Centenario de Gran Central Station: próxima estacion… fama, cine y espectáculo

Cuando se inauguró, en 1913, Grand Central se convirtió en la terminal ferroviaria más grande y lujosa. A la dcha., el reloj de la fachada, realizado con cristal de Tiffany. Foto: Gtres.

Fred Astaire baja del 20th Century Limited, el tren que le ha traído desde Chicago hasta Nueva York. Se coloca su ‘canotier’ ligeramente inclinado hacia la derecha, como a él le gustaba, y comienza a recorrer con pasos rítmicos el andén que le lleva hasta la sala de espera, a la vez que con su voz nasal y apagada entona ‘By Myself’. 
Por primera vez, el technicolor iluminaba la estación Grand Central, escenario de esta secuencia de ‘Melodías de Broadway’, dirigida por Vicente Minelli en 1953. Hasta entonces, el espléndido edificio levantado en el corazón de Manhattan había quedado difuminado por el vaporoso blanco y negro de las otras películas que habían buscado allí el entorno romántico para muchas de sus estrellas: Shirley Temple, Ginger Rogers, Jennifer Jones… O Marion Davies y Bing Crosby, protagonistas de ‘Amores en Hollywood’ (1933), primer filme que se rodó en esa extraordinaria muestra de la ingeniería del siglo XX, por entonces ya un símbolo de la ostentosa modernidad de Nueva York. 
Un lugar adecuado para instalar, en su tercer piso, los estudios de radio y televisión de la CBS desde los que Groucho Marx y Bob Hope, entre otros, entretuvieron a todo el país. Desde luego, Grand Central no se había ideado solo como infraestructura innovadora; fue una declaración de intenciones de la ciudad que pretendía llegar a ser la capital del mundo. 

Cuando se inauguró, en febrero de 1913, hace ahora cien años, se convirtió en la terminal ferroviaria más grande y lujosa nunca construida. No se reparó en gastos: el reloj que corona la fachada principal es la mayor obra realizada con cristal de Tiffany; la escalera que domina el gran vestíbulo se diseñó a imitación de la de la Ópera de París; el techo abovedado es un mural astronómico que representa el cielo del Mediterráneo, en el que trabajaron 50 pintores; y el reloj que adorna el punto de información ha sido valorado por la casa Sotheby’s en unos nueve millones de euros. No era un edificio, sino una creación artística por la que, como si se tratara de Park Avenue o Sunset Boulevard, hacían acto de presencia celebridades y millonarios antes de acceder a sus vagones de primera clase.

‘La habitación del beso’

Para preservar la privacidad de algunos de ellos, se construyó un pasaje secreto en la plataforma 61, que conectaba con un ascensor para acceder al hotel Waldorf Astoria, alojamiento habitual de los ilustres visitantes de Nueva York y situado a unos cientos de metros de la estación. Hay constancia de que el presidente Roosevelt lo utilizó. No fue el único: estrellas como Marilyn Monroe pudieron así evitar a la prensa en algunas visitas. 
También como servicio VIP, Grand Central habilitó la Sala Biltmore, un andén con zona de espera privada a donde llegaban los trenes que transportaban a los personajes más conocidos. Allí los esperaban sus parejas. Por eso terminó conociéndose como The Kissing Room (La habitación del beso). 
El expreso 20th Century Limited, que unía Nueva York y Chicago, era la línea más exclusiva del servicio ferroviario y solía llegar a la Sala Biltmore, aunque el vagón del que desciende Astaire en ‘Melodías de Broadway’ se había situado en el anden 34. En esta plataforma, se realizaron casi todas las secuencias de las películas rodadas en Grand Central en las que los protagonistas llegan o se marchan en un tren. La razón es que era de las pocas que no contaba con columnas que pudieran dificultar los planos. 

En la escena de Astaire, además se aprecia una alfombra roja sobre la que camina el actor, un detalle exclusivo que se ofrecía a los pasajeros de ese tren y que algunos historiadores de la lengua inglesa señalan como origen de la expresión ‘un tratamiento de alfombra roja’. 


En sus primeros 50 años, este coloso neoyorkino ya había demostrado su poder de seducción sobre la industria cinematográfica. Alfred Hitchcock fue más allá. Al británico le fascinaba su arquitectura, y vio en la terminal el escenario ideal para una de las secuencias más recordadas de Con la muerte en los talones: la huida de Cary Grant perseguido por la policía. En tres tomas largas recorre el vestíbulo, atestado de extras. 

Entonces representó un hito técnico dada la dificultad de los movimientos de cámara, además de un desafío para los productores que pelearon por los permisos para cerrar el edificio principal durante horas. Grand Central ya podía considerarse como parte de la historia del cine, aunque después su currículo se ha ido engrosando con muchas otras producciones que la han utilizado como decorado: allí encuentra Robin Williams a la mujer de sus sueños en ‘El Rey Pescador’; sobre uno de sus andenes, Al Pacino cae muerto a tiros durante la última secuencia de ‘Carlito’s Way’; toda una comunidad de alienígenas vive dentro de una taquilla para equipaje en ‘Men in Black II’I; Russell Brand cierra la estación para una cena íntima en ‘Arthur’; y los dibujantes de DreamWorks estudiaron durante meses la estación para reproducirla en ‘Madagascar’. 

La lista es casi interminable (‘Supermán’, ‘Cotton Club’, ‘Huida a medianoche’, ‘El coleccionista de huesos’, ‘Revolutionary Road’…), hasta culminar, por ahora, con ‘Los Vengadores’, cuento de superhéroes en el que el edificio vuela en pedazos por culpa de unos extraterrestres con escaso sentido de la historia y la arquitectura. El mismo defecto que demostró el grupo de empresas que a finales de los 50 intentó cerrar la terminal para convertirla en una zona comercial. 

Hubo otro intento de demolición en los 70, bendecido por el ayuntamiento de Nueva York, para hacer un complejo hotelero. Jackie Onassis lo impidió poniendo en juego sus influencias y encabezó una campaña que llevó el caso a los tribunales. La batalla legal concluyó con la calificación del edificio como monumento nacional. 

«Mi madre siempre se preocupó por los vecinos de Grand Central, por sus familias y sus artistas»afirmó Caroline Kennedy durante el acto de celebración, hace unos días, del centenario de la terminal. La acompañó Cynthia Nixon, actriz de Sexo en Nueva York: «Grand Central es todo lo que Nueva York es. Grande, ruidosa, funcional y disfuncional, multitudinaria…, pero también, algo que solemos olvidar: muy hermosa».

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