Entre Nosotros por Marcela Fittipaldi

Empuja la vaquita
Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre por lo que decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas, también de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias.
Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes -una pareja con tres hijos-, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas sin calzado. Entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia, y le pregunto:
-En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, 
¿como hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?
 El señor calmadamente respondió:
-Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada y más para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.
El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento. Luego se despidió y se fue.
A mitad del camino,  giró hacia su fiel discípulo y le ordenó:
-Busque la vaquita, llévela al precipicio de allí enfrente y empújela al barranco.
El joven espantado vio al maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Pero como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujo la vaquita por el precipicio y la vio morir. 
Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante algunos años.
Un día el joven agobiado por la culpa, resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar para contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo pero a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con un carro en el garaje de tremenda casa y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste, desesperado, imaginando que aquella humilde familia hubiera tenido que vender  el terreno para sobrevivir. Aceleró el paso y al llegar allí, fue recibido por un señor muy simpático. El joven preguntó por la familia que vivía allí hacía cuatro años atrás. El señor respondió que seguían viviendo allí. Espantado el joven entró corriendo a la casa confirmando que era la misma familia que visitó hacía algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor  -el dueño de la vaquita-:
-¿Como hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?
El señor entusiasmado le respondió:
-Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió. 
A partir de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. 
Así alcanzamos el éxito que usted está viendo ahora.


Todos nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona de algo básico  para nuestra supervivencia la que nos lleva a convivir con la rutina. Nos hace dependientes y el mundo se reduce a lo que la vaquita nos brinda, desconociendo todas nuestras riquezas interiores que podemos desarrollar si nos animamos a cambiar esa rutina.

No le temamos a los nuevos desafíos que nos presenta la vida, tal vez sea la oportunidad que nos ofrece para sacar a “nuestra vaquita” del lugar para así poder seguir creciendo, disfrutando y reconocer de todo lo que somos capaces de luchar.


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