Moda

Riccardo Tisci & Naomi Campbell

Naomi Campbell inspira la colección tribal de Riccardo Tisci, el director creativo de Givenchy y uno de los hombres más poderosos de la industria. Un choque de trenes que es pura energía. 
Naomi Campbell y Riccardo Tisci se dan un abrazo de viejos amigos. Él le dice que está muy guapa y ella le besa efusivamente, justo antes de cambiar de actitud y comenzar a posar ante la cámara, dedicando al objetivo su colección de miradas felinas. El diseñador es un incondicional de Naomi Campbell desde que era un adolescente y vivía en el norte de Italia en condiciones de extrema pobreza. En aquella época, cuando no tenía nada, coleccionaba las fotos de Versace con las supermodelos de la década de los 90. Así que, en cuanto ganó peso en la industria y tuvo poder de decisión, llamó a su idolatrada Naomi para las campañas de Givenchy. “Me encanta el trabajo de Riccardo –dice ella, rendida al creador–. Es innovador, joven, fresco y diferente. Hace lo que le da la gana, y cuando le da la gana. No sigue la moda, sino que la crea”. 

En las altas esferas de la industria, los diseñadores cuentan con la influencia y el poder necesarios como para ser determinantes en la carrera de una modelo, y Tisci ha tomado decisiones audaces a la hora de elegir. Encumbró a Lara Stone cuando todo el mundo pensaba que tenía demasiado pecho; colocó a la modelo transexual Lea T en los anuncios de publicidad; y no ha tenido empacho en recurrir a maniquíes negras, asiáticas o latinas, como viene a demostrar la propia Campbell, que añade: “Riccardo siempre ha empleado modelos y diseños de todos los colores. En este sentido, para muchos supone un gran apoyo”. 
De hecho, fue él quien descubrió a la superestrella puertorriqueña Joan Smalls y, en la última campaña, también le ofreció una oportunidad a caras nuevas como Riley M y Asia Chow, junto a la cantante Erykah Badu. “Hago un sinfín de castings para brindarles a esas chicas la opción de convertirse en las mejores modelos del mundo –declara el diseñador–. Estamos seguros de haber avanzado mucho, con nuestro Instagram y nuestro Facebook, pero aún persisten los problemas con respecto a la raza de piel, la sexualidad, la violencia de género y el maltrato infantil”. Y es que Riccardo, dice, no solo quiere vender ropa, sino “un determinado punto de vista”. 

Este tipo de visión es extensible también a los propios diseños de Tisci. Sí, la firma es conocida por esos vestidos de alta costura a 37.000 €, que visten “celebrities” como Rooney Mara, Amanda Seyfried, Beyoncé y Madonna, pero también hay sudaderas de culto, zapatillas de deporte que todos quieren tener y camisetas geniales, a lo que se añade un acuerdo de colaboración con Nike con un único objetivo: llegar, por la vía de los precios populares, a la generación Instagram. “Yo ya no soy tan joven –asegura el creador–, de hecho, este año cumplo los 40. Pero tampoco soy viejo. 

Todavía me gusta salir de fiesta, y sigo yéndome de juerga o a escuchar un DJ en Londres, Berlín, Nueva York, Brasil o Tulum. Allí es donde veo que a las jóvenes generaciones les encanta ir vestidos a la moda, así que para mí es crucial tener esa doble perspectiva: la de la alta costura, por un lado, pero también el punto de vista de la calle”. Incluso ha diseñado un bolso, llamado Rave (Fiesta), que se vende por unos 710 €, muy por debajo de las cuatro cifras que suelen fi gurar en los artículos que llevan su fi rma. “Para una marca de lujo, es importante contar con productos accesibles que ejerzan su fuerza de atracción hacia los clientes jóvenes. La moda es un sueño y debería serlo para cualquiera. Todos tenemos derecho a soñar”. 

Y, precisamente, sueños era lo único con lo que contaba el joven Riccardo Tisci, que se crió con su madre, Emelinda, y sus ocho hermanas en una ciudad industrial cercana a Como, donde acaba de rehabilitar una casa enorme para ellas. Con cuatro años perdió a su padre y, con solo 10, ya había conseguido su primer trabajo como albañil y pintor de brocha gorda. De adolescente, pasaba largas temporadas en casa de su abuela, en el sur de Italia, por la sencilla razón de que allí podían permitirse el lujo de darle de comer. “Salí de la nada y me hice a mí mismo. Vivir en la pobreza te hace comprender que, cada mañana y cada noche, tienes que darle gracias a Dios por todo lo que te ha dado”, reconoce. 

