Moda

Un joven creador se enamora de icono pop

Rihanna lleva look total de Balmain
Foto: Álvaro Beamud Cortés

    Son pocos los desfiles que despiertan tanta expectación como el último de Balmain. El reloj marca las 13:00 horas del jueves 27 de febrero. Faltan dos horas para que Rousteing presente su colección y, a las puertas del Ayuntamiento de París, se reproduce la misma escena que a la entrada del hotel Mandarin Oriental, donde se aloja Rihanna (imagen de la campaña p-v 2014). Los fans se agolpan para ver y, con suerte, conseguir una foto de su ídolo. El equipo de S Moda se abre paso entre ellos para acceder al backstage y preparar el set donde vamos a fotografiar la portada de este número. No hay una hora concreta. La fugaz sesión se adaptará a la agenda de la artista, que –según responsables de la agencia KCD– «está llegando». Sin embargo, pasa el tiempo y sigue sin aparecer. «Está en el taxi», nos advierten. Son las 15:30 horas. Hace ya 30 minutos que el desfile debería haber empezado. Prensa y compradores ocupan sus asientos. «¿Por qué se está retrasando tanto?», murmura alguien. Entre bambalinas, todo está preparado… O casi todo. «Está en medio de un atasco», anuncian. Pero el espectáculo debe continuar, con o sin ella. Y por fin la modelo Jourdan Dunn abre la pasarela.
    Media hora después, el desfile ya ha terminado, los bancos se han vaciado, los invitados han salido del backstage –tras felicitar a Olivier– y las modelos corren camino de su próximo compromiso cuando, de repente, Rihanna entra por la puerta, protegida por guardaespaldas y bajo una nube de flashes, cámaras de televisión y teléfonos inteligentes. «Madonna inspiró a Gaultier en los años 90 y Lulu de la Falaise a Saint Laurent [a finales de los 60]. Mi musa es Rihanna», nos dice Rousteing en su despacho una semana después.
    Balmain
    Rihanna con look total de Balmain.
    Foto: Álvaro Beamud Cortés
    ¿Cómo surgió la colaboración con la cantante? 
    Coincidiendo con su actuación en París, se pasó por el estudio, empezó a probarse ropa y nos pusimos a charlar. Le dije que su música me inspira y que me fascina cómo hace suyas las prendas que lleva. Me pareció una chica increíble. Hasta tal punto que le dije: «Me gustas tú más que Rihanna». La noche siguiente fui a su concierto y aluciné. No solo por la puesta en escena, sino también por el público. Impresiona ver a un millón de personas cantando sus temas; ¡para un francés, cantar en inglés no es fácil! Ella es la nueva Madonna. Seguimos en contacto y, hace tres o cuatro meses, le escribí: «He soñado que salías en mi campaña». Ella me contestó al instante desde Australia: «Sería un honor».
    Además de un éxito viral, porque ella tiene muchos seguidores en Instagram. 
    Cuando salió del estudio, instragrameó una foto mostrando nuestra pequeña historia a nada más y nada menos que 11 millones de personas [12.269,463 al cierre de esta edición]. Es una gran comunicadora. Tanto en el cara cara como a través de las redes sociales. No voy a negar que estoy enganchado a Instagram, pero no entiendo por qué, cuando eres un diseñador, la gente te imagina como una especie de criatura extraña, que se oculta en su castillo y no habla con nadie. No es así como yo lo veo. Diseñar hoy implica networking. Y en eso la industria de la música va por delante. Por esa razón para mí es importante mostrar el otro lado de la moda. Porque detrás del creador, detrás de las modelos y detrás del bling bling hay un chico de carne y hueso: tengo 28 años.
    El 15 de noviembre de 1957, Yves Saint Laurent fue nombrado diseñador jefe de Dior; tenía 21 años. Usted tenía 25 cuando, el 28 de abril de 2011, asumió la dirección creativa de Balmain. ¿Le sorprendió?
    No lo esperaba. No era famoso y tenía menos de 40 años, algo que, en esta industria, más allá de que fuera francés, suponía un gran cambio. Por muchas razones. Por mi edad, por mi trayectoria e incluso por el color de mi piel. Pero a veces la moda rompe las reglas.
    Balmain
    Olivier Rousteing: «Mi generación entiende la moda como un fast-food. Un día se lleva una tendencia y, al día siguiente, se desecha».
    Su estudio tampoco es convencional… 
    Muchos empezaron en Balmain de becarios y son muy jóvenes. Es gente que viene de todo el mundo. Mi mano derecha es de Puerto Rico, mi asistente es de Grecia, otros son de Dinamarca o de Japón… Algo que para mí es importante, porque hoy la moda habla de mezcla y diversidad.
    Una idea que se refleja también en el casting de su desfile. Había muchas modelos de color.
    ¡Ocho! No es lo normal (todavía), pero lo será. Dentro de dos, tres, cinco o quizá 10 años.
