitiva, tan Cartier como siempre. “Nuestra intención en lo que al volumen se refiere es totalmente novedosa”, explica Pierre Rainero, director de Patrimonio de Cartier.

Los materiales empleados también se reinventan y, a los diamantes y zafiros, se unen minerales más inusuales como el jade, la aguamarina o la malaquita. Un abanico cromático puramente primaveral que sin duda marca el ritmo de una joyería de tintes frescos y vanguardistas. Pese a ello, también aquí caben las reminiscencias y se encuentran elementos que recuerdan a la primera edición de la Nouvelle Vague –Cartier lanzó la primera parte de la colección en el año 2013– en creaciones como el collar de perlas y morganita Exquisite Delights, en el que las cuentas de oro, a modo de fuego artificial, adornan su borlacharlestonesca como ya ocurriera con las sortijas dos años antes.

Vuelta a los orígenes

Más allá de las cuentas, el oro adquiere nuevas texturas y tramas en forma de galones, calados, celosías y trenzas, reflejando así la artesanía experta de la casa, que se adapta, sin embargo, a los nuevos tiempos. “Queríamos trabajar el oro como lo hacíamos en los años 40 y 50, usando multitud de cuentas, movimiento y oro martillado, pero creando un efecto completamente distinto”, apunta Rainero. Y junto a esta búsqueda de estilo renovado, también se renuevan las técnicas. “En los 50 nunca hubiésemos podido realizar piezas conducidas por una cuadrícula de alambre de oro que crea un volumen vacío, por entonces habría resultado sólido y demasiado grueso”, aclara el directivo de la firma.

Son precisamente estos volúmenes los que han logrado que las piezas hayan aumentado de tamaño sin caer en el exceso. Pues parte de la magia de la Nouvelle Vague reside en su capacidad de mantener el chic y el espíritu puramente francés.

Cartier promete convertir muchas de estas joyas en auténticos iconos. De hecho, la colección ha sido la más aclamada de la firma en los últimos 15 años, haciendo las delicias de la prensa internacional especializada. La propia Vogue británica definía el lanzamiento de Nouvelle Vague como un punto de inflexión en la historia de la joyería moderna. “La experiencia es comparable a probar un plato de tu chef favorito: las piezas son viejas conocidas del menú Cartier, pero es como si el menú hubiese sido deliciosamente sacudido hasta convertirse en frenética nouvelle-cuisine“, rezaban las líneas del magazine. El siguiente paso consiste en probarlo.

Más información. Cartier.

 

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