Editorial


Acabo de leer este poema de autor anónimo y me parece ideal para compartir:

Un lugar digno de ser conocido: Potrerillos, en Mendoza
Cuando el corazón se canse de sufrir
y la voluntad de batallar
y el alma de esperar…
date una tregua
También las hojas cabecean ante el sopor del sol,
y la lumbre se hace brasa,
 y las estrellas se ocultan,
y los pájaros se duermen
y el paisaje se desvanece
No pares el motor de tu vida
….dale  una tregua.
No para desistir
sino para reponerte
No para claudicar
sino para reparar fuerzas.
No para quedarte parado
sino para revisar detrás de tu horizonte
y a empezar a configurarte
y a planear detrás de la tregua.
El agobio es un polvo que asfixia;
la fatiga una niebla que ciega;
 las tensiones,
un estirar que explota;
 la falta de tiempo un desasosiego
que acelera;
 los contratiempos diarios,
 pequeños impactos que enervan.
Cuando se acumule mucho
sobre tus nervios y tu resistencia,…
Date una tregua…
pero no desistas, no te amargues,
no te destruyas;
aunque cueste seguir en pie,
date una tregua;
pero vuelve a crecer, vuelve a cosechar,
vuelve luchar,
vuelve a la brega diaria.
Pero sin sombra en el espíritu,
 sin flaquezas en el ánimo,
sin desfallecimiento en el corazón.
Si tienes capacidad para el amor,
gratitud en el alma;
voluntad para servir,
 alcance en la inteligencia…
de TI mismo brotará la recuperación;
Y mas allá de las fronteras que vives ahora,
verás florecer de nuevo tu vida
 levantarse de nuevo tu árbol
y agigantarse de nuevo tu figura.

¿Lo llevamos a la práctica? Marcela Fittipaldi

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