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El hombre que nos llevará al espacio

El piloto y empresario Harry van Hulten toma la delantera en los viajes suborbitales. A final de año, Space Expedition Corporation llevará a los primeros pasajeros fuera de la atmósfera. El billete cuesta 75.000 euros. Duración del vuelo: una hora.
A Richard Branson y su empresa Virgin Galactic les ha salido un duro competidor en la pugna por poner al primer turista en el espacio: la holandesa Space Expedition Corporation (SXC), que está avanzando a pasos agigantados y con mucho menos ruido para ser la primera en proporcionar vuelos suborbitales. Para finales de este año prevé comenzar con los primeros viajes de prueba y, de seguido, los oficiales. Ya ha vendido 250 billetes, a 75.000 euros cada uno, por menos de una hora a bordo. Habrá cuatro españoles, que se mantienen en el anonimato como el resto del pasaje, exceptuando al cantante irlandés Bob Geldof. Al final de la cola para volar, también están los 24 ganadores de una prueba internacional organizada por el desodorante Axe, entre los que se encuentra un oriundo de Talavera de la Reina (Toledo), Eduardo Lurueña. «Quiero ver el Sol como una bola de gas, los colores de las galaxias, la brillantez de las estrellas», expresaba este profesional de las artes marciales deseando echar ya a volar.

En gran medida, la espera se está haciendo eterna porque Branson lleva anunciando el despegue de sus naves desde ni se sabe. Y, de hecho, este debería haber ocurrido hace dos años… Su oponente en esta carrera espacial es de carácter más discreto y prudente. El piloto holandés Harry van Hulten (Ámsterdam, 1968), fundador de SXC junto a su compatriota Michiel Mol, no da la sensación de querer vender la moto –o la nave en este caso–, y eso hace confiar más en sus posibilidades. Tiene también a su favor que no solo ve negocio en los vuelos para turistas. Para él, alcanzar el espacio es un sueño acariciado desde pequeño. Y rebosa motivación.
Con 2.600 horas de vuelo en un F-16 y varias operaciones para la OTAN en su currículo, Van Hulten era de esos niños que tenía las paredes de su cuarto cubiertas de pósters con aviones, naves espaciales y constelaciones. A los 14 años hizo sus primeros pinitos en aviación ligera y, en cuanto alcanzó la mayoría de edad, se licenció en la Academia Militar de Breda y comenzó a formarse en el pilotaje de cazas. Su gran frustración es que le cogió demasiado joven una primera convocatoria de la Agencia Europea Espacial para reclutar astronautas, y en la siguiente ya era demasiado viejo. Así que la única alternativa que le quedaba para viajar más allá de la atmósfera, por encima de los 100 kilómetros de altitud, era montárselo por su cuenta.
Van Hulten pasó por Barcelona hace unos días para presentar el primer punto de información turística de su empresa, ubicado en el centro comercial L’Illa Diagonal junto a una réplica de la nave The Lynx Mark II con sus mismas dimensiones: ocho metros de largo por siete de ancho. Su envergadura no pareció impresionar a los presentes. «Las cápsulas Apolo tampoco eran muy grandes; lo era el cohete que las puso en órbita. Para llegar al espacio el tamaño no importa», justificaba el holandés. Dentro del aparato de SXC solo estarán el piloto y un pasajero, mientras que Virgin llevará a dos tripulantes y seis turistas espaciales. «Nuestra opción resulta más íntima, pero lo bueno es que aún estamos empezando y ya hay una oferta diferente donde elegir».
A los mandos. El empresario y piloto llevará a los primeros pasajeros fuera de la atmósfera a final de año.

Fase de pruebas

Otra diferencia es que la Virgin Galacticnecesitará una nave nodriza para despegar, mientras que The Lynx lo hará por sí sola, bastándole una pista convencional de 2,5 kilómetros. Esto explica que Branson haya tenido que pedir a Norman Foster que le construya un aeródromo en el desierto de Estados Unidos y que Van Hulten se haya podido permitir el lujo de elegir como base de operaciones Curazao, un minúsculo territorio autónomo de los Países Bajos pegado al litoral venezolano. En la isla caribeña todo son ventajas, empezando por sus playas y hoteles, que incitarán a que familiares y amigos acompañen al turista espacial; el público objetivo de SXC se incluye en un segmento que ante todo busca confort. «Hicimos la primera prospección en 2008 y tuvimos clara la dimensión turística del proyecto», apunta Van Hulten, quien desde el inicio asumió el papel de hombre de negocios, si bien siempre será un militar poco amigo de improvisar.
Curazao, además, no tiene mucho tráfico aéreo, asegura el buen tiempo –volar de noche o con tormenta no es posible– y su densidad poblacional es baja. «Siempre puede cundir el pánico al vernos hacer pruebas en pleno cielo, por muchas garantías que demos. Por eso, es mejor buscar zonas donde alteres poco la vida a la gente y donde se consigan los permisos con más facilidad», afirma Van Hulten. Otra cuestión nada baladí es la proximidad de la isla al Ecuador. A 12º Norte, por lo que se beneficia de una mayor fuerza de rotación de la Tierra. Las naves espaciales despegan siempre lo más próximo posible a la línea horizontal que divide el planeta: los norteamericanos, en Camp David, y los franceses, en la Guyana. Rusos y chinos no tienen más remedio que alejarse un poco. La empresa SXC dispone actualmente de un aparato de pruebas, con el que se pretende alcanzar los 60 kilómetros de altitud en otoño. Mientras, fabrica The Lynx Mark II, con cuatro propulsores en popa que se podrán encender y apagar a antojo del piloto, lo que le aportará una capacidad de maniobrabilidad asombrosa. También impresiona su prevista longevidad: capaz de completar 5.000 vuelos, cuando los actuales aparatos espaciales se tiran tras usarlos. «Es como si construyes un jumbo para volar a Tokio y al aterrizar lo mandas al desguace», pone de ejemplo Van Hulten. Además, podrá volar cuatro veces al día. Una vez que aterrice y se reposte con queroseno y oxígeno líquido, solo faltará hacerle la revisión pertinente para iniciar otra misión.
La clave del diseño de esta nave es la flexibilidad: para moverse libremente por el espacio, para usar casi cualquier aeropuerto e incluso para que la trasladen fácilmente de un sitio a otro. Con las alas plegadas entra en un Boeing 747, algo muy importante en un primer estadio del proyecto porque también está previsto utilizar para los vuelos espaciales el aeropuerto de Mojave, entre Los Ángeles y Las Vegas. Otra baza turística.
La experiencia comienza con un despegue en el que se experimenta una aceleración similar a la que se produce en un caza o un Fórmula 1. El ascenso será inmediato y vertical, rompiéndose la barrera del sonido en solo un minuto. Desde ese momento, las vistas serán espectaculares, todo ello a una velocidad de Mach 2.9, que los F-16 logran en raras ocasiones. A unos 60 kilómetros de altitud, el piloto parará los motores e iniciará el vuelo parabólico hasta los 103 kilómetros (los 100 marcan el techo de la atmósfera).
Vuelo suborbital. The Lynx Mark II solo necesita una pista de 2,5 km para despegar; para volver a casa planea. La duración del viaje es de una hora.