    De cerca, sus diseños para Balmain parecen piezas de costura. Joyas tejidas a mano que impresionan por su artesanía (y por el precio de la etiqueta).
    Soy francés, y Francia es sinónimo de calidad, lujo y moda atemporal. Detrás del bling bling se aprecia el oficio de manos artesanas que han dedicado hasta tres semanas a la confección de un único vestido. Son creaciones que rinden tributo al legado de Pierre Balmain y Oscar de la Renta. Pero del mismo modo que sueño con crear vestidos de 25.000 euros, también esbozo chaquetas sastre que en la tienda cuestan 1.000 euros. Me gusta que exista ese equilibrio. No quiero hacer un desfile de alta costura. Es prêt-à-porter.
    La primera decisión que adoptó al tomar las riendas de la maison fue prescindir de la ayuda de una estilista para el desfile [su predecesor, Christophe Decarnin, había trabajado siempre con Emmanuelle Alt, hoy directora de Vogue París].
    Los estilistas unas veces ayudan a construir el concepto de la colección y otras alteran la visión del creador. Era mi primer show. Si la crítica iba a liquidarme, quería que lo hiciera por una decisión que había tomado yo. Mi generación tiene mucho que decir; y quería hacerlo a mi manera.
    Balmain
    Chaqueta de pata de gallo con incrustaciones de cuero (4.600 €) y falda (1.700 €), ambos de p-v 2014; y cinturón de la precolección (1.490 €). Todo de Balmain.
    Foto: Camilla Armbrust
    ¿Lee todo lo que escriben sobre usted?
    ¡Claro! Y no es fácil. Porque detrás de cada colección hay un equipo. No son solo vestidos, es un negocio. Tienes que vender. Y cuando lees una mala crítica, piensas: «Ojalá no afecte a las ventas». Como diseñador, creces el día que entiendes que tu visión puede gustar o no, pero que lo importante es sentirte orgulloso.
    España inventó el lowcost. ¿Qué le parece ver su colección reinterpretada por el gran consumo?
    Me gusta pasar por un escaparate de Zara o H&M y ver piezas de Balmain, con otras de Céline o Saint Laurent. Mi generación entiende la moda como un fast-food. Un día se lleva una tendencia y, al día siguiente, se desecha. Todo va muy rápido.
    Antes de entrar en Balmain, trabajó junto a Cavalli. ¿Qué aprendió? 
    Que todo es posible. En Italia la moda funciona como un imperio. Quizá sea muy comercial, pero si quieres un estampado, en dos horas puedes tenerlo en seda; y si necesitas un bordado, sabes que en 24 horas estará en tu mesa. La gente viaja a la India ida y vuelta en un día para comprar tejidos. Da igual lo que pidas, puedes conseguirlo… y llegar a tiempo.
    En Francia la moda tiene otro ritmo, ¿no?
    Los plazos son cortos y no puedes introducir demasiadas modificaciones. Para llegar a tiempo cuando diseñas cinco colecciones, debes tener muy claro, desde el principio, lo que quieres. Se prioriza la calidad.
    Balmain
    Vestido con volantes de tul y strass sobre base de seda (22.000 €), cinturón de encaje y cadenas doradas (1.450 €) y botas (980 €). Todo de la colección p-v 2014 de Balmain.
    Foto: Camilla Armbrust
    ¿Reciben muchas peticiones especiales?
    A todas horas. De Hong Kong, Londres, Brasil… Hace poco estuve en Asia y pude conocer a algunas de las mujeres que compran vestidos por 25.000 euros.
    ¿Qué le sorprendió?
    Su estilo de vida. Porque algunos editores me dicen que tengo que proponer colecciones más «reales». Pero olvidan que existen muchas realidades más allá de vivir en Nueva York y tener que ir a la oficina. Y Balmain toca esas realidades alternativas. Mujeres que tienen avión privado y una noche vuelan a otra ciudad para ir a una fiesta.
    Hoy Nicolas Ghesquière ha debutado en Louis Vuitton. ¿Qué le ha parecido?
    Era mi icono cuando estudiaba; y me alegra que esté de nuevo en activo. En esta colección, ha trabajado mucho los complementos. Me gusta cómo ha jugado con el lenguaje comercial. Porque en este circuito todos sabemos que salió de Balenciaga porque no era «demasiado comercial».
    Balmain
    Vestido drapeado de seda de la colección p-v 2014 resort (6.630 €), cinturón de piel de cordero de la precolección (1.490 €) y botas jaula de strass (1.900 €) de p-v 2014 resort. Todo de Balmain.
    Foto: Camilla Armbrust
    Balmain
    Jersey de seda (1.100 €), falda bordada de rejilla de strass sobre base de organza (15.000 €), cinturón (1.450 €) y brazaletes de latón (620 €). Todo de la colección p-v 2014 de Balmain.
    Foto: Camilla Armbrust

    Periodista.Editora marcelafittipaldi.com.ar. Ex-editora Revista Claudia, Revista Telva España, Diario La Nación, Diario Perfil y revistas femeninas de la editorial

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