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Miedos Nocturnos Infantiles. ¡No Apagues la Luz, Mamá!

Estos temores suelen presentarse a partir de los dos años de edad, cuando el pequeño comienza a tener más imaginación. Y son tan habituales que, entre los tres y cinco años, afectan al 33% de los niños. La oscuridad les asusta, creen ver en ella monstruos, y es complicado hacer que se vayan a dormir sin montar un numerito. Esta etapa forma parte de su desarrollo psicológico, pero nosotros podemos ayudarles a perder el miedo. Un experto nos explica cómo.
Estos miedos forman parte de su desarrollo psicológico y van evolucionando con la edad, tal y como nos explica Javier Méndez Carrillo, catedrático de Psicología de la Universidad de Murcia y autor de varios libros sobre los temores en la infancia: “A un menor de cuatro años se le mueve la cortina de la habitación y ve unos ojos escondidos, o un monstruo en lugar de un peluche; escucha el ulular del viento y se asusta. A medida que va siendo mayor (seis, siete y ocho años), se va dando cuenta de que los seres fantásticos no existen y sus terrores empiezan a debilitarse y a desaparecer”. Si a partir de los nueve siguen presentes, hay que plantearse acudir a un especialista, “aunque no conviene esperar a esa edad si son muy acusados e interfieren en su desarrollo”, aclara.
Potenciar su valentía. Hay muchas cosas que los padres podemos hacer para ayudarles a superar el pánico, empezando por potenciar su valentía. Debemos evitar contarles cuentos en los que las cosas malas suceden en la oscuridad: niños que se pierden de noche en el bosque, ogros que viven en profundas cuevas, vampiros que se aparecen al anochecer… “Aunque las pidan, hay que rehuir las historias de miedo. También debemos estar pendientes de que no vean películas o dibujos de este tipo y de no pegarles sustos que estén asociados con la oscuridad”, afirma el especialista. Pero, sobre todo, hay que evitar sobreprotegerlos. “El miedo se va enfrentándose a él, es decir, durmiendo solo… y a oscuras. Pero hay que preparar la situación”. Al principio, podemos dejarle alguna ayuda: una luz de emergencia, una radio, la linterna. Llegará un momento en que, por su propio desarrollo, terminará por no acordarse de encender ninguna lámpara.
Diversión a oscuras. Practicar juegos como la gallinita ciega, el escondite o las sombras chinescas, o contar cuentos en la penumbra, “ayuda a que el pequeño asocie la oscuridad a experiencias positivas, estímulos e incentivos”, resalta Javier Méndez. Para contribuir a crear ese clima favorable, es recomendable que, cuando el niño nos llame porque ha tenido una pesadilla, no le encendamos la luz. “Si le tranquilizamos de esta forma, terminará asociando oscuridad-pesadilla-miedo frente a luz-mamá-seguridad. Es mejor calmarle en penumbra, para que no relacione las luces con la protección”, recomienda.
Según el psicólogo Javier Méndez, los miedos evolutivos son saludables porque permiten aprender, aunque para el 5%  de los niños se convierten en fobias e interfieren en su desarrollo.
Pequeños rituales que ayudan. El peor momento para un niño miedoso es la hora de acostarse, por eso es bueno hacer cada día lo mismo para ir introduciéndole en el sueño. Ayuda mucho un ambiente relajado y seguir una rutina antes de irse a la cama: vaso de leche, cepillado de dientes, pipí y un cuento o nana, que al final tiene que ser cada vez más lento y pausado. Un peluche que vigile su sueño, una pequeña luz de emergencia o una puerta entornada son formas adecuadas de ir acostumbrándole a sentirse cómodo en la oscuridad. “Pero no debemos obligarle, ni tampoco hay que llevarle entre algodones, porque al final lo que hace fuertes a los pequeños, como a los adultos, es enfrentarse a los problemas de la vida”, afirma Javier Méndez.

Periodista.Editora marcelafittipaldi.com.ar. Ex-editora Revista Claudia, Revista Telva España, Diario La Nación, Diario Perfil y revistas femeninas de la editorial

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