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El piano de medio millón de euros

Bösendorfer, la fábrica de pianos más antigua de Europa, construye el mejor del mundo en su fábrica, a 60 kilómetros de Viena. Bautizado como Opus No.50.000, es un instrumento único. Está recubierto de nogal francés y arce, tallado a mano y presenta adornos de oro. Incluye más de 8.000 piezas y tiene un precio de 550.000 euros.
Con motivo de sus 185 años de existencia, Bösendorfer, la vienesa fabricante de pianos más antigua de Europa, ha construido el mejor piano del mundo, al que ha llamado Opus No.50.000.
Hecho a mano. Tres de los 60 artesanos que trabajanmanualmente en la fábrica austriaca.

Hecho a mano. Tres de los 60 artesanos que trabajanmanualmente en la fábrica austriaca.
El Grand Piano número 50.000, cuyo proceso de fabricación ha durado un año y que incluye más de 8.000 piezas, tiene un estilo neoclásico inspirado en dos instrumentos anteriores diseñados en 1867 para la Exposición Universal de París, uno del arquitecto danés Theophil Hansen y otro de Anton Grosser que incluía unas cariátides de oro similares a las del Musikverein (Viena).
Este opulento piano de cola de 92 teclas está recubierto de nogal francés y arce. Tallado a mano y adornado con cariátides de oro envejecido, ha sido recubierto interiormente de oro. Su diseño está tomado del modelo 225 de la marca austriaca, pero labrado con fina marquetería distintiva que confirma su singularidad. “Solo existe un Bösendorfer Opus No.50.000 y será de quien pague por él 550.000 euros”, explica Hans Muff, técnico jefe de la firma.
Traspasar las puertas de la fábrica, en Wiener Neustadt, a unos 60 kilómetros de Viena, es retrotraerse en el tiempo casi dos siglos y recuperar el ralentizado ritmo con el que se hacían las obras de arte en el imperio de los Habsburgo. Porque más que instrumentos, “cada uno de los pianos que construimos es una pieza única y completamente artesanal”, señala Muff.
Desde que Ignaz Bösendorfer (1796-1859) fundara la compañía en 1828 en Viena, la forma de producir los considerados mejores pianos del mundo no ha variado. Se construyen completamente a mano y cada uno de ellos puede tardar en estar terminado entre seis meses y un año. En la fábrica cada técnico realiza varias tareas distintas en la preparación de una pieza concreta y la dispone para que la siguiente persona continúe el proceso de construcción, teniendo en cuenta siempre las características de los materiales usados.
La entrañas de una joya. Modelos y patrones para elaborar algunas de las más de 8.000 piezas y los ajustes entre ellas que arman el Opus No. 50.000.

La entrañas de una joya. Modelos y patrones para elaborar algunas de las más de 8.000 piezas y los ajustes entre ellas que arman el Opus No. 50.000.
“El trabajo que desempeñan los empleados de producción es muy laborioso: pieza a pieza, desde la caja de resonancia a las cuerdas, desde el arpa cromática, hasta las teclas y los macillos. Todo. Todo lo fabricamos de forma completamente artesanal”, explica Muff mientras señala las distintas zonas de la fábrica, con amplios espacios sanatorio donde enormes tablas de madera de roble, abeto, haya, nogal, peral, arce o tilo procedente de los bosques austriacos descansan apiladas, perdiendo la humedad. “Las secamos al aire libre durante años. Podríamos hacerlo con una máquina, más rápido, pero la calidad y resonancia de la caja no sería igual”, puntualiza.
Con esa filosofía artesanal, la empresa no habría podido mantenerse a flote soportando las pérdidas de la última década, de no haber sido comprada en 2008 por el gigante japonés de los instrumentos, Yamaha. Junto a Brian Kemble y Sabine Grubmüller como managing directors, han rehabilitado la compañía con el compromiso de respetar el proceso de fabricación que la define desde 1828. “Ignaz Bösendorfer y su hijo Ludwig tuvieron la visión de hacer los mejores instrumentos, tomara el tiempo que tomase”, explicaba hace unos días Kemble en Viena, durante el concierto de celebración del 185 aniversario. “Fueron reconocidísimos maestros artesanos vieneses quienes diseñaron e incorporaron los principios de la caja de resonancia en un piano y usaron los materiales de más alta calidad, todos producidos en Austria. En una época en la que las empresas se enorgullecen de sus producciones en masa, nosotros seguimos construyendo instrumentos tal y como los fundadores los hicieron y somos fieles al sonido vienés de nuestros pianos, un sonido que toca el alma”.

Periodista.Editora marcelafittipaldi.com.ar. Ex-editora Revista Claudia, Revista Telva España, Diario La Nación, Diario Perfil y revistas femeninas de la editorial

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