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Despedida del Papa Benedicto XVI: «No vuelvo a la vida privada ni abandono la cruz»

Benedicto XVI «abraza a la Iglesia de todo el mundo» y confiesa que su corazón «está lleno de gratitud».



En la audiencia más conmovedora de todo el Pontificado, Benedicto XVI anunció a los fieles que «no regreso a la vida privada, a una vida de viajes, encuentros recepciones, etc. No abandono la cruz sino que permanezco de un modo nuevo junto al Señor Crucificado».
En su último acto público, iniciado con un recorrido en «papamóvil» para que todos los fieles pudiesen verle de cerca, Benedicto XVI afirmó que a partir de la noche del jueves «dejaré de llevar la potestad de gobierno, pero permanezco en el entorno de san Pedro con el servicio de la plegaria».
Sereno y sonriente, el Santo Padre reconoció haber tenido momentos «de gloria y de luz» y momentos «de aguas agitadas y viento contrari» a lo largo de estos casi ocho años, «pero en ningún momento me he sentido solo». El Papa estaba tranquilo, pero, entre el público, muchas mejillas se llenaban de lágrimas.
En el momento de la despedida, Benedicto XVI manifestó sentir «una gran confianza, porque sé, porque sabemos todos, que la Palabra de verdad del Evangelio es la fuerza de la Iglesia».
El Papa agradeció la ayuda recibida de los cardenales de todo el mundo y de la Curia vaticana, así como la ayuda de los embajadores, y también de los periodistas.
Agradeció también las cartas recibidas estas dos semanas, subrayando que, además de mensajes de jefes de Estado y personajes importantes, ha recibido muchos de fieles corrientes «que me escriben como hermanos y hermanas, como hijos e hijas, con el sentido de una relación familiar muy afectuosa».
Su última lección de eclesiología fue comentar que en esas cartas y mensajes de personas sencillas«se puede tocar lo que es la Iglesia: no es una organización, no es una asociación para fines religiosos o humanitarios, sino un cuerpo vivo, una comunión de hermanos y hermanas en el Cuerpo de Jesucristo».
El Papa reiteró que ha dado el paso de renunciar «en la plena conciencia de su gravedad y de su novedad, pero también con una profunda serenidad de ánimo», pues «amar a la Iglesia significa tener la valentía de tomar decisiones difíciles, dolorosas, teniendo siempre delante el bien de la Iglesia y no el propio».
Sus últimas palabras en la catequesis en italiano fueron una súplica de plegarias a los fieles que abarrotaban la plaza de San Pedro: «Os pido que me recordéis delante de Dios y, sobre todo, que recéis por los cardenales llamados a una tarea muy relevante y por el nuevo Sucesor del Apóstol Pedro. Que el Señor lo acompañe con la luz y la fuerza de su Espíritu».

Periodista.Editora marcelafittipaldi.com.ar. Ex-editora Revista Claudia, Revista Telva España, Diario La Nación, Diario Perfil y revistas femeninas de la editorial

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