Entre nosotros por Marcela Fittipaldi


Una vez hubo un grupo de ranas que viajaban por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo. Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo. Cuando vieron cuan hondo era, les dijeron a las dos ranas en el fondo que se debían dar por muertas. Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles. Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió. Ella se desplomó y murió. La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. Una vez más, la multitud le gritó que dejara de sufrir y simplemente se dispusiera a morir. Pero la rana saltó cada vez con más fuerza hasta que finalmente salió del hoyo. Cuando salió, las otras ranas le preguntaron: 

– ¿No escuchaste lo que te decíamos? 

La rana les explicó que era sorda. 

Ella pensó que las demás la estaban animando a esforzarse más y salir del hoyo.


Un cuento que nos habla del poder de la palabra, tanto de vida como de muerte. Una de aliento compartida a alguien que se siente desanimado puede ayudar a levantarlo y finalizar el día. Una destructiva a alguien desanimado puede ser que acabe por destruírlo. Por eso tengamos en cuenta que una palabra dicha puede colaborar para que alguien siga en la lucha en medio de tiempos difíciles. Tengamos cuidado con lo que decimos. Pero sobre todo, con lo que escuchamos; no siempre es bueno prestar atención a lo que nos dicen. Escuchemos y utilicemos sólo lo que es bueno.
Hablemos de vida, de alegría, de esperanza, a todos aquellos que se cruzan en nuestro camino. Ese es el poder de las palabras…..a veces es difícil comprender que una palabra de ánimo pueda hacer tanto bien.

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