Y lo que Dios le ha dado a Tisci es talento para la moda. A los 17 años diseñaba estampados para Missoni y Paloma Picasso, pero triunfar en Italia era imposible para alguien sin recursos, así que decidió marcharse a Londres, donde hizo todo tipo de trabajos para sobrevivir y no perdonó una noche en la discoteca. Mientras tanto, logró una beca para estudiar en la mítica escuela St. Martins, donde estudiaron Alexander McQuenn, Stella McCartney y John Galliano. Y allí fue donde el joven Ricardo lloró a lágrima viva por las duras críticas de sus profesores, algo que, fi nalmente, le ayudó a reafi rmarse en su determinación para triunfar en el mundo de la moda. 
Después, tras pasar por el taller de Antonio Berardi, lanzó su propio sello, con el que llamó la atención de Louis Vuitton. Así, en 2005, con 31 años, estrenó su cargo en Givenchy(donde, según el entonces presidente, Marco Gobbetti, fue el único candidato que no citó a Audrey Hepburn en la entrevista). Por entonces, Givenchy era una pieza más en el engranaje de LVMH, pero hoy es una supermarca mundial. A Tisci se le han dado los apodos de “hijo de la anarquía” y “príncipe de las tinieblas”, por sus prendas elegantes, aunque también provocadoras e inquietantes, y también por la espectacularidad de sus “shows” donde, según la crítica especializada, laten sentimientos góticos y osadía visual. Naomi Campbell confiesa que siempre le acaban sorprendiendo sus diseños: “La diversidad de su trabajo es fantástica –reconoce–. 
Pasa de unas propuestas de tipo sastre y corte tradicional durante una temporada, a buscar la inspiración en África para la siguiente. Es absolutamente impredecible en todo lo que hace, aunque también hay una línea coherente en su producción porque sus diseños siempre tienen un sentido”. Algo en lo que también coincide su otra amiga y fan, la polémica cantante Courtney Love: “En sus prendas hay una condición rockera intrínseca. Entiende bien la energía masculina de las mujeres. Es capaz de escoger los elementos más extraños entre sí, ponerlos juntos y lograr que la mezcla funcione”, remata Love. 
Para la primavera-verano de 2014, Tisci hizo exactamente eso: favorecer un encontronazo entre la elegancia de una geisha japonesa y la energía tribal africana con el fin de crear algo nuevo. El resultado: chaquetas con mangas de quimono, vestidos que se retuercen en una trenza, pareos de color tierra con recias sandalias planas tachonadas de pedrería. Algo imprevisible, que la crítica defi nió como “étnico hipermoderno” y “visión de África tecno-tribal”. Este sorprendente juego de contrarios puede verse también en el tipo de cliente que compra y viste Givenchy. 
Futbolistas de la liga inglesa y estrellas de hip-hop, como ASAP Rocky, se pelean por sus zapatillas de deporte; sus sudaderas no las llevan solo las “fashion-victims” ; y una legión de urbanitas sofisticadas confía en su corte moderno y sus provocadores accesorios. En eso radica su genio: en su destreza para hallar una estética común que vincule a los grupos más dispares. “El mundo es muy grande; y el mundo de la música, del arte y de la moda también lo son. Pero estoy convencido de que puedes reconocer a una tribu en todo lo que tenemos en común”, comenta sobre ese amplísimo abanico de gustos que abarca Givenchy. Además, crecer en una familia en la que era el único varón hizo que desarrollara su gusto por las mujeres fuertes e intrépidas: “Me encanta la gente que no tiene miedo de luchar por sus derechos y su punto de vista”. 
Tanto es así, que si no te respeta, se negará a vestirte. “No me interesa la belleza de la gente, sino su talento, sus orígenes y su inteligencia”. De Naomi dice que es “puro corazón. Cuando tienes un problema, es la primera en aparecer. La respeto, y admiro que compagine su carrera con la defensa de causas como la lucha contra el racismo”. 
Su mayor elogio es calificar a alguien de “reina”. De la cantante de soul Erykah Badu, protagonista de su última campaña, dice que “representa lo mismo que una reina. Tiene un estilo agresivo y es capaz de mezclar la ropa masculina con la femenina, la alta costura con una sudadera”. Mientras que Madonna, “la reina madre”, encarna en su opinión la fuerza de la mujer; y de Beyoncé asegura que es “una mujer fantástica y muy femenina: dura en el escenario, pero también una esposa y madre maravillosa”. Tisci es también amigo íntimo del rapero (y ahora marido de Kim Kardashian) Kanye West, hasta el punto de que las malas lenguas han llegado a decir que han mantenido una relación
Pero Tisci lo desmiente: “No es cierto. Cuando estoy en apuros, llamo a Kanye y él hace exactamente lo mismo conmigo”. Kim Kardashian (a la que ha diseñado su traje de novia) ha sido una de las últimas en incorporarse al círculo privado del diseñador. “La conocí en calidad de novia de un buen amigo. Quería estar un rato con ella para conocerla mejor y, al momento, caí rendido a sus pies. Es la Marilyn de nuestros días. La gente la ve como si fuera una muñeca, pero es fuerte e inteligente”. 
Algo así como el propio Riccardo Tisci, que además de diseñador de moda, es también un agitador de conciencias y alguien que está utilizando su posición privilegiada para cambiar algunas cosas. Un hombre que no sermonea, sino que predica con el ejemplo. Como la misma Naomi Campbell matiza, “Riccardo es un artista de los de verdad. Y un apasionado de todo lo que hace”. Larga vida al rey Riccardo.

Periodista.Editora marcelafittipaldi.com.ar. Ex-editora Revista Claudia, Revista Telva España, Diario La Nación, Diario Perfil y revistas femeninas de la editorial

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