Moda

La moda adoptó a Jarrod Scott

Un día, Jarrod Scott (Melbourne, 1989) salió a la calle y un señor de aspecto perfectamente respetable le soltó: “Oye, yo a ti te he visto en pelotas”. Dice que le sentó mal. “La mayoría de gente no es así, pero a veces te sientes como un trozo de carne”, se lamenta el modelo, sentado en un ruidoso café de la Bastilla a la hora del almuerzo. Ver a un ex jugador de fútbol australiano sorbiendo una soupe à l’oignon–ese plato que los expatriados suelen pedir como política de integración, pese a que la última vez que se vio en un hogar francés debió de ser en 1956– produce un efecto parecido a observar a Edith Piaf sobre una tabla de surf. Entre cucharada y cucharada, Jarrod cuenta que cuando ese espontáneo se le acercó fue poco después de que protagonizara la sesión de portada de Vogue Hommes International, una de las ediciones masculinas de la cabecera, fotografiada por Sølve Sundsbø, en la que aparecía en paños menores, que terminó de convertirle en uno de los modelos que cuentan en el panorama actual. “Causó bastante polémica. En Australia me criticaron por escandaloso. En un talk show incluso dijeron que era asqueroso. Y que yo era demasiado feo para estar en esa portada”, dice, algo dolido. ¿Lo vio en directo? “No. Me lo contaron y lo busqué en Internet. Y entonces vi que quienes me criticaban eran gente que no estaba nada en forma y no parecían contentos con su aspecto. Pero decidí no responderles. Bueno, menos ahora”. A ratos, a Jarrod Scott se le olvida que hay una grabadora sobre la mesa.

Jarrod Scott lleva chaqueta de ante azul de Ermenegildo Zegna Couture, chaqueta de Dries van Noten y camiseta Emporio Armani / CHUS ANTÓN
Dice que, para ser modelo, uno debe tener bastante valor. “Ante todo, porque nadie cree que sea un trabajo de verdad. Y después, porque se asume que tenemos una gran autoestima, pero en realidad no es así. Y es normal que no lo sea: te ponen delante de los focos, te desnudan y te convierten en objeto de las fantasías y de las críticas de los demás. Tienes que ser fuerte para llevarlo bien”, afirma. “Siempre hay gente aburrida o envidiosa dispuesta a amargarte el día”. ¿Cómo pasa uno de jugar a futbol australiano a nivel semiprofesional a convertirse en el modelo más buscado del momento? Dice que todo empezó durante un viaje a Filipinas con su exnovia. Lo dejaron durante el viaje y se encontró sin dinero para volver a casa. “Un fotógrafo me propuso hacer unas fotos. Me pasé semanas trabajando hasta que me pude pagar el billete de vuelta”, recuerda.
Hace solo dos años, Jarrod todavía jugaba en la liga nacional de fútbol australiano por unos cien euros a la semana. Le llamaron para una campaña en París y pidió permiso a su entrenador para que le dejara ausentarse durante una semana. Jean Paul Gaultier le acababa de elegir como el nuevo marinero –Querelle de Brest visto por Tom of Finland– que encarna a su perfume Le Male. Jarrod nunca volvió a casa. Desde entonces, ha protagonizado campañas para Martin Margiela, Hugo Boss, H&M, Giorgio Armani o Jimmy Choo (es el contraplano masculino a Nicole Kidman en la última campaña de la marca). Es menos frecuente verle desfilar sobre una pasarela. Dice que sus proporciones, descomunales respecto al canon andrógino que sigue imperando hoy (Scott pesa 95 kilos y dedica una hora al gimnasio cada día), no convencen a todo el mundo. “Al principio, muchos se asustaban un poco. Y lo siguen haciendo, cosa que entiendo. A mí nunca me ha supuesto un problema. Muchos de los modelos a quienes admiro, como David Gandy y Tony Ward, también son tíos grandes y masculinos”.

De ritos iniciáticos y frustraciones

En su nuevo oficio, Jarrod Scott ha detectado el peligro del ensimismamiento. “Cuando todo gira en torno a tu imagen, corres el riesgo de convertirte en un narcisista”, sostiene. “Debes tener siempre presente que las imágenes de estudio son tramposas, porque la iluminación siempre te favorece. El resultado es una versión mejorada de ti mismo”, dice con una mezcla de candor y cinismo. Podría ser falsa modestia, aunque no lo parece. “Así me han educado a mí. En el instituto me di cuenta de que gustaba a mucha gente, pero entendí que eso no justificaba que me convirtiera en un gilipollas”.

El modelo australiano, con chaqueta de Dries van Noten, polo Dior Homme y pantalón Emporio Armani / CHUS ANTÓN
Creció cerca de Melbourne, en una familia monoparental encabezada por una madre soltera, maestra de primaria, que crío a tres hijos. “Ahora la mimo mucho, porque se lo merece. El otro día le regalé un crucero por Micronesia y una cama nueva”. De pequeño estaba obsesionado por los réptiles y quería ser biólogo marino. Después se convirtió a la religión del deporte, rito de iniciación por el que los muchachos australianos se hacen hombres. “Crecí queriendo convertirme en profesional. Era lo que más me gustaba en el mundo. Lo curioso es que ahora el deporte ya no me interesa”, sostiene. “Durante estos dos años en París he descubierto cosas más interesantes que pasarme todo el año pegado a la tele viendo a tíos corriendo detrás de una pelota”.
Entre esas nuevas aficiones figuran los viajes, el diseño de interiores y la interpretación. Su próximo reto consiste en pasarse al cine. “Ser modelo puede acabar siendo frustrante. Es algo que no me llena. No es tan divertido como debe de serlo una película”, apunta. “Me encantaría hacer de asesino o de villano”.
Fotografía de Chus Antón / Realización de Nono Vázquez / Peluquería y maquillaje: Cyril Nesmon @ Backstage Agency / Asistente de fotografía: Gregory Clavijo / Asistente de estilismo: Olga Gil Ventura / Jarrod Scott @ New Madison

Periodista.Editora marcelafittipaldi.com.ar. Ex-editora Revista Claudia, Revista Telva España, Diario La Nación, Diario Perfil y revistas femeninas de la editorial

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