El último ‘pin’ del viajero


Una de las terrazas del hotel, con espectaculares vistas.
Con una población de apenas 800.000 habitantes e históricamente aislado del resto del mundo, Bután se ha convertido en uno de los destinos más exclusivos. “Para muchos viajeros, es el último pin de su colección”, dice Jorge Monje, responsable del lanzamiento del segundo hotel de la cadena Como en la tierra del dragón, que es como llaman sus habitantes al país. Hecho el trabajo, a este vallisoletano le encomendaron ponerse al frente de otro establecimiento en Bangkok. Atrás están dos años en los que se quedó irremisiblemente enamorado del último reino budista del Himalaya. “Pensé que me encontraba dentro de uno de los cuentos con los que crecí y soñaba de niño”, afirma. Monje puede pasarse horas alabando Bután: “La naturaleza es extraordinaria y la gama cromática, con colores que cambian de estación a estación, lo convierten en un paraíso fotográfico en cualquier época del año. Sus tradiciones, telas, arquitectura, festivales y ceremonias son parte integral de este mundo de color. Hay espiritualidad y serenidad. Y su gente es la más amable y hospitalaria que he conocido”. Todo se conserva intacto porque se pone el máximo celo en que no se corrompa por influencia foránea. Hasta 1973, el número de extranjeros que habían cruzado sus fronteras no superaba los 300; y todavía hoy se mantiene un férreo control del número de visitantes, 7.000 al año y que pagan una tasa mínima de 100 dólares al día (78 €). “El turismo se basa en la alta calidad y el bajo impacto de las visitas. Entronca con la política gubernamental basada en la ‘felicidad interior bruta’” El primer hotel de Como, el Uma Paro, a 2.350 m de altitud, está cerca del único aeropuerto internacional del país. Allí Monje dirigía un equipo de 160 personas, en su mayoría locales, para un total de 29 habitaciones y villas donde se combina con exquisitez y sutileza el confort occidental y la serena atmósfera de Bután, acompañado de una excepcional oferta wellness. El recién estrenado Uma Punakha, algo más pequeño –11 dormitorios–, se asienta en un valle a 1.100 m que goza de un saludable clima tropical. “Tiene la mejor ubicación del país, con vistas de las montañas y el río Mo, que pasa a sus pies y cuyo origen está en los glaciares de Lunana”, explica.
Bután es un paraíso natural con un cuidado extraordinario de sus riquezas ambientales.

Hasta el traslado de la capital a Thimphu en 1961, Punakha era la sede del Gobierno, además de centro religioso. El hotel se encuentra a las afueras. Para hacerse una idea de su remotísima posición, basta con que Monje describa algunas de las dificultades que se encontraron durante su construcción: «La carretera de acceso, un camino de montaña, estaba en obras y cortada la mayor parte del tiempo. Para evitar largas esperas, nos desplazábamos en un jet boat todos los días, 12 km río arriba y río abajo. La gente local se agolpaba en las orillas para vernos pasar, ya que nunca habían visto nada similar. Lo disfrutamos mucho, pero se decidió que el bote era ilegal: atentaba contra uno de los cuatro pilares de la ‘felicidad interior bruta’: la protección del medio ambiente».
En virtud de ese último principio, también hubo problemas para conseguir madera, a pesar de que tres cuartas partes del país son bosque. El celo en este apartado es tal, que la Constitución proclama que en ningún caso esta proporción podrá bajar del 60%. Estas dificultades y muchas otras hicieron que la fecha de apertura del Hotel Como Punakha se retrasara unos meses. «Al verlo, todas las dificultades se olvidan», indica Monje.Enclave perfecto. Combinado con Paro y la visita a la capital Thimphu, que se erige a medio camino, es el destino perfecto para aquellos que no disponen de más de siete u ocho días para visitar Bután. A pocos metros se levanta el que es probablemente, al menos para Monje, el dzong (fortaleza y monasterio) más bonito del país. El 13 de octubre de 2011 fue el escenario de la boda de su majestad Jigme Khesar Namgyel Wangchuk con la reina Jetsum Pema. «Además de su belleza arquitectónica y de su valor religioso y espiritual, si tenemos la suerte de visitarlo en primavera, veremos las jacarandas que presiden su fachada principal en flor, tiñendo todo de un intenso color púrpura. El escenario es casi ficticio, más cercano a una amañada composición fotográfica que a la impresionante realidad que tenemos ante los ojos», describe Monje. Para el experto, las mejores épocas del año para visitar Bután son octubre y noviembre o marzo y abril, «con un clima más benigno, libre de monzones y con la celebración de fiestas tradicionales únicas en el mundo».
Más info: Habitación doble deluxe desde 400 euros. Villas para cuatro personas, 800 euros. En ambos casos se incluye el desayuno. Tel.:+975 827 15 97. www.comohotels.com

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