Entre Nosotros por Marcela Fittipaldi


Un cachorro muy orgulloso
  
Era verano en un pequeño pueblo llamado Blue -sí, como azul en inglés-. Ahí, en una casita de madera de la calle Capricornio vivía junto a sus dueños un bonito perrito pastor alemán de pura raza.
Rex era un cachorro joven pero bien grandecito, de pelo largo y revoltoso de color marrón con manchas negras, los ojos eran como su pelo ¡y al darle el sol se le ponían más bonitos aún!, su boca era grande y sus colmillos perfectos (parecía que los tenía de porcelana…) Pero no todo en él era tan precioso… a veces tenía las uñas sucias por jugar en la tierra. Rex era también un perrito muy orgulloso…
 Como era verano, en Blue hacía mucho sol y muchísima calor, tanta que parecía que la carretera se estuviese derritiendo como si de una tableta de chocolate en pleno desierto se tratase. Si había una cosa que Rex odiara era salir a pasear con tanto sol.
 Era un poco vago… le gustaba meterse en su casita de madera y no salir de ahí en todo el día. Su dueña estaba un poco preocupada, porque cuando era un perrito bebé, a Rex le encantaba pasear por la playa y hacerse amigo de los otros perritos, pero ya no. Se quedaba casi todo el día a la sombra de su casita de madera, donde dormía, comía, y bebía nada más y nada menos que… ¡¡Coca Cola Zero!!
La culpa de que tomase refrescos en vez de agua… era de Karmy, la perrita cocker de la vecina. Era la única amiga de Rex. A ella le encantaba beber gaseosas bajas en azúcar. Era una perrita que cuidaba mucho su aspecto y un poco presumida y orgullosa también.
 Una noche, Karmy fue a visitar a su amigo Rex y le ladró:
 —¡Hola amiguito Rex! ¿Te puedo decir una cosa sin que te moleste?—
 —¡¡¡Holaaaaaaaa Karmy!!!—  Rex se alegró mucho porque era la única amiga que tenía.
 —Pues… creo que deberías dejar de tomar tanta Cola o salir más a pasear!—
 —¡¡¡Pero si fuiste tú la que me la dio de tomar la primera vez!!!— le contestó de mala manera Rex. —¡¡¡VETE DE MI CASA PERRITA PRESUMIDA!!!— le gritó.
 Y la pobre Karmy, apenada se marchó y no volvió a visitar a Rex nunca más…
 En ese mismo momento el pastor alemán se arrepintió de como había tratado a su amiga:
 —Lo siento mucho perrita—, pensó Rex. —Creí que te reías de mí por no salir a pasear nunca y ser un cachorro grandecito…— Pero al ser un gran perro pastor alemán, su orgullo le impidió decirle a Karmy que lo sentía mucho y que volviesen a ser amigos. Y así, el pobre Rex se quedó triste tomando su Coca Cola, pensando en Karmy…
A veces tenemos que medir nuestras palabras y también nuestro tono de voz. 
Podemos ponernos nerviosos y contestar mal a un amigo que no nos estaba haciendo ningún mal. 
Tenemos que controlar nuestros impulsos. Y lo más importante: si nos damos cuenta de nuestro error no tenemos que tener ni orgullo ni miedo por pedir perdón.

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