Crítica: Indudablemente…..Glorias Argentinas

 

 

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No cabe ninguna duda que este nuevo espectáculo de Tango Porteño le hace honor a su nombre. Nos invita a evocar una época emblemática del tango como lo fueron los ’40 . Un viaje en el tiempo y nuestra identidad en donde Canaro, Fresedo, De Caro, Troilo y Pugliese promueven reconocernos en el  innigualable espacio art deco del cine-teatro Metro. Cada integrante del elenco  se convierte en una precisa pieza de relojería que nos llevan a esos tiempos gloriosos; un piano,siete cuerdas y tres bandoneones componen la Orquesta típica Di Salvo que con su compás nos ayudan a lograr el viaje. Es Juan Carlos Copes quien nos invita con su presencia habitual a abrir el arcón de los recuerdos mientras que Nacha Guevara con su Tita Merello lo logra indiscutiblemente. Es evidente que ha llegado a la escena una verdadera artista, de las que ya no quedan,casi. Cada paso, cada gesto, cada fraseo, es el justo,  el necesario, sin excesos ni escatimaciones. Nacha es Tita, es Evita, es Nacha, es ella con su presencia y no se necesita nada más. El cuerpo de baile acompaña y está a la altura de semejante vara. Con cuadros de los tradicionales y actuales; en dúos, tríos, cuartetos o el cuerpo de baile en su totalidad, le ponen también una lúcida impronta. Cabe destacar uno de los cuadros finales en donde aparecen todas las parejas en una estructura compartimentada vertical que puede simular un edificio de departamentos; las historias de parejas que allí se relatan, acompañada por un exacto juego de luces, lo expresa todo. Claramente la puesta está bien lograda en donde nada desentona, el vestuario, la música, las luces,los tempos de los diferentes cuadros.

El público, mayoritariamente extranjero, me hizo pensar ¡qué lastima que no haya más compatriotas! ¿serà que por no mirarnos y recordar quiénes somos nos pasan algunas cosas? Mi invitacion a que vayan se basa en que mirar para atrás no nos deja en el pasado. Sino que promueve saber mirar hacia adelante y proyectar desde un lugar mejor, el de las propias raíces.

María José Fittipaldi

 

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