Moda

Una Mirada al Milán Fashion Week

El desfile de Dolce&Gabbana estuvo marcado por las imágenes religiosas y la influencia bizantina.© Gtresonline


Una explosión en rojo puso punto final al desfile de Dolce & Gabbana.- Para Marni, Bottega Veneta y Jil Sander, la felicidad está en los abrigos

«Come a little bit closer baby

Put it on, put it on
Because tonight is the night
When 2 become 1…»
Sonaban las Spice Girls mientras esperábamos a que empezara Dolce & Gabbana. Su sede, el antiguo cine Metropol, esta vez no estaba decorado con guirnaldas, lámparas de araña o pantallas que mostraran lo que ocurría en el backstage. ¿Sería la colección una bofetada de pop años noventa, después de tantas temporadas sicilianas?
No. Domenico y Stefano siguen instalados en Sicilia solo que, esta vez, en vez de bajar a la playa o pasear por el pueblo, han preferido quedarse en la iglesia. Inspirados por los mosaicos de la catedral de Monreale, han construido una colección alrededor de ellos: en el desfile las imágenes religiosas aparecían bordadas con pedrería sobre vestidos trapecio, o estampadas sobre mini bolsos que colgaban con alegría. La influencia bizantina se fundía sin problema con los abrigos años cincuenta, el encaje y la gran final en rojo. Una modelo, vestida con uno de sus trajes de corte couture, llevaba una corona de reina románica y a ninguno nos pareció extraño.



Los diseños de abrigos de Marni, Bottega Veneta y Jil Sander

Se trata de encontrar la fórmula adecuadaChanel creó su propio léxico con la chaqueta de tweed, la camelia y las perlas y Dolce & Gabbana van en esa dirección repitiendo la estructura de sus desfiles cada temporada. Para Bottega Veneta, en cambio, haber emprendedido el camino opuesto le ha resultado enormemente rentable. Su diseñador, Tomas Maier sabe hacer esa alquimia que consiste en ser comercial sin parecerlo en absoluto (no hay logos, no hay brillos, no hay escotes) y, en 2012, la firma, perteneciente al supergrupo PPR,superó los mil millones de dólares de ingresos. Así que esos pétalos de crepé técnico que cubrían los primeros abrigos, o los pliegues origami que aparecieron más tarde, más que un riesgo, son una buena jugada.
«¿Las colecciones están más lujosas, verdad?», comentaba alguien en la presentación deaccesorios de Bulgari. Puede ser, pero para los que esperaran un Milán según el tópico –vistoso, curvilíneo y con un punto hortera–, el final de esta semana ha debido de ser decepcionante. La ola de frío quitaba las ganas hasta de tomar el aperitivo y la única revolución posible, por lo tanto, tenía que ser de franela. O cómo llamar si no a loschaquetones escultóricos, inspirados por las curvas de Oscar Niemeyer, de Jil Sander; todo un salto cualitativo en su segunda colección para su propia marca. O a la vuelta deConsuelo Castiglioni a a las raíces peleteras de Marni. Buscando replicar la alquimia maier, ambas han apostado todo a las prendas de abrigo con volúmenes y patronajes inesperados. La misión parecía clara: equilibrar lo conceptual con lo lujoso y resultar inteligibles. El domingo, el espectador más importante del desfile de Marni era Renzo Rosso, capo de Diesel y su nuevo socio capitalista. Y nadie quiere asustar a su banquero.

Periodista.Editora marcelafittipaldi.com.ar. Ex-editora Revista Claudia, Revista Telva España, Diario La Nación, Diario Perfil y revistas femeninas de la editorial

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