Entre Nosotros por Marcela Fittipaldi


Los tres expertos

El monarca era padre de una bellísima y encantadora joven que llamaba la atención por su delicadeza y sensibilidad. Muchos anhelaban ser pretendientes de la princesa, máxime cuando esta alcanzó la edad suficiente para contraer matrimonio. Aunque jóvenes con muchas capacidades y talentos solicitaban su mano, el rey quería alguien muy singular para su deliciosa hija. Se enteró de que había tres hombres con especiales habilidades. Entonces el monarca decidió convocarlos e interrogarles sobre sus capacidades.

-Vamos a ver- dijo el monarca-. Quiero que cada uno me hagáis saber en que sois los mejores expertos. Tú mismo –agregó dirigiéndose a uno de los hombres-, ¿por qué destacas?

Nada especial- dijo el joven, humildemente- sucede tan solo que cuando se pierde algo: puedo intuir dónde encontrarlo. Poca cosa, majestad.

¿Y tú? –preguntó el monarca a otro de los hombres.
Mirando despectivamente al joven que ya había expresado su capacidad, dijo con arrogancia: Soy un arquero fabuloso. El mejor arquero, señor, porque puedo apuntar a cualquier cosa, por lejana que esté, y mi flecha se clavará certeramente en ella.
¿Y tú? – preguntó el monarca al tercer hombre.
Yo tengo una capacidad muy especial, majestad, muy especial –dijo muy ufano de si mismo-, y no es que pretenda subestimar las cualidades de mis compañeros. Soy un escultor tan perfecto que puedo tallar caballos en madera y lograr que cobren vida y puedan galopar hacia cualquier sitio.
            En verdad que los tres individuos eran notables, se dijo el monarca. Cualquiera sería oportuno para su hija. Decidió, punto por punto, contar a la princesa la entrevista mantenida con los tres pretendientes y le pidió que eligiera a uno de ellos.
¡OH, padre, no sé! Déjame que lo piense esta noche y mañana te daré mi decisión.
Al clarear el día, el monarca se dirigió a la cámara de la princesa. Estupefacto comprobó que no estaba en su cuarto. Comenzaron a buscarla en la corte, pero no aparecía por ningún sitio. El monarca estaba desolado. ¿Qué había sucedido con su hija? Hizo llamar urgentemente a los tres expertos y preguntó al que tenía la habilidad de encontrar lo perdido:
-¿Dónde está mi hija, buen hombre?
Vuestra hija majestad, está con los duendes. 

Está en el reino etéreo de los duendes y su rey no la deja regresar.

El rey, dirigiéndose al hombre que podía convertir caballos de madera en vivientes, le ordenó:

Talla  un caballo y que sea muy veloz.
El escultor dio vida al caballo de madera. El rey se dirigió al tercer pretendiente y le dijo:
Monta sobre el caballo, galopa al reino de los duendes y mata con tu extraordinaria habilidad al rey de los duendes y trae a mi hija.
Sobre el veloz corcel, el arquero se dirigió al reino de los duendes y desde mucha distancia disparó su flecha e hirió de muerte al rey de los duendes, para luego traer en su montura a la hermosa princesa.
El rey se sentía muy feliz. Dijo dirigiéndose a la princesa:
Hija, ¿a quien eliges por marido?
La princesa entrañable como era dijo:
Estos tres hombres me han salvado la vida. Uno ha sabido donde estaba secuestrada; otro ha dado vida a un rápido corcel para llegar al reino de los espíritus, y el otro, con su excepcional habilidad de arquero, ha matado al monarca de los espíritus. Los tres tienen gran mérito, pero hay uno de ellos que tiene un mérito extra y es con quien me desposaré. Elijo al joven que intuye dónde están las cosas que se pierden.
¿Por qué?- preguntaron casi al unísono el monarca y los otros dos pretendientes intrigados.
Porque el hombre que elijo para marido, padre –repuso la princesa-, tiene el mérito extra de ser humilde.


A menudo las mejores habilidades del ser humano quedan mancilladas 
por el exceso de ego y vanidad. 
Una persona con talento y humilde de corazón, tiene doble talento y
además, no es sierva de su codicioso, arrogante e ilimitado ego.

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