Vuelo suborbital. The Lynx Mark II solo necesita una pista de 2,5 km para despegar; para volver a casa planea. La duración del viaje es de una hora.
Se experimentará la ingravidez y el cielo estará completamente oscuro, lo que facilitará ver con nitidez las estrellas, el Sol y la Tierra. Tras permanecer de cinco a seis minutos en el espacio, The Lynxcomenzará el descenso. Con el fin de reducir su velocidad, ejecutará una maniobra de arranque que durará entre 10 y 20 segundos durante los cuales se experimenta una fuerza gravitacional cuatro veces superior a la normal (es decir, una sensación de peso abrumadora). Tras un vuelo en planeo de 40 minutos, el turista espacial aterrizará después de una hora.
P.¿No es muy poco tiempo para una experiencia tan especial? R.Suficiente, porque resulta muy intensa. Cuando las cosas se aceleran, el cuerpo libera adrenalina, que nos hace estar más alerta de lo que sucede alrededor. Es como si vieras una película a cámara lenta, en la que disfrutas de cada instante.
P.¿Durante esos cinco minutos en el espacio te limitas a mirar? R. Al traspasar el límite de la atmósfera, el pasajero podrá pedir al piloto que ponga la nave en la dirección que quiera, para observar el Sol, su constelación favorita, la Tierra, los planetas… Todo. Tiene que ser maravilloso. Si la salida es desde Curazao, creemos que se podrá ver desde Panamá hasta la Guyana francesa y desde Cuba hasta el norte de Brasil.
P.Pensaba que desde allí arriba la Tierra se vería más pequeña. R. Para que tenga la dimensión de un dedo, hay que alejarse 400 kilómetros.
P.¿Admiten fotos? Por hacer un selfie. R. Sí, pero no hará falta. La nave tendrá cuatro cámaras HD cubriendo todos los ángulos, incluida una mirando al pasajero. Así que tendráselfies de cada instante del trayecto. Están ahí porque el principal objetivo es que se relaje y disfrute del espectáculo.
P.¿Y se permitirá toquetear los mandos? R. Depende. Si el pasajero se toma el entrenamiento en serio y participa activamente en el proceso, quizá sí. Queremos que se sientan más como copilotos que como turistas. Los dos llevan un traje de oxígeno como el de los astronautas. Es una medida extra de seguridad, porque, al igual que sucede en los vuelos comerciales, hay presurización de cabina.
El entrenamiento consiste en entrar en un simulador de vuelo, ubicado en Holanda, que genera las fuerzas gravitacionales que se experimentarán en el aire, o bien volar en un jet de entrenamiento que despega de Estados Unidos. Aparte, basta con encontrarse en un estado de forma «aceptable y tomárselo en serio». Para Van Hulten la experiencia no es un mero divertimento. Durante la presentación del vuelo, uno de los primeros argumentos que esgrimió es la capacidad del Lynx Mark II para llevar a cabo experimentos científicos. En su opinión, allí arriba están algunas soluciones a nuestros grandes problemas, tanto de obtención de energía como de otros recursos, como alimentos.
Además, el piloto quiere aprovechar la cercanía de la base de Curazao al Ecuador para posicionarse en otra carrera que se avecina: la revolución del transporte aéreo con los vuelos orbitales. «Ahora, para dar la vuelta a la Tierra, se necesitan larguísimas horas de vuelo y mucho combustible por la resistencia del aire. Cuando sales al espacio, puedes completarla en una hora y media, y sin energía, con lo que tampoco contaminas. Claro que para desarrollar estos vuelos necesitamos controlar esa fuerza de rotación de la Tierra, que es máxima en su mitad y nula en los polos». Pero cada cosa a su tiempo. De momento, necesita que Estados Unidos le otorgue un visado para seguir con su propio entrenamiento para convertirse en astronauta, la gran fantasía de su infancia. Como la de tantos.

Más información. www.spacexc.com

Periodista.Editora marcelafittipaldi.com.ar. Ex-editora Revista Claudia, Revista Telva España, Diario La Nación, Diario Perfil y revistas femeninas de la editorial